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| 7/12/1999 12:00:00 AM

TODOS PERDEDORES

Tanto la Otan como Milosevic se declaran victoriosos. Pero la realidad es que ninguno salió <BR>ganando en la absurda "guerra" de Kosovo.

Los soldados serbios, que comenzaron a retirarse de Kosovo la semana pasada, hacían
felices la señal de la victoria mientras sus impecables camiones los encaminaban hacia una frontera que tal
vez nunca volverían a cruzar. Mientras tanto los ministros de la Otan celebraban su 'victoria' sobre el
presidente serbio Slobodan Milosevic aunque su objetivo final, el restablecimiento de la paz en Kosovo, esté
tan lejos como al principio. En la extraña y desigual 'guerra' de Kosovo hubo más vencedores de los que la
historia es capaz de aceptar. Y al mismo tiempo los perdedores fueron los mismos de siempre: los habitantes
de a pie, serbios o albaneses, desplazados o por desplazar, que quedaron con un país en ruinas y perdieron
el frágil arreglo que les permitía convivir al menos en forma aceptable. Centenares de serbios de Kosovo,
temerosos de las represalias, seguían la semana pasada a sus tropas, dejando atrás sus casas y
demostrando que ellos también son víctimas. La gran incógnita es por qué Milosevic aceptó el acuerdo que
permitió la suspensión de los bombardeos y de los combates en Kosovo. Para ello hay que remontarse a
la negativa de Milosevic a aceptar el plan de Rambouillet, la cual desató el inicio de los bombardeos. Ella se
debió a dos razones: primera, porque el plan implicaba el retiro total de las tropas serbias de Kosovo.
Segunda, porque Milosevic no aceptaba que las tropas de la Otan ocuparan Kosovo ni que ésta tuviera
opción de independizarse.Cuando los bombardeos parecían incapaces de doblegar a los serbios los rusos
entraron a terciar y nació el acuerdo del G-8. Se trataba de una redefinición digerible para los serbios del
plan de Rambouillet. No sólo porque nació por fuera de la Otan sino por que ésta aceptaba que la fuerza de
ocupación estuviera bajo control de la ONU. Ese era el plan cuando Milosevic recibió al enviado ruso Viktor
Chernomyrdin y a su acompañante el finlandés Martti Ahtisaari. De ahí la sorpresa mundial cuando, después de
la reunión, la Otan anunció la 'capitulación' sin mayores condiciones de Milosevic. Una sorpresa que dejó a
los serbios preguntándose por qué habían resistido dos meses de destrucción y muerte sólo para aceptar
las exigencias originales. Y a los rusos de la oposición acusando en la Duma a Chernomyrdin de vender a
sus hermanos eslavos.La respuesta parece ser que el enviado ruso notificó a Milosevic que su país no estaba
en condiciones de respaldar a Yugoslavia ni militar ni políticamente y que lo único que podía sacar era la
eliminación de la promesa de realizar un referéndum sobre la independencia de Kosovo. De esa manera
la Otan pudo presentar una victoria que parecía empantanada y Milosevic afirmar que, tras soportar el
ataque, había conseguido preservar la integridad territorial de Yugoslavia. El armisticio, sin embargo, no
anuncia ni mucho menos la llegada de la paz. Nada de lo acordado, ni la retirada de las tropas, ni la
suspensión de los bombardeos, ni el regreso de los refugiados resuelve las causas de fondo del conflicto.
Ahora la región yugoslava se convertirá en un protectorado de la Otan. La pregunta es cuándo dejará de serlo.
¿Cuando los serbios olviden la batalla de 1389 contra los turcos y dejen de considerar a Kosovo el altar de su
nacionalidad? ¿O cuando los albano-kosovares olviden las masacres a manos de sus enemigos, depongan las
armas y dejen de soñar con su independencia y su unión con Albania? Hace cuatro años que la inviable
federación bosnia se sostiene bajo la presencia de tropas extranjeras y todavía es claro que si éstas se
van la guerra se reanudaría. Kosovo es igual, sólo que allí los odios son mayores y las implicaciones aún
más serias para la paz de los Balcanes. ¿Cuánto tardarán allí? nLa derrota gloriosaLa historia de Serbia,
aunque parezca extraño, favorece a Slobodan Milosevic a la hora de hacer el balance del más reciente
episodio del drama de Kosovo. Porque el imaginario colectivo de los serbios tiene a la tragedia y la derrota
como un elemento crucial. El mito central serbio es la batalla de Kosovo, la misma que convirtió a esa
región en el altar de la nacionalidad. La batalla que se libró allí en 1389 terminó con la derrota ante los
turcos de las tropas cristianas, conformadas principalmente por serbios, y con la muerte de su príncipe
Lazar. Aunque la historia es más compleja, hoy los serbios consideran que en esa fecha desapareció su
imperio medieval y se estableció una dominación otomana que duró 500 años. Así que la fecha central de su
historia es una derrota gloriosa.Otra fecha luctuosa que tiene igual capacidad para movilizar los sentimientos
nacionalistas es el éxodo de los serbios de Kosovo en 1690. Por temor a las represalias otomanas ante el
fracaso de un levantamiento serbio el patriarca ortodoxo Arsenio guió a más de 30.000 familias hacia su
patria ancestral. Es el mismo espíritu que movió a Milosevic a retirar a los serbios de Sarajevo en 1996,
cuando se pusieron en marcha los acuerdos de Dayton para Bosnia. De nuevo la retirada gloriosa era mejor
que aceptar vivir bajo un gobierno extraño.Por todo eso no sería raro que Milosevic tuviera éxito en utilizar
esos poderosos símbolos históricos para justificar su retirada de Kosovo. De ser así, ese belicoso pueblo
tendría un nuevo símbolo de lo perdido para empezar a soñar en su regreso glorioso.
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