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| 4/21/2007 12:00:00 AM

¿Tras los pasos de Chávez?

El triunfo del Sí en la consulta popular para crear una Asamblea Constituyente abre un nuevo capítulo lleno de incertidumbre en la política ecuatoriana.

El aplastante triunfo del presidente ecuatoriano Rafael Correa, al lograr que el 81,7 por ciento de los electores votaran a favor de una Asamblea Constituyente, apuntala su poder a sólo tres meses de haber asumido el mandato. No obstante, la debilitada oposición asegura que la democracia está en grave riesgo. A pesar de que el mandatario insiste en que no se deben hacer comparaciones, sus críticos continúan viéndolo como el más fiel seguidor de Hugo Chávez. "Es evidente que Ecuador entró en un proceso muy similar al de Venezuela. Al igual que en ese país, Correa gana en las urnas, controla los tribunales y amedrenta a empresarios, periodistas y oposición", manifestó a SEMANA el ex ministro de Gobierno Vladimiro Álvarez, también catedrático de la Universidad Católica de Guayaquil.

Pero, para Correa, el triunfo del Sí demostró que "el pueblo ecuatoriano dejó atrás el miedo", que propagó la oposición vinculando el plebiscito con el modelo chavista. "Mi gobierno tiene un proyecto de ecuatorianos para ecuatorianos y en nada se parece al de Chávez", replica sin cesar a sus detractores.

Estos no se cansan de definir el régimen como "populista" y "caudillista", y advierten que los movimientos políticos han actuado con ingenuidad y torpeza. "Este gobierno no sólo es de izquierda, sino que pertenece al socialismo arcaico, tiene tintes neofascistas, y en esta consulta ha sido el único vencedor", dijo a SEMANA el ex presidente democristiano Osvaldo Hurtado, que lideró la campaña por el No. "Está claro que el objetivo del jefe de Estado es conseguir el poder absoluto e imponer una Constitución a su medida", enfatizó.

Por su parte, Jorge Vivanco, subdirector del diario Expreso, estimó que el resultado de la consulta popular "no sólo constituye un pronunciamiento masivo del pueblo, sino que fue también contra la mentira en la política. Fue un repudio a la partidocracia, esto es, al sistema por el cual ciertos grupos se apoderan del membrete de los partidos para repartirse el poder". El respaldo popular de más del 80 por ciento, nunca antes visto en Ecuador, ha demostrado que la mayoría de la población no cree en los partidos tradicionales. Por ello, a cualquier persona que se le pregunte en la calle qué es lo que espera de la Asamblea Constituyente, responde: "Que se vayan las ratas del Congreso y que a sus jefes los metan a la cárcel".

De todos modos, la revolución que Correa quiere "para colocar a Ecuador en el socialismo del siglo XXI" no va a ser fácil. Antes de seis meses, los ecuatorianos deberán votar para elegir a 130 asambleistas encargados de elaborar la nueva Carta Magna. Posteriormente se convocará otro referendo para la aprobación de la Constitución que, según el Presidente, debe recortar los poderes parlamentarios, despolitizar los tribunales e insistir en la nacionalización de los recursos.

Mientras tanto funcionan dos congresos. Uno legal, que sesiona en la sede del Parlamento, y otro que conforma el grupo de 57 diputados destituidos, quienes se reúnen en diversos hoteles. Lo irónico es que, a pesar de que intentaron impedir la realización de la consulta popular y se mostraron en contra de la Constituyente, ahora los partidos de oposición se desesperan por participar en las elecciones.

Varios candidatos han pensado en ideas para proponer en la Constituyente. Pierina Correa, hermana del jefe de Estado, reveló a la agencia EFE que va a proponer la reelección presidencial inmediata. Esto inquieta a la oposición, que teme que Correa aproveche la Asamblea para perpetuarse en el poder. La instauración de Asambleas Constituyentes ha sido una fórmula utilizada por líderes socialistas de la región, como Chávez y Evo Morales, para transformar el Estado con el objetivo de consolidar su poder.

El triunfo ha autorizado a Correa a refundar Ecuador, una nación campeona en corrupción y desigualdades. El asunto es que todos los presidentes ecuatorianos de los últimos 10 años han prometido lo mismo y el país, que es el más inestable de la región, ha ido de mal en peor. Es evidente que la Constituyente no resolverá los problemas existentes, pero la diferencia es que la ciudadanía está más comprometida que nunca con el cambio político.
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