Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2003/08/18 00:00

Todos al banquillo

La indagación sobre la muerte del científico británico David Kelly es un juicio a la administración de Tony Blair y a la calidad periodística de la 'BBC'.

Todos al banquillo

En Gran Bretaña no se habla de otra cosa. Con la indagación que comenzó la semana pasada el juez John Hutton desea esclarecer qué circunstancias llevaron a la muerte de David Kelly, uno de los más grandes expertos en armas químicas y biológicas de Irak en el mundo y que sirvió de asesor para la elaboración del dossier británico contra Saddam Hussein. Kelly fue encontrado desangrado el 18 de julio con un corte en su muñeca en un bosque cercano a su casa. Muy pronto las autoridades forenses dictaminaron suicidio pero sus circunstancias han generado un escándalo que promete enlodar a varios funcionarios e instituciones británicas.

Dos días antes de su muerte Kelly había sido acusado de ser la "alta fuente de inteligencia" que sirvió al periodista de la BBC, Andrew Gilligan, para argumentar que el gobierno de Blair, y en particular el jefe de comunicaciones, Alastair Campbell, habían exagerado el informe de inteligencia sobre la amenaza de Irak. La acusación de Gilligan ya había desencadenado un juicio parlamentario para determinar si Campbell había hecho que se incluyera la afirmación, algo ridícula, de que Hussein podía desplegar sus armas de destrucción masiva en 45 minutos.

A pesar de que el comité determinó que no existían pruebas de que Campbell hubiera sido el responsable, la BBC seguía manteniéndose en su posición y se negaba a revelar su fuente estrella. Entonces el Ministerio de Defensa empezó a señalar a Kelly como sospechoso. El 15 de julio éste declaró ante el comité de asuntos exteriores que, aunque en efecto se había reunido con el periodista, no creía ser su fuente principal y no pensaba que Gilligan pudiera haber singularizado a Campbell por sus conversaciones.

No obstante, dos días después, Kelly, quien según sus amigos gozaba de buena salud física y mental y estaba emocionado ante la expectativa del matrimonio de su hija, le dijo a su esposa que iba a dar un paseo y no regresó. Cuando se supo de su muerte la BBC admitió que, en efecto, Kelly era el famoso testigo.

Las primeras audiencias revelaron datos perjudiciales tanto para Blair como para la BBC. Así, Andrew Gilligan, uno de los primeros en declarar, dijo que Kelly le había dicho que el programa de armas de Hussein era "reducido y que no podía matar a muchas personas". Por otro lado, la credibilidad de Gilligan quedó afectada pues en su informe hablaba de un funcionario de inteligencia, y Kelly no lo era. Además otros dos periodistas, que también se entrevistaron con Kelly, declararon antes, que ellos no interpretaron que Campbell personalmente, sino su oficina, fue la fuente principal de los arreglos de última hora al dossier de armas de Irak.

Sin embargo también se revelaron por primera vez grabaciones de Kelly que dejan mal parados al gobierno británico y a Campbell. En ellas el científico asegura que el gobierno exageró la amenaza de Hussein y se lo oye nombrando al exonerado jefe de comunicaciones en relación con el asunto de los 45 minutos. Otros testigos han servido para determinar que Kelly sí tenía el conocimiento necesario para sustentar la afirmación de que el gobierno se había confabulado para volver más atractivo el dossier contra Irak, pero que al hablar violó gravemente las normas internas.

El primer ministro, Tony Blair, y varios funcionarios ya tienen una fecha para declarar. Los expertos no descartan que el líder se vea obligado a renunciar si el juicio confirma las exageraciones contra Hussein. Lo más probable, sin embargo, es que se concluya que existió una culpa compartida entre la BBC, el Ministerio de Defensa y Downing Street, la oficina del primer ministro. Ese resultado no desembocaría ineludiblemente en renuncias pero dejaría en entredicho la credibilidad no sólo de Blair sino de la BBC.

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