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| 8/26/1996 12:00:00 AM

A TODA COSTA

El gobierno español se la juega toda en busca de la paz: zanahoria y garrote para con ETA.

Despues de tantos años de franquismo todo lo que huele a excesivo control estatal en la vida de los españoles es fuertemente rechazado por la opinión. Sin embargo la semana pasada ésta recibió sin mayores protestas la presentación de un proyecto de ley que regulará la instalación de cámaras de video en el País Vasco para combatir la violencia callejera. ¿Qué ha pasado en este país para que los ciudadanos acepten que los filmen en cada esquina sin elevar un airado reclamo? La respuesta es sencilla: cansancio. "Lo que la gente está diciendo es basta ya de impunidad", dijo a SEMANA la socióloga vasca Ainoa Urrutikotxea. En su frase resumió el rechazo público al vandalismo que cotidianamente siembran decenas de jóvenes ante la policía sin que ésta después tenga elementos para juzgarlos. Son adolescentes que se agrupan en los denominados kas y jarrai que dan con cada bomba molotov sus primeros pasos para después entrar a la organización separatista ETA. El gobierno de José María Aznar fue hábil porque anunció el proyecto cuando más irritación había entre la población por la serie de atentados iniciada hace un mes y que hasta ahora ha cobrado más de medio centenar de heridos. En efecto, ETA anunció a finales de junio una tregua de una semana, interpretada como una prueba para medir la solidez de la alianza política contra el terrorismo llamada el pacto de Toledo. Durante los siete días de calma todos los dirigentes expresaron su apoyo al gobierno en esta materia porque consideran que a ETA no le interesa el diálogo sino que su único lenguaje es matar para imponer sus ideas independentistas. Ante esta respuesta ETA volvió a las bombas. Un comando itinerante inició un periplo de horror por la comunidad de Andalucía, donde tres millones de turistas recién llegaban. Los terroristas se hicieron sentir en las milenarias Jaén, Granada, Córdoba y Málaga. Las autoridades creen que el mismo comando subió hasta la Costa Brava e hizo explotar una bomba en el aeropuerto de Reus, Barcelona, en la noche del sábado 20 de julio, con saldo de 30 personas heridas. Aznar aprovechó la indignación popular y ordenó agilizar el proyecto que, aunque debe hacer trámite normal hasta principios de septiembre cuando pasen las vacaciones de verano, ya goza de un ambiente propicio entre muchos sectores. Pero al mismo tiempo el gobierno siguió mostrando la zanahoria en su lucha contra ETA, y no cualquier zanahoria. Se trata del anuncio del traslado de 50 presos de ETA hacia cárceles cercanas al País Vasco, una de las mayores exigencias de la organización desde hace una década cuando el entonces presidente Felipe González los dispersó. Aunque al final el regreso se aplicó sólo parcialmente, el mensaje era claro: "Si realmente buscan el diálogo, éste es posible". ETA, sin embargo, quedó tan desconcertada que volvió a disparar. "Además de asesinos son unos mentirosos" decían, entre tanto, en las tertulias matinales, programas de radio de altísima audiencia. Si ETA proponía una tregua, debería ser ratificada con la liberación de Jaime Ortega Lara, un funcionario de prisiones que lleva meses secuestrado como chantaje al gobierno. Al mantenerlo cautivo ETA mostraba una faceta contrastante con la sensación de un gobierno bondadoso que trasladaba a los presos para que estén más cerca de sus familias, "de su entorno social y cultural", en palabras de los voceros del gobierno de Aznar. Por eso la socióloga Urrutikotxea considera que el pulso está a favor del gobierno. Así quedó demostrado en una reciente encuesta del Movimiento Social Elkarri, de tendencia nacionalista pero impulsor de un referéndum pacífico. En la encuesta, el 70,4 por ciento de los españoles son partidarios de que en el País Vasco se ponga en marcha un proceso de paz similar al de Irlanda del Norte. Sólo un 7,9 por ciento está en contra y el 21,7 por ciento no sabe o no contesta. Entre tanto, el martes fue detenido en la frontera con Francia Julián Atxurra 'Pototo', considerado como el número tres de ETA, junto con seis militantes más; el miércoles la Guardia Civil sorprendió a tres etarras que pretendían atentar contra el presidente de la Xunta de Galicia, Manuel Fraga, fundador de la Alianza Popular, hoy Partido Popular, en el poder. Los apresados conformaban el comando Vizcaya, uno de los de más alto nivel. Y el jueves el ministro de Interior francés, Jean-Louis Debre, prometió que habrá "nuevos éxitos en la lucha contra ETA" porque "ya que no es un problema de España, sino también de Francia". Pero, ¿qué va a pasar ahora? La pregunta después de 25 años de lucha de ETA es difícil porque algunos escépticos dicen que esto no tiene solución. Otros consideran que, si se le permite, el dirigente del partido Herri Batasuna, Jon Idigoras, actualmente en la cárcel, podría ser una especie de Jerry Adams, que inclinaría a ETA hacia el diálogo tal como sucede en Irlanda del Norte con el IRA. Por su parte, el presidente del Partido Nacionalista Vasco, Xabier Arzalluz, cree que el futuro de ETA depende de la disminución de su base social. Y es que a los ojos de un extranjero no es fácil entender cómo ETA tiene un brazo político (HB) y un periódico legal donde reivindica sus acciones (el diario Egin). La situación se explica por el alto desarrollo democrático de España. "Si ellos tienen sus ideas es lógico permitirles que las expongan. Lo contrario sería represión y de eso estamos hartos", dice un dirigente del Partido Socialista Obrero Español Psoe, organización que en parte perdió su reinado de 14 años porque algunos de sus dirigentes se vieron salpicados en el Grupo Antiterrorista de Liberación GAL que secuestró, torturó y asesinó a 24 sospechosos e hirió a 25 más durante 1983 y 1987. "La cifra de muertos no nos importa, lo vital es que un Estado está para defender la vida, sin excepción, y no para violar los derechos", dijo Joaquín Estefanía, del influyente grupo de comunicación Prisa. Para muchos la polémica de los GAL sirvió de oxígeno a ETA, que posa de víctima ante el Estado opresor. El procesamiento del ex ministro del Interior José Barrionuevo, hombre de confianza de González, dicen, es la prueba de que el Estado fue el impulsor de la guerra sucia; para otros, es la demostración de que España es tan madura como para plantearse cualquier tema. En este sentido la sociedad parece haber ganado porque si bien el proceso GAL ayudó al Adiós a Felipe González, también ha demostrado que ETA está cada vez más desesperada. Y ahora los identificarán con cámaras de televisión, al mejor estilo de Blade Runner.
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