Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1986/04/28 00:00

TORMENTA EN EL MEDITERRANEO

Los incidentes del Golfo de Sidra pueden tener consecuencias no previstas por Ronald Reagan

TORMENTA EN EL MEDITERRANEO

El estallido se veía venir desde hacía meses: meses de guerra de nervios y de ataques verbales de un tono cada día más feroz entre Ronald Reagan, presidente de los Estados Unidos, y el líder libio coronel Moammar Gadafy, que se señalaban el uno al otro como "terrorista número uno" del mundo. El martes 25, finalmente, los dos adversarios llegaron a las manos en la costa libia cuando naves de guerra de la Sexta Flota norteamericana cruzaron la imaginaria "línea de la muerte" que cierra el Golfo de Sidra y fueron recibidas con cohetes Sam-5 y Sam-2 de fabricación soviética por lanchas patrulleras libias. Aviones de la Sexta Flota respondieron de inmediato hundiendo una patrullera (tal vez dos), y atacando en territorio libio la base de cohetes de Sirte.
Esa es la versión norteamericana. La libia es diferente, y afirma que a la agresión los libios replicaron derribando tres aviones cazas norteamericanos, cuyos pilotos murieron en la acción, cosa que niega Larry Speakes, portavoz de la Casa Blanca.
Según Speakes, la incursión de los buques de guerra en aguas que el coronel Gadafy reclama como suyas no era una provocación, sino simplemente "un ejercicio pacífico de navegación" tendiente a reafirmar la tesis jurídica de los Estados Unidos de que las aguas territoriales no llegan sino a doce millas de la costa, y no a doscientas, como sostienen numerosos países, Libia entre ellos. Por eso, en la rueda de prensa en que dio su versión de los hechos, Speakes tuvo dificultades para explicar por qué había sido atacada y hundida una lancha patrullera libia que no había participado en los combates, si navegaba en aguas que, de acuerdo con los propios Estados Unidos, son internacionales. La tesis "jurídica", pues, no es tomada demasiado en serio por los observadores, especialmente cuando se esgrime dos días después de que otros buques de guerra norteamericanos realizaran otro "ejercicio pacífico de navegación" en el Mar Negro, a sólo seis millas de la costa soviética: es decir, en aguas que a nadie se le ocurre llamar internacionales. Se trataba pues, de provocar a Gadafy, que en enero de este año había jurado que la próxima vez que los norteamericanos sobrepasaran su "línea de la muerte", 30 segundos al norte del paralelo 32, los castigaría. Y se trataba también, según apuntan algunos, de azuzar los sentimientos patrióticos del Senado norteamericano en vísperas de su voto crucial sobre la ayuda a los "contras" de Nicaragua. Pues no es casualidad que el presidente Reagan exhiba sus músculos de Rambo en el Mediterráneo cuando la Cámara de Representantes le acaba de impedir mostrarlos en el Caribe.
Pero la política internacional es más compleja que el cine de guerra, y en ella jugar a Rambo tiene siempre consecuencias complejas. Algunos analistas de la prensa norteamericana han señalado ya que por un problema parecido al del Golfo de Sidra empezó en serio la guerra del Vietnam. Sin ir tan lejos, la "rambonada" está provocando ya diversas reacciones: la del propio Gadafy, la de sus aliados soviéticos, la de los aliados europeos de los Estados Unidos, y la del conjunto de los países árabes.
Es obvio que Gadafy carece de los medios bélicos necesarios para enfrentarse a la fuerza naval más poderosa que haya surcado jamás el Mediterráneo: tres portaaviones -el "America", el "Saratoga" y el "Coral Sea"-con una fuerza conjunta de 275 aviones de guerra, respaldados por otros veinticinco navíos entre cruceros, destructores y fragatas. Las armas de Gadafy son otras. Ya habló de ellas en enero pasado, cuando Reagan decidió bloquear a Libia económicamente, anunciando que tomaría represalias en el propio territorio de los Estados Unidos, y ahora acaba de amenazar con convertir al Mediterráneo "en un mar de sangre" y castigar "en todo el mundo" a los asesores y consejeros norteamericanos. Y en el campo del terrorismo las amenazas del líder libio rara vez son vanas.
Por otro lado está la reacción de la Unión Soviética, aliada militar de Libia, que por el momento ha sido ambigua. No ha tomado medidas practicas, pero verbalmente ha sido dura.
En Moscú, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores declaró que la acción norteamericana era "una grave provocación", "una violación de las normas elementales del derecho internacional'' y una "acción deliberada de los Estados Unidos con el objetivo de desestabilizar la situación en la región", además de que constituía "una tentativa de legalizar el propio derecho de interferir en cualquier parte del mundo". Por el momento, sólo palabras. Pero la URSS tiene un prestigio que defender en el mundo árabe.
Y si, como insinuó el propio Speakes, en la base libia bombardeada había consejeros soviéticos, las cosas pueden sufrir una agravación considerable.
Es el temor de que se agraven el que condiciona la reacción de los aliados de los Estados Unidos en Europa y en el Oriente medio. Israel, previsiblemente, ha mostrado gran satisfacción y ha dado todo su respaldo a la acción de guerra norteamericana. La "señora de hierro" Margaret Thatcher, primera ministra británica, se ha mostrado solidaria pero discreta, diciendo que los norteamericanos habían actuado en "legitima defensa".
Los demás países europeos que albergan bases de la OTAN son más reticentes, preocupados por la posibilidad de tener una guerra "en su propia puerta". Grecia y España (país que acaba de refrendar por referéndum popular su pertenencia a la OTAN) piden que ni las bases de la Organización, ni las bases norteamericanas en sus territorios, sean utilizadas por los norteamericanos como apoyo de operaciones bélicas por fuera del marco de la propia OTAN, cuyo objetivo es la defensa de Europa Occidental contra el Pacto de Varsovia. En cuanto a Italia, que ya en tiempos del bloqueo económico de Reagan contra Libia había hecho severas críticas, ahora va aun mas lejos. Su primer ministro, Bettino Craxi, se apresuró a subrayar que la operación en marcha era empresa exclusiva del gobierno de los Estados Unidos y que la OTAN no podía en ningún caso respaldarla.
(Con lo cual dejó planteada de paso la posibilidad de que, en fin de cuentas, la OTAN no sirva para nada).
Queda finalmente la reacción de los países árabes, hasta ahora más bien prudente y preocupada. Egipto, que es la gran potencia regional y el principal aliado de los Estados Unidos en el mundo árabe, ha guardado silencio, imponiendo la pauta a los demás "moderados" de la zona. Siria -aliado de Libia-ha manifestado su solidaridad total con Gadafy, pero más significativo es la de la habitualmente prudente Argelia y la de la OLP, que pasa por encima de la vieja enemistad existente entre Gadafy y Yasser Arafat. En cuanto a Irán, que no es un país árabe pero sí islámico, también apoya resueltamente a Libia.
Interrogado sobre si no temía que el enfrentamiento, con su aspecto de lucha desigual de Goliat contra David, pudiera convertir al coronel Gadafy en "un héroe para el mundo árabe", Larry Speakes se limitó a responder que "no podía juzgarlo". Pero todo el problema está precisamente ahí: en que Rambo actúa sin juzgar las consecuencias.

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