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| 2/2/2008 12:00:00 AM

Toda una carga

Aunque sigue siendo un hombre muy popular entre los demócratas, el ex presidente Bill Clinton le está causando más daños que beneficios a la campaña de su esposa Hillary.

Apocas horas del llamado supermartes de este 5 de febrero, día en el que se llevan a cabo caucus y elecciones primarias en casi la mitad de Estados Unidos para que demócratas y republicanos escojan sus candidatos presidenciales, la opinión pública empieza a preguntarse si, más que favorecerla, Bill Clinton está perjudicando la campaña de su esposa Hillary. Todo se debe a la agresividad con la que el ex presidente se ha despachado en las últimas semanas contra Barack Obama, el senador de Illinois con el que la senadora lucha a brazo partido por la candidatura demócrata. Esta agresividad le puede salir muy cara a Hillary no sólo por el rechazo de miles de votantes, sino por la grave denuncia que publicó contra Bill Clinton en primera plana The New York Times el jueves pasado.

El primero de los ataques en serie que le ha lanzado Clinton a Obama se produjo el 7 de enero, cuatro días después de la apabullante derrota de Hillary a manos del senador en los caucus de Iowa. Ocurrió en una pequeña manifestación en Dartmouth College antes de las primarias de New Hampshire. Un joven le preguntó a Clinton por la oposición que desde un principio mostró Obama a la guerra de Irak. El ex presidente, rojo de la furia y consciente de que su esposa apoyó en el Senado la invasión, le contestó que eso era un "cuento de hadas" tejido por la prensa. Los noticieros repitieron las imágenes, pero el asunto no pasó a mayores: sólo 24 horas después Hillary triunfó inesperadamente en esas primarias.

El tema se volvió a calentar cuando la ex primera dama hizo dos comentarios sobre la comunidad afroamericana. Hillary recordó que su marido había sido bautizado por la escritora Toni Morrison como "el primer presidente negro de Estados Unidos". Luego minimizó la cruzada antirracista de Martin Luther King al decir que, de no haber sido por el presidente demócrata Lyndon Johnson, los objetivos de King jamás se habrían logrado. La comunidad negra no tardó en pasarle la cuenta. El 29 de enero, en las primarias de Carolina del Sur, donde la mitad de los votantes eran afroamericanos, Obama aplastó a Hillary con el 55 por ciento de los votos, frente al 27 de la candidata.

Pero, ¿cuál ha sido en plata blanca para Hillary el resultado de estas salidas de su esposo? Para algunos, las apariciones de Clinton son comprensibles. "Bill Clinton fue un gran presidente, es muy admirado por miles de demócratas y es lógico que, como cualquier marido, esté defendiendo a su esposa. Además, habría que preguntarse lo contrario. ¿No sería extraño que estuviera guardando silencio en esta campaña?", le dijo a SEMANA Bill Danvers, profesor de The George Washington University.

Danvers tiene razón. Pero también es verdad que Clinton ha perjudicado la campaña de su esposa. Pese a que su popularidad entre los demócratas es del 79 por ciento y de que cuatro de cada 10 miembros lo prefieren activo, un sondeo publicado por el diario especializado The Politico afirma que el porcentaje de quienes quieren que Bill se margine se ha duplicado. En un artículo en el Financial Times escrito en el Foro Económico Mundial en Davos, John Gapper señaló sobre Clinton que "los votantes empiezan a verlo no como a un filántropo por encima de los partidos sino como a un radical rojo de la ira cada vez que habla de Obama", por lo cual su imagen se verá afectada una vez pase la campaña.

Quizá la respuesta más dura a la actitud del ex presidente con Obama tuvo lugar el lunes pasado, cuando el senador de Illinois recibió la adhesión más importante: la del clan Kennedy. Fue en un acto en el Bender Arena de la American University en Washington, cuando el senador Edward Kennedy respondió las acusaciones de falta de liderazgo y experiencia que los Clinton le enrostran a Obama. "Estoy orgulloso de acompañar aquí y de ofrecer mi ayuda, mi voz y mi energía para que Barack Obama sea el próximo presidente. Él está preparado para gobernar desde el primer día", dijo.

Semejantes palabras valen oro, sobre todo sumadas a la columna en The New York Times de Caroline Kennedy, la hija de John F. Kennedy, en la que afirmó haber encontrado en Obama un "líder tan inspirador como dicen que fue mi padre". Edward Kennedy es uno de los dos senadores más experimentados del país y se le tiene como emblema del ala liberal del Partido Demócrata. Su voz es muy escuchada entre los hispanos, una de las comunidades en las que Obama carece de apoyo.

Para empeorar las cosas, tres días después el mismo periódico denunció que en septiembre de 2005 Bill Clinton aterrizó en Kazajistán a bordo del avión privado del multimillonario canadiense Frank Giustra, que servía de anfitrión. Los dos fueron recibidos por el presidente Nusultan Nazarbayev, que con 17 años en el poder ha sido muy cuestionado por las ONG de derechos humanos. Lo curioso es que, sólo 72 horas más tarde, su gobierno aprobó venderle a Giustra tres enormes yacimientos de uranio. Giustra desde entonces, le ha donado 131 millones de dólares a la fundación Bill Clinton.

Salvo que el escándalo tome vuelo, nada está perdido para Hillary. Según las encuestas, ella vencerá a Obama en el supermartes, cuando votan 24 de los 50 estados del país. En California, el que más delegados elige a la convención nacional del partido, Hillary podría alcanzar el 49 por ciento contra el 32, y en Nueva York el 56 por ciento contra el 28, según el Times. La ex primera dama sueña con el respaldo de los seguidores de John Edwards, que el miércoles pasado se retiró de la carrera. Obama está en las mismas: cortejando al antiguo senador de Carolina del Norte.

La presencia de Bill Clinton en la campaña también ha causado reacciones entre los republicanos. Una de ellas fue la del ex gobernador Mitt Romney, que compite con el senador John McCain en ese bando. El 24 de enero, jugando con el recuerdo del escándalo de Monica Lewinsky, y pensando en una presidencia de Hillary, Romney anotó: "No puedo imaginar qué pasaría si volvemos a tener a Bill Clinton, esta vez sin nada que hacer, en la Casa Blanca".
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