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| 4/12/1993 12:00:00 AM

TOMA DELIRANTE

El secuestro de la embajada de Nicaragua en Costa Rica amenaza el diálogo nacional propuesto por la presidenta Chamorro.

EL LUNES DE LA SEMANA PAsada comenzó un extraño episo dio en la embajada nicaraguense en San José de Costa Rica. Ese día un comando se tomó esa sede para hacer exigencias al gobierno de la presidenta Violeta Chamorro. Hasta ahí el episodio cuadraba dentro del patrón habitual. Pero las exigencias y algunas cir cunstancias de la ocupación, hacen pensar que hay intereses que van más allá.
Las peticiones se dirigen directamente contra el corazón del gobierno de la señora Chamorro, pues exigen la destitución del ministro de la presidencia Antonio Lacayo (yerno de la Chamorro de quien se dice provienen las políticas del gobierno), del ministro de Defensa Humberto Ortega (herencia de los san dinistas) y la reinstalación en su puesto del destituido contralor General Guillermo Potoy. Aparte de eso, piden el juicio por violaciones a los derechos humanos del jefe de inteligencia Lenin Cerna y por último cinco millones de dólares para "obras sociales de la Iglesia" y un millón más para su grupo, denominado Comandos Patrióticos Políticos y Militares de Yolaima.
Lo curioso es que las exigencias -salvo las de dinero- coinciden precisamente con las que la Unión Nacional de Oposición (UNC)) hace a doña Violeta desde que rompió eon la presidenta a finales del año pasado. Los de la UNO, cuyos votos llevaron al triunfo a la señora, pretenden que se devuelvan todos los bienes confiscados por los sandinistas, que se remuevan todas las trazas del antiguo poder de éstos o si no, que la Chamorro renuncie porque la elección fue ganada realmente por ellos. No parece ser casualidad que se presente el operativo a tiempo que el ministro Lacayo se prepara para viajar a Washington a presentar un informe sobre la situación política y económica de Nicaragua, con el fin de lograr la descongelación de 50 millones de dólares en ayuda.
Por otra parte, el "comandante~ de la operación es José Manuel Urbina Lara, un rocambolesco personaje que en 1984 pidió asilo en la embajada de Costa Rica en Managua para evitar el servicio militar. En ese episodio Urbina permaneció en la sede diplomática varios meses porque el gobierno sandinista no le daba salvoconducto para salir del país, hasta que salió del edificio con su novia, medio borracho, y fue capturado por la policía. Urbina involucró al premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Es quivel, a quien acusó de participar en una sesión de tortura que le habría aplicado el entonces ministro sandinista Tomás Borge.
En esa época la acción de Urbina casi tcrmina con el rompimiento entre Costa Rica y Nicaragua, un objetivo perseguido por los enemigos del régimen sandinista y sobre todo por la CIA (Agencia Central de Inteligencia Norteamericana). Pérez lo describió entonces como "alguien que no sólo está muy confundido, sino muy manipulado.
En este caso el afectado es el diálogo nacional convocado por la presidenta para ventilar las diferencias con la UNO y los grupos "Contras" dcsmovilizados, en especial elproblema de la tenencia de las tierras. La organización opositora ha dado su anuencia, pero sus posiciones son radicales. Una toma como la dc San José estaría destinada a fortalecer la posición de la UNO en ese diálogo y algunos medios nicaraguenses ya han denunciado, sin presentar pruebas, que Urbina tiene vinculaciones con el ex presidente de la Asamblea Nacional, el miembro de la UNO Alfredo César.
Esa versión es negada por los interesados, pero al cierre de esta edición, sin que culminara el episodio, no había sido desvirtuada. En cualquier caso, el asunto dc San José es una nueva nube en el ya oscuro panorama de la paz en Nicaragua.
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