Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2010/08/28 00:00

Todo vale

La guerra entre los Kirchner y los principales medios ya se pasó de castaño oscuro. Acusaciones van y vienen, y solo pierde la democracia del país.

La guerra abierta entre la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el Grupo Clarín ha tenido varios episodios.

Con su informe Papel Prensa: la verdad, la presidenta Cristina de Kirchner les mandó una carga de profundidad a los dueños de los dos principales diarios del país, Clarín y La Nación. La acusación es espectacular: sostiene que compraron la mayor empresa proveedora de papel periódico mediante la complicidad de la dictadura militar (1976-1983), que habría forzado a sus dueños, miembros de la familia Graiver, a que la vendieran.

El gobierno anunció que enviará un proyecto de ley para declarar de interés público la producción de papel con el fin de garantizar la libertad de prensa contra los monopolios. La oposición cree que el ex presidente Néstor Kirchner quiere entre rejas a Héctor Magnetto, el máximo dirigente del Grupo Clarín, que se ha convertido en su principal enemigo, y desmembrar al grupo para construir su propio emporio de medios.

Durante los primeros cinco años de gobierno de los Kirchner, Clarín fue oficialista, pero esta alianza se quebró con el paro del campo en 2008, para dar paso a una guerra declarada. Como parte de esta pelea, a mediados de agosto, el gobierno le quitó a Clarín la licencia de Fibertel, una de las tres proveedoras de servicio de Internet, con más de 4,5 millones de usuarios. Y semanas antes, había fracasado en su intento de probar que Felipe y Marcela, hijos de Ernestina Herrera de Noble, la dueña del grupo, eran hijos de desaparecidos durante la dictadura.

La historia es una mezcla de política, torturas, altos negocios e intrigas al más alto nivel. El gobierno acusa a los dueños de Clarín y La Nación de haber forzado a los herederos del banquero David Graiver, fallecido en agosto de 1976 en un misterioso accidente de aviación en México, a vender las acciones de Papel Prensa en noviembre de ese año, gracias a la ayuda de la dictadura militar.

David Graiver, cercano a los Montoneros, recibió de estos 17 millones de dólares para que los administrara. Cuando murió, los acreedores empezaron a exigir a la familia su dinero y, ante la mala situación de sus negocios, la familia tuvo que vender varias empresas. Por esta conexión con los guerrilleros, Lidia Papaleo, viuda del banquero, su hermano Isidoro y su padre, entre otros, fueron secuestrados y torturados por la dictadura. Los Kirchner sostienen que fue entonces cuando aceptaron venderles Papel Prensa a sus dueños actuales.

Hay muchas dudas sobre la historia. Han pasado 34 años desde que sucedieron los hechos, y nunca ningún integrante de la familia Graiver los denunció. El caso fue analizado por la justicia en dos oportunidades y la familia fue indemnizada por el Estado, ya que una parte de las acciones quedó en manos de la dictadura.

La diputada opositora Patricia Bullrich, que estuvo en los años 70 muy cerca de los Montoneros, dijo en exclusiva a SEMANA que "lo que ellos están planteando es una tergiversación de los hechos para adaptarlo a su propia necesidad, que es construir una historia oficial. Argentina vivía una dictadura, pero la persecución fundamental a los Graiver fue porque David era testaferro del dinero que los Montoneros habían obtenido en el secuestro de Born. Luego de eso, la dictadura comienza a perseguir a los miembros de la familia para que confiesen cómo había sido ese tema, y la organización guerrillera exige a la familia que le devuelva los 17 millones".

Para una parte de la oposición, el gobierno quiere "tener una sola voz oficial. Ellos han profundizado mucho la compra de medios en todo el país, porque su intención es destruir al Grupo Clarín. Quieren mandarlos presos, sacarles las empresas y seguir así hasta destruirlos. Sería mejor que hicieran lo que hace Chávez, que directamente expropia", dice Patricia Bullrich. Y para Rosendo Fraga, del Centro Nueva Mayoría, "la fecha será un antes y un después en la política argentina, y posiblemente el kirchnerismo quede ya definitivamente más cerca del modelo de Chávez que del de Lula".

El trasfondo de los enfrentamientos son las elecciones presidenciales de 2011, en las cuales los Kirchner quieren renovar su mandato por un nuevo periodo. Habrá que ver si este último escándalo ayuda o perjudica la imagen presidencial. Parece ser que, en esta pelea, todo vale con tal de ganar.

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