Lunes, 23 de enero de 2017

| 2010/01/16 00:00

Todos somos haitianos

El mundo se volcó para socorrer a la paupérrima nación caribeña. Pero la situación sobre el terreno ha convertido la entrega de ayuda en una pesadilla logística.

Cincuenta miembros del equipo de búsqueda y rescate chino se preparan para partir a Haití. Por lo menos 27 países se comprometieron a enviar personal técnico, alimentos e insumos médicos al país caribeño

El drama de Haití conmovió al mundo y la solidaridad no se hizo esperar. Al contingente de la ONU que ya se encontraba en el país se han sumado aviones cargados de socorristas, insumos médicos y comida, procedentes de al menos 27 naciones, desde Colombia hasta China. También, como era de esperarse, desde tres países que tienen vínculos especiales con Puerto Príncipe: Brasil, que lidera la misión de paz de la ONU en el país caribeño; Francia, el antiguo poder colonial, y Estados Unidos, la gran potencia que está a la vuelta de la esquina y ha intervenido en la isla en más de una ocasión.

Es tal la conmoción que ha generado el tema, que precisamente los presidentes Luiz Inácio Lula da Silva, de Brasil; Nicolás Sarkozy, de Francia, y Barack Obama quieren organizar una conferencia internacional para planear su reconstrucción. "Es la ocasión para ayudar al país a acabar con la maldición", declaró el mandatario galo.

Inclusive, la tragedia ha obligado a gobiernos enemigos a limar asperezas. Cuba dio vía libre para que Estados Unidos utilice su espacio aéreo y así ahorre tiempo en el transporte de insumos y heridos.

A la lista también se sumaron las principales entidades económicas del mundo, como el Banco Interamericano de Desarrollo, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. La ONU hizo un llamado urgente para que los países no sólo contribuyan con el envío de elementos básicos, como agua, alimentos y carpas, sino también con el recaudo de cerca de 560 millones de dólares para subsanar los daños. La tragedia también despertó la atención de canales de entretenimiento como MTV, que se ofreció a realizar una maratón que sería presentado por George Clooney, para recolectar dinero. El cantante Wyclef Jean, de origen haitiano, es otra de las celebridades que han iniciado campañas para hacer llegar la asistencia.

Estados Unidos, en especial, está volcado a rescatar a su vecino caribeño. Obama, que habló públicamente casi a diario sobre la tragedia, anunció el jueves una donación inicial de 100 millones de dólares. "Haremos lo que sea para salvar vidas", señaló en lo que constituye su primera gran operación humanitaria desde cuando llegó a la Casa Blanca.

Veinticuatro horas después, el portaaviones USS Carl Vinson, que había zarpado de la colosal base de Norfolk (Virginia), atracó en la costa haitiana con numerosos helicópteros que podrán repartir ayuda en la isla y otro buque norteamericano, el anfibio Bataan, estaba a punto de arribar con 2.000 marines, un número significativo de hombres que se suman a 3.500 soldados de la 82 División Aerotransportada y a un equipo de 300 médicos.

Hillary Clinton, la jefe de la diplomacia estadounidense, suspendió un viaje por Australia y Nueva Zelanda y el Departamento de Estado creó incluso una página web para que la gente pueda averiguar por los miles de desaparecidos. En Haití viven 45.000 personas que tienen pasaporte norteamericano, la mayoría de las cuales lo consiguió tras haber vivido en Estados Unidos.

Por su parte, la secretaria de Seguridad Interior, Janet Napolitano, anunció una amnistía de 18 meses para los haitianos que viven sin papeles en Estados Unidos y que oscilan entre 100.000 y 200.000. No era para menos. Se calcula que en territorio gringo viven más de 1,5 millones de personas nacidas en Haití. Sólo en Nueva York hay más de 150.000.

El sector privado también se ha movilizado en Estados Unidos. El viernes, 22 compañías habían donado un total de 40 millones de dólares para la Cruz Roja. La lista incluía verdaderos pesos pesados como Coca-Cola, Time-Warner y Microsoft.

Pero una cosa es la generosidad de la comunidad internacional, y otra poder distribuir la ayuda sobre el terreno. Las labores humanitarias enfrentan una pesadilla logística para poder llevar comida y alimentos. Los daños al principal puerto de la capital han impedido la llegada de barcos, y el principal aeropuerto perdió su torre de control, lo que limita la llegada de vuelos. Además, sólo tiene una pista y no da abasto para la cantidad de vuelos que solicitan aterrizar. Se ha convertido en un tapón.

La respuesta del débil gobierno haitiano es casi nula y la falta de infraestructura y la inseguridad (5.000 presos se han fugado de la cárcel) hacen muy difícil repartir la ayuda. La mayoría de hospitales se derrumbó durante el terremoto y los que quedan en pie no alcanzan. Muchos médicos están heridos y buscan a sus familias. La falta de maquinaria para remover escombros dificulta aún más las labores de rescate y en medio de las ruinas los galenos han tenido que instalar carpas improvisadas para atender a las víctimas. El desespero que empieza a apoderarse de los afectados por el sismo también ha provocado saqueos.

A los haitianos les faltan hasta bolsas plásticas para cubrir los cadáveres. Al cierre de esta edición, muchos despachos hablaban de cómo la esperanza se iba convirtiendo en furia a medida que el consuelo internacional no llegaba a los que más lo necesitan. Ha habido reportes de barricadas hechas con cadáveres a manera de protesta. Naciones Unidas aceptó que la situación es "cada vez más tensa".

Parte de la ayuda está llegando primero a Santo Domingo, la capital de la vecina República Dominicana, donde el aeropuerto se ha convertido en un tumulto de hombres y mujeres de todas partes del planeta que esperan un vuelo para llegar al infierno haitiano y dar una mano. Otros se estrellan con una frontera llena de obstáculos. Miles de haitianos están haciendo el recorrido inverso, para huir de la tragedia, y en cualquier caso se trata de horas de recorrido por carreteras difíciles. Muchos otros, temerosos de que más edificios colapsen, descansan en las calles, atrasando el transporte de comida y ayuda. Un cuadro contradictorio y desolador, la solidaridad en medio del infierno de Dante.

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