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| 5/17/2008 12:00:00 AM

Tragedias paralelas

La respuesta china a su terremoto y la birmana a su ciclón muestra el contraste entre la política actual de esos dos países.

Las impactantes imágenes del devastador ciclón de Birmania y el demoledor terremoto de China muestran dos tragedias paralelas. Pero esa resultó ser sólo una apariencia. Si bien ambos pueblos lloran sus muertos, el contraste no pudo ser mayor. El ciclón Nargis desnudó durante dos semanas la negligencia y falta de humanidad de la junta militar birmana, mientras que el sismo del lunes pasado permitió al gobierno comunista chino demostrar una sorprendente capacidad de reacción y un inédito nivel de transparencia. El mensaje de las dos reacciones, en direcciones opuestas, tendrá consecuencias para los dos regímenes.

En Birmania los militares, quienes gobiernan desde 1962, han demostrado que están más pendientes de mantener el poder que de preocuparse por su gente. El servicio meteorológico indio había advertido 48 horas antes la gravedad del Nargis, que tocó tierra el 3 de mayo. Sin embargo, la primera aparición pública del máximo dirigente, Than Shwe, sólo llegó el sábado 10. Pero no para liderar el rescate de su gente, sino para depositar su papeleta en el referéndum que le otorga al país una nueva Constitución que legaliza el poder de los generales. Ni siquiera envió un mensaje de condolencia a las víctimas.

Los generales estaban más ocupados en su referéndum, que sólo fue pospuesto en la región afectada. En teoría, esa carta política llevaría a elecciones democráticas, pero nadie lo cree. El texto reserva a los militares uno de cada cuatro escaños en el Parlamento, la capacidad de nombrar ministros y prohíbe a la líder de la oposición, la premio Nobel de Paz Aung San Suu Kyi, presentarse a las elecciones por haber estado casada con un extranjero.

Las proyecciones de muertos superan los 100.000 y las de damnificados los 2,5 millones y, sin embargo, el gobierno ha tratado de minimizar ante la gente la dimensión de la tragedia. Aunque aceptó a regañadientes el aterrizaje de aviones con ayuda, ha puesto todo tipo de trabas a la llegada de personal extranjero capaz de distribuirla y periodistas. Las ONG dicen en voz baja, para no empeorar la situación, que parte de la ayuda desaparece; reportes de prensa describían cómo la junta militar le ponía etiquetas del ejército para dar a entender que las proporcionaba el gobierno o, peor aún, la desvió a los almacenes de los cuarteles.

El secretario general de la ONU, Ban Ki Mon, declaró que sentía una “inmensa frustración” e incluso hubo llamados de países europeos para imponer la ayuda, invocando la doctrina de la “responsabilidad de proteger”. Esta figura fue reconocida en 2005 por la ONU, influenciada por las traumáticas experiencias de Ruanda y los Balcanes en los 90, pero es para casos de genocidio, crímenes de guerra, contra la humanidad y limpieza étnica. El argumento de quienes la invocan sostiene que, a este nivel, la inoperancia del régimen se puede caracterizar como un crimen contra la humanidad. Usar la “responsabilidad de proteger” en este caso parece inviable legalmente, pero promete abrir el debate.

La tragedia podría tener futuras implicaciones en una población que ya mostró su descontento en las protestas lideradas por monjes budistas del año pasado. Los soldados que llenaban las calles para reprimirlas entonces no aparecieron para socorrer al pueblo, y más de un observador aspira a que el desastre sea un catalizador para el cambio de régimen. Como dijo a SEMANA Jurgen Haacke, experto de la London School of Economics, “va a ser muy interesante observar cuándo y cómo aquellos afectados por el ciclón depositan su voto sobre la nueva Constitución”.

En China, por el contrario, el primer ministro Wen Jiabao viajó el mismo lunes a la provincia de Sichuan, epicentro del temblor de 7,9 grados en el escala de Richter, para atender la situación megáfono en mano. Unos 50.000 soldados han socorrido a las víctimas, la ayuda internacional ha sido bienvenida y el acceso a cualquier corresponsal capaz de llegar hasta el lugar prácticamente irrestricto. La televisión transmitió desde el primer momento y los funcionarios aceptan que el conteo de muertos puede llegar a 50.000 en un país donde la política del hijo único ha hecho aún más dramática la pérdida de miles de jóvenes que dejan solos a padres y abuelos. El gobierno le bajó el tono al recorrido de la antorcha olímpica y le añadió un minuto de silencio diario.

“La respuesta china ha sido el gobierno en su mayor expresión. Ha movilizado enormes recursos y los ha llevado a las áreas afectadas tan rápido como se puede esperar razonablemente, dado lo remoto del epicentro, el clima y otros obstáculos”, dijo a SEMANA desde Beijing Dwight Perkins, experto en China de la Universidad de Harvard.
El contraste fue evidente no sólo con Birmania, sino también con el pasado de China, que se caracterizaba por el secreto y el misterio. En 2003, el Partido Comunista había sido muy criticado por el manejo de la crisis del Síndrome Respiratorio Agudo Severo, Sars por su sigla en inglés, que trató de mantener en secreto. Algo similar ocurrió en 2005, cuando un derrame tóxico en un río sólo se conoció en su verdadera dimensión cuando las aguas se acercaban a Rusia. Y en el caso más dramático, en 1976 un terremoto que dejó unos 300.000 muertos, uno de los peores desastres del siglo XX, el gobierno intentó minimizar el verdadero impacto y se negó a aceptar la ayuda internacional. La falta de coordinación desató después una purga en el Partido Comunista.

Todo parece indicar que China ha aprendido de sus errores. Como aseguraba un análisis de The New York Times, “si China se las arregla para manejar un gran desastre natural mejor de lo que Estados Unidos manejó Katrina, el logro puede subrayar el punto de vista de Beijing de que su marca de autoritarismo, en gran parte no ideológica, puede entregar buen gobierno así como rápido crecimiento”.
La gran vitrina que los Olímpicos de agosto representan para China como una potencia emergente, es una de las claves para entender el cambio de mentalidad. Paradójicamente, esa cita había servido para despertar una creciente ola de críticas al gobierno por su récord en derechos humanos y el tema del Tíbet, entre otros.

La reacción al terremoto, siempre y cuando las quejas sobre la debilidad de las construcciones no pasen a primer plano, podría acallar esas voces y ayudar a Beijing a cambiar el foco. La amenaza de boicotear los Olímpicos podría haber quedado sepultada junto a las víctimas del terremoto.
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