Martes, 17 de enero de 2017

| 1993/08/23 00:00

Treinta años preso

Llega a Miami Mario Chanes de Armas, quien ostenta el récord de haber sido el preso político más antiguo del mundo.

Treinta años preso

CUBA Treinta años preso
CUANDO MARIO CHANES de Armas fue arrestado en Cuba en 1961, le dijo a su esposa que se divorciaran porque ella no podía estar casada con un hombre a quien no vería por mucho tiempo. Chanes parecía conocer su destino. Treinta años después batió el cruel record de ser el prisionero político más antiguo de Cuba, tal vez de Lationamérica y quizá del mundo.
Condenado por conspirar contra la vida de Fidel Castro, su ex compañero de revolución y con quien luchó hombro a hombro en el asalto del Cuartel Moncada, Chanes pasó 30 años en las cárceles cubanas vestido con sólo calzoncillos, el uniforme de su protesta.
Hace dos años fue liberado, pero sus trámites para salir de la isla se trabaron en la burocracia cubana.
Finalmente, el sábado pasado, con 67 años, Chanes contrajo de nuevo matrimonio con su esposa Caridad, en La Habana, y el miércoles llegó a Miami como un héroe.
Sus antiguos compañeros de prisión, que se han ido envejeciendo en los clubes de dominó de la calle Ocho de Miami, en las reuniones de los grupos, grupúsculos y grupitos de exilio cubano formados para discutir cómo eliminar el socialismo de Cuba, salieron a recibirlo llorando al aeropuerto. Pese a que llevaba dos años fuera de las prisiones cubanas, Chanes saludó a la multitud que le recibió exclamando que por fin era libre.
"He dejado a Cuba destruída -dijo Chanes-. Castro no es un dictador, es un tirano". Al día siguiente el anciano declaró a la prensa que a veces no quiere ni hablar de Cuba. Pero eso es imposible en una ciudad de exiliados ansiosos por saber qué piensa un hombre como él de los efectos del embargo económico, de las alternativas de los cubanos y de los temas que todos los días, se discuten en la radio cubana de Miami.
Chanes dice que se debe hacer todo lo posible para que la solución no sea violenta."Ya hace 40 años que se está derramando sangre. Pero mientras Castro exista no creo que haya una solución civilizada". Los problemas del país, según Chanes, no tienen que ver con el embargo de Estados Unidos. "No creo que ninguna ley nacional o extranjera influya en lo que está sufriendo nuestro pueblo, un pueblo que está sufriendo una gran humillación de hacer el papel de limosnero", dijo.
Mientras caminaba por un centro comercial el jueves, Chanes era abordado por cubanos que lo reconocían, lo abrazaban y le daban la bienvenida "a la libertad". En la tarde, Castro le dio la bienvenida a su manera. Mientras Chanes hablaba para Radio Mambi, una potente emisora de la ciudad, que se escucha en algunos lugares de la isla, las ondas fueron interferidas por señales de radio de Cuba que transmitían alabanzas a la revolución cubana. Treinta años de prisión no fueron un desperdicio, agregó. El único tiempo que considera perdido fue el que gastó luchando junto a Fidel.
Chanes, condenado en la causa 556 de 1961, fue uno de los asaltantes del Cuartel Moncada en Santiago de Cuba el 26 de julio de 1953. Esta acción, encabezada por Castro, dio origen al movimiento que más tarde derrocó a la dictadura de Fulgencio Batista. Junto a Castro, Chanes se embarcó en el yate Granma que salió de Tuxpan, México, y desembarcó en Cuba el 2 de diciembre de 1956. Tras el fracaso inicial de la expedición, pasó a la lucha clandestina en La Habana, siendo jefe de uno de los grupos de acción y sabotaje que operó en la capital cubana hasta el triunfo de la revolución en enero de 1959.
Desde que fue arrestado el 17 de julio de 1961, Chanes negó cargos en su contra de haber planeado un complot para asesinar a Castro. En la cárcel se rebeló contra los programas de rehabilitación y educación y pasó a formar parte de un grupo de prisioneros políticos llamados "plantados históricos", que se negaban, entre otras cosas, a ponerse el uniforme de los presos comunes.
Chanes no salió ni siquiera para el funeral de su hijo que murió a los 22 años. El gobierno le exigía ponerse el uniforme de presidiario si quería ir al velorio por una hora. -

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