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| 5/12/2011 2:00:00 PM

Tras el terremoto, centenares de inmigrantes deambulan por Lorca

Cerca del 20% de la población son inmigrantes, la mayoría de ellos ecuatorianos que han llegado en los últimos diez años. Muchos de ellos duermen en la calle tras la tragedia del miércoles.

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BBC
Entre el polvo y el ladrillo molido que siguió al terremoto de Lorca, en España, el ecuatoriano Luis Ochoa comenzó a reconocer en las esquinas los rostros de sus compatriotas.
 
"Somos miles los que hemos llegado a Lorca a trabajar en la construcción o en las cosechas. La crisis nos ha golpeado mucho, la gente vive al límite. Teníamos la esperanza de que pasara algo, pero nunca un terremoto", comenta a BBC Mundo.
 
Cerca del 20% de la población de Lorca son inmigrantes, la mayoría de ellos ecuatorianos que han llegado en los últimos diez años. Ninguna de las ocho víctimas mortales es de esta nacionalidad, pero sí las largas colas de familias que duermen en la calle a la intemperie y que no tienen nada, salvo lo que llevan encima. 
 
El consulado ecuatoriano en Murcia ha notificado un herido mientras reúne más información de los afectados.
 
De momento, por la ciudad deambulan miles de damnificados (cerca de 20.000, según algunos medios, el mismo número que de inmigrantes) que no saben si tienen que volver a dormir en la calle.
 
"La crisis se está cebando con España y con la clase inmigrante. Las familias no pueden entrar en las casas porque las autoridades lo han prohibido, duermen en la calle como pueden. En el campo de Santa Quiteria, donde nos reunimos para jugar al voley o comer, hay cientos de familias", detalla Ochoa, presidente de la Asociación de Inmigrantes Intiraymi que colabora en la repartición de alimentos y ayudas.
 
El terremoto lo agarró en una cuarta planta, sobre un centro para la tercera edad. "Fue brutal. Desde el suelo venía un movimiento como si fuese una ola y luego todo comenzó a desmoronarse. Las calles y casas de la Lorca antigua están casi destruidas", se lamenta mientras recuerda los atractivos que despertaba la ciudad y la región a sus paisanos.
 
"Muchos son campesinos o indígenas de entornos rurales y Lorca les recordaba a su tierra. En los últimos años han llegado arquitectos, enfermeras, profesionales a trabajar en la recogida de la fruta o del cuidado de pollos. Pagan unos US$5 la hora y a veces ni pagan porque el dueño de la empresa desaparece", detalla Ochoa.
 
"La situación es crítica, desesperante. Hay familias que no tienen para el arriendo ni para alimentos. Necesitan ayuda, y no sólo económica, también sicológica", agrega.

La ruta del desempleo
 
La quiteña Leidi Pishisaca llegó a Lorca después de intentar encontrar un trabajo en Madrid. "Soy enfermera. Hice varias especializaciones en geriatría pero no pude encontrar nada. Y eso que me dijeron que era un sector con demanda. Mi novio y yo decidimos venir a Lorca a trabajar en la cosecha", comenta a BBC Mundo.
 
Leidi es una de las damnificadas que han pasado la noche en la calle.
 
"No podemos entrar y además no sería capaz de dormir tranquila en un edificio lleno de grietas. Aquí nos ayudamos entre todos y afortundamente no es invierno. Podríamos pagar un hotel, pero nos fundiríamos los pocos ahorros que tenemos", añade molesta.
 
"Parece que la crisis nos siguiera. Seguramente regresaremos a Ecuador, pero no quiero volver con esta sensación de frustración", subraya.
 
Desde Totana, localidad cercana a Lorca señalada como epicentro del terremoto, la ecuatoriana Gladys Camas ve cómo desfilan decenas de ambulancias entre Lorca y Murcia.
 
"No sabía que estábamos en una zona sísmica. En Ecuador sí viví algún temblor, pero nunca como este. Ahora tengo mucho miedo de seguir viviendo aquí", detalla la mujer que además coordina una asociación de mujeres ecuatorianas.
 
"Españoles y ecuatorianos nos echamos la mano en este terremoto y en el otro, el de la crisis. En mi caso, quiero aguantar unos años pero luego regresar. Aquí sólo nos dedicamos a trabajar y trabajar y dejamos a nuestros niños solos", detalla apresudarada mientras señala que se dirige hacia el Recinto ferial de Santa Quiteria.
 
Allí queda el epicentro de la comunidad ecuatoriana en Lorca. "Allí nos reunimos a jugar, a probar nuestros hornados, a escuchar música, a intercambiar cosas. Ahora tenemos que reunirnos, darnos apoyo", apunta.

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