Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2005/05/01 00:00

Todos contra Bolaños

El Presidente de Nicaragua atraviesa una situación que podría llevar a la anarquía al país más pobre de la América hispana.

Los manifestantes piden al presidente de Nicaragua, Enrique Bolaños, que baje el precio del petróleo y renueve los subsidios para los transportadores. Los ciudadanos, enfurecidos, lanzaron todo tipo de proyectiles en contra del Presidente cuando él quiso dirigirse a ellos.

Enrique Bolaños, presiden- te de Nicaragua, está en la cuerda floja. La causa es la situación de ingobernabilidad que vive el país y la presión a la cual lo están sometiendo el Congreso y la población, que le exigen una solución al alza en el precio del petróleo y el paro de transporte, o renunciar a su cargo. La razón aparente de estas protestas, que comenzaron hace tres semanas, es el alza en el precio del petróleo, el cual ha llevado a un encarecimiento de la gasolina y a un aumento en el precio del transporte. Un tiquete de bus que hasta hace un mes costaba 2,50 córdobas (unos 350 pesos colombianos) subió a tres córdobas (420 pesos). Ante el cambio, los estudiantes universitarios se unieron para protestar contra los transportadores y exigir una disminución en el precio del pasaje. Los transportadores, por su lado, protestaban por el corte que el gobierno había hecho al subsidio que recibían. Los manifestantes se unieron para protestar contra el gobierno y la falta de garantías, al igual que el aumento en los índices de pobreza que comprometen al 70 por ciento de la población. Bolaños, para calmar a los pobladores, ofreció aumentar el salario mínimo en 15 por ciento, pero los líderes estudiantiles y los sindicalistas, quienes al parecer están siendo apoyados por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (Fsln), no aceptaron la propuesta. Hasta el cierre de esta edición el paro nacional de transportadores continuaba, aunque las protestas se habían calmado. El 26 de abril las protestas llegaron a su punto más agudo y Bolaños, en lo que muchos llamaron un acto de imprudencia, salió a la calle a hablar con los manifestantes. Fue recibido con una lluvia de piedras, bolsas de agua y todo tipo de proyectiles. La multitud enfurecida ha destapado la situación que vive Nicaragua por la incapacidad política del Presidente, los altísimos índices de pobreza (Nicaragua es el país más pobre de Latinoamérica después de Haití) y el descontento creciente y generalizado. La democracia es reciente en ese país, pues sólo desde 1990 se llevan a cabo elecciones. ?Acá el movimiento social, que estuvo dormido durante la dictadura de los Somoza, aprendió que la única forma de ser escuchados es de manera semiinsurreccional. Es una tradición histórica?, dijo a SEMANA el sociólogo Óscar René Vargas. Y por eso muchos analistas se atreven a decir que la situación de violencia que se ha presentado en los últimos días en Nicaragua no es alarmante. Sin embargo, la situación del Presidente no podría ser peor. ?Bolaños es el presidente más solo en toda América Latina. Todos los poderes están en contra de él, pero a nadie le interesa sacarlo?, dijo a SEMANA el analista político Orlando Núñez. Llegó al poder con el apoyo de su Partido Liberal Constitucionalista, de tendencia conservadora. Pero éste le dio la espalda cuando Bolaños promovió que fuera encarcelado por corrupción su antecesor Arnoldo Alemán, de quien había sido vicepresidente. Y la otra fuerza política, el Fsln, dirigido por ex presidente Daniel Ortega, le hace una oposición inclemente. Estas dos agrupaciones, las más representativas del país, tienen 81 de los 91 escaños de la Asamblea Nacional, lo que deja a Bolaños enteramente en sus manos. Todos estos factores actúan contra el Presidente de Nicaragua, quien se encuentra en una posición vulnerable. A pesar de que los analistas coinciden en que no será derrocado, ni renunciará a su mandato, todo depende del resultado de las negociaciones que están llevando a cabo con los líderes de las protestas. Bolaños podría bajar el precio del transporte y aplacar la crisis. Pero ello no significaría necesariamente el fin de los problemas en un país atravesado por una extrema pobreza.

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