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| 2/3/2007 12:00:00 AM

Tras los pasos de Chávez

Los ataques populares contra el Congreso ecuatoriano preocupan a quienes temen que el país se desestabilice de nuevo. Y en medio de todo, se destacaron unas curiosas boinas rojas.

En los disturbios y las manifestaciones masivas de la semana pasada en Quito contra el Congreso Nacional participaron organizaciones civiles, movimientos estudiantiles y sindicales que desfilaron y lanzaron insultos contra los diputados, a quienes calificaron de "ratas". Reaccionaban así contra la negativa de los diputados a darle el visto bueno a la solicitud del presidente Rafael Correa de convocar un referéndum para constituir una Asamblea Constituyente. Pero hubo un detalle que no pasó inadvertido: entre los manifestantes se pudo observar a numerosos miembros de un Nuevo Movimiento Bolivariano Alfarista, portando camisas rojas y boinas al estilo de los seguidores de Chávez.

La Policía, realmente, poco hizo para detener a los activistas que lograron penetrar por la puerta principal al Congreso Nacional, mientras por la puerta trasera los diputados, asustados, huían atropelladamente,

Que Venezuela está inmiscuida en la política de varios países ya no es ningún secreto. La influencia del presidente Hugo Chávez se ha extendido a Bolivia, donde mantiene estrechos vínculos con el presidente Evo Morales. Y algo similar ocurre con Ecuador. Al fin y al cabo, Correa anunció que su "país estará dentro del proyecto bolivariano", y reconoció que también se encaminará, con matices, por la senda del socialismo.

Si bien el recientemente designado embajador de Ecuador en Venezuela, René Vargas Pazzos, ha afirmado que Quito actúa independientemente de las directrices de Caracas, no puede dejar de reconocer que existe una "coincidencia histórica" entre los presidentes Rafael Correa y Hugo Chávez.

Vargas Pazzos, de 74 años, es un militar retirado que se desempeñó entre 1981 y 1984 como jefe del Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas y se ha destacado en los últimos años como uno de los más feroces críticos del Plan Colombia y la injerencia de Estados Unidos en la región.

"No estamos siguiendo los pasos de Chávez para imponer un modelo socialista a través de la asamblea que propone el presidente Rafael Correa", sostiene Vargas Pazzos, pero insiste en que hará todo lo posible porque Venezuela conceda varios créditos a Ecuador, para poder "liberarnos del yugo" que implica el Fondo Monetario Internacional (FMI).

"Uno de los préstamos, por 1.000 millones de dólares, es para salir de la dependencia; para que el FMI no venga con una carta de intención obligando a otros condicionamientos como, por ejemplo, subir la gasolina", explicó a SEMANA. Y es que el gobierno ecuatoriano ha asegurado que finalizará su relación con el FMI, "como sea", según el ministro de Economía y Finanzas, Ricardo Patiño. "Les diremos, señores muchas gracias, nos veremos cada año. Algún funcionario del ministerio les entregará la información económica como lo hacen todos los países del mundo, pero hasta ahí, nuestra relación con ellos será absolutamente diplomática", sostuvo Patiño a SEMANA.

Los 'bolivarianos-alfaristas'

Pero no sólo su "independencia del imperio" demuestra que Ecuador sigue el camino de Venezuela. Los políticos opositores acusaron a Correa de alentar los desórdenes.El presidente del Congreso, Jorge Cevallos, dijo a SEMANA que "el mandatario sólo entiende la razón de la fuerza y el caos".

Pero Correa, con escasas tres semanas en el poder, dijo que los diputados pretenden involucrarlo con los disturbios para culparlo luego de "atentar contra la seguridad del Estado y proceder a su destitución". En otras palabras, responsabilizó al Congreso por los hechos violentos, en los cuales resultó herida una fotoperiodista de la agencia EFE: "Están preparando el escenario para destituir al Presidente, lo cual es imposible porque estos señores no entienden que más allá de sus leguleyadas, este es un problema político donde el gobierno, gracias a la generosidad del pueblo ecuatoriano, tiene más del 80 por ciento del apoyo popular, declaró en rueda de prensa. Los únicos que están atentado contra la seguridad son 60 ó 65 legisladores y cuatro vocales del Tribunal Supremo Electoral (TSE), al ir en contra de la voluntad de 13 millones de ecuatorianos, dijo, y recalcó que no hay un enfrentamiento entre el Ejecutivo y el Congreso, sino entre 13 millones de ecuatorianos y 100 diputados".

Y es que el choque de trenes institucional, entre un Presidente que quiere a toda costa convocar a la Constituyente, pero no tiene ninguna representación en el Congreso que debe tramitarla, es un pésimo escenario para un país como Ecuador, que ha tenido 8 presidentes en los últimos 10 años. Para analistas como Marco Arauz, subdirector del diario El Comercio, "dar a la protesta callejera la categoría de acto de gobierno difícilmente rinde votos, excepto que se busque un estado de agitación que haga tabla rasa de la poca institucionalidad que queda a nombre de un plan mesiánico no declarado".

La realidad, en cualquier caso, es que el Congreso se puso en la mira popular, sobre todo por la decisión de los diputados de aumentarse 1.000 dólares a su sueldo mensual, precisamente cuando el presidente Correa había hecho un llamado a la austeridad y, como ejemplo, se había rebajado su sueldo de 8.000 dólares a 4.000. Todo lo cual constituye un perfecto caldo de cultivo para el virus de la desintitucionalización.El escritor Gustavo Pérez Ramírez, sostiene que "el desprestigio del Congreso, en manos de una mayoría de la partidocracia, con sus actitudes corruptas, ha hecho metástasis, aumentándose sus ingresos, nombrando un fiscal de bolsillo, y, sobre todo, oponiéndose a una asamblea constituyente, que quiere el 80 por ciento de los ecuatorianos", indicó a SEMANA. Según este conocido columnista, "los movimientos indígenas, afroecuatorianos, montubios, populares se han activado, para una resistencia pacífica, que parece infiltrada por boicoteadores violentos, y sin resaltar una identidad propia, que no se logra con lucir boinas rojas bolivarianas".

Chavistas, puros chavistas

El editor de La Hora y profesor universitario Simón Espinosa Jalil, fue más allá: "Los 'bolivarianos-alfaristas' son un clon de sus colegas venezolanos, tanto en la indumentaria como en su desprecio profundo por el estado de derecho, la 'democracia burguesa' y la iniciativa privada. Nadie sabe de qué viven (aunque todos lo sospechan), porque no tienen trabajo fijo. Se los puede catalogar como agitadores profesionales, al acecho de cualquier oportunidad para polarizar a la sociedad ecuatoriana y propiciar el 'socialismo del siglo XXI", manifestó a SEMANA.

Y añadió: "Se dicen nacionalistas y soberanos, pero no les importa estar al servicio de un país extranjero, aunque seguramente lo justifican con el argumento de la nación bolivariana. Si eso fuera cierto, sería incomprensible su odio visceral a Colombia. Por eso, es mentira que sean nacionalistas. Son, pura y simplemente, chavistas". Los ecuatorianos, de todos modos, están cansados de vivir en la inestabilidad y la corrupción. Ojalá la agitación reinante no se convierta para el gobierno de Rafael Correa en una especie de bumerán, como ya ha ocurrido en casi todos los gobiernos anteriores.

Mientras tanto, Hugo Chávez está presto a ayudar.
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