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| 10/29/1990 12:00:00 AM

TRES, DOS, UNO...

Para la mayoría de los observadores, a partir de ahora la guerra del golfo Pérsico puede estallar en cualquier momento.

La a guerra puede estallar cualquier día, en cualquier momento", dijo en su discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas el ministro de Relaciones Exteriores de la Unión Soviética Eduard Shevardnadze el martes. La advertencia de Shevardnadze coincidía con la de la mayoría de los observadores, para quienes la cuestión de si habría o no guerra había sido opacada por otra mucho más angustiosa: ¿Cuándo?
El panorama acabó por oscurecerse tras la agresión que soldados iraquíes llevaron a cabo contra la embajada francesa en Bagdad. El atropello hizo que el gobierno de Saddam Hussein anunciara que presentaría disculpas al francés, pero el daño estaba hecho. Para los franceses, el ataque estaba lejos de ser un error, como lo aseguró la cancillería iraquí, y más bien estaba destinada a calibrar la reacción europea.

Si esa era o no la intención de Saddam, es difícil saberlo. Pero lo cierto es que Francia no sólo no dejó pasar inadvertido el acto de agresión, sino que propició la convocatoria de la reunión del Consejo de Seguridad para ampliar el bloqueo económico y prohibir el tráfico aéreo de carga desde o hacia Irak.

Por eso, el mismo martes en que Shevardnadze hizo sus advertencias a Irak, el soviético presidió una crucial sesión del Consejo de Seguridad, en la que de los 15 países miembros, 13 estaban representados por sus respectivos cancilleres. Allí, con los votos afirmativos de todos ellos, salvo el de Cuba, el bloqueo aéreo se convirtió en una realidad.

La mayoría de los observadores coincide, sin embargo, en que la nueva sanción tiene un carácter fundamentalmente simbólico, puesto que el tráfico aéreo de Irak ya había llegado casi a un punto muerto. La nueva resolución obliga a todos los miembros de la ONU a cerrar su espacio aéreo a los vuelos de Irak, salvo los casos específicamente autorizados por el Consejo de Seguridad. Los Estados podrán interceptar los vuelos sospechosos y ordenarles aterrizar, pero les está prohibido el derribo de aeronaves, aun si se considera que están violando el bloqueo.

Lo que sí deben hacer las autoridades aeronáuticas locales es detener en sus aeropuertos a los aviones iraquíes, e impedirles operar desde ellos. La idea es evitar también que el país de Saddam obtenga ingresos mediante la prestación del servicio de transporte aéreo a terceros. Y para que no quedaran dudas, el texto contiene sanciones para los paises que lleven a cabo cualquier acto de comercio con Irak.
Pero la parte del texto que causó mayor impacto fue la final. Allí, el Conseja de Seguridad advirtió a Irak que su negativa a retirarse de Kuwait "podría conducir a acciones más fuertes del Consejo de acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas, incluido el Capítulo VII".
Esa sección del documento constitutivo del máximo organismo internacional del mundo permite, cuando sea necesario, el uso de la fuerza militar para asegurar el cumplimiento de sus órdenes.

Con el telón de fondo de la visita que el presidente sirio Haffez Assad hizo a Teherán, para reunirse con su aliado iraní Hashemi Rafsanjani y clamar por el retiro de Irak,"para que los soldados extranjeros salgan de la región", el presidente Saddam Hussein reaccionó en farma violenta contra la nueva resolución de la ONU. A sus amenazas de destruir los pozos petrolíferos de la región, Hussein agregó la de colgar a todos los estadounidenses no diplomáticos que se encontraran refugiados en la embajada norteamericana en Bagdad, y anunció que a partir del 1° de octubre, los extranjeros que permanecían en el país no tendrían suministro de alimentos. El presidente de la Asamblea Nacional Iraquí, Saadi Mahdi Saleh fue más lejos, al afimar que la resolución implicaba "una declaración de guerra de acuerdo con el derecho internacional" .

Hacia el abismo
En esas condiciones, una lógiea inexorable, la de la guerra, pareee haber tomado por asalto las conciencias de los dirigentes involucrados. Tanto Saddam Hussein como su arehienemigo George Bush se han puesto en una posición de la que difícilmente podrían dar marcha atrás. El líder iraquí, a todas luces, no puede abandonar Kuwait con las manos vacías, porque si lo hace, se cae, y si se cae, muere. Bush, por su parte, ha llegado al punto en que sólo podría sacar el cuerpo aceptando la tan reclamada "solución árabe", en la que Saddam conseguiría algunas conecciones, como un par de islas kuwailíes, la corrida de unos cuantos kilómetros de frontera (para ganarse algunos pozos pelrolíferos), entre otras, a cambio de abandonar Kuwait.
Pero cualquier esfuerzo por hacer pasar esa salida como una victoria norteamericana sería inútil, porque esa sería, a ojos de todo el mundo, una victoria de Saddam Hussein.

En su caso, el destino de Bush no sería tal vez la muerte, pero sí el de haber conducido a Estados Unidos a una gran derrota. Porque pondría en entredicho no sólo la posición de Estados Unidos como superpolencia sino la amistad de sus clientes árabes. Todo ello lleva, inexorablemenle, a concluir que la única salida posible para la crisis del golfo Persico, es la guerra.

En efecto, aun con el cierre del espacio aereo, el bloqueo comercial no parece capaz por sí solo de estrangular a Irak.
cuyas masas se declaran dispuestas a todo, "hasta a comer la arena del desierto", con tal de no rendirse. Pero por otro lado, las fuerzas norteamericanas ya excedieron el tamaño estrictamente necesario para defender a Arabia Saudita.

Frente a frente
Aun si se descartan las apocalípticas visiones de Saddam, quien en su mensaje televisado al público norteamericano anunció un "abismo sin fondo" en caso de iniciarse la guerra, todo indica que el enfrentamiento sería extremadamenle violento. Cuando termine la movilización, las inmediaciones de la frontera entre Arabia Saudita y Kuwait albergarán a más de 700 mil soldados de ambos bandos, capaces de mirarse frente a frente a través de decenas de kilómetros de visibilidad casi ilimitada.

Las fuerzas acumuladas del lado de los norteamericanos confían sobre todo en la superioridad técnica de sus equipos. Pero éstos, aunque disponen de la tecnología más avanzada, no han sido probados en balalla. La fortaleza de Saddam reside más bien en el enorme número de soldados y tanques que Irak está en capacidad de movilizar inmediatamente. Los servicios de inteligencia occidentales consideran que por lo menos 365.000 soldados iraquíes han sido trasladados a Kuwait,pero se trata de una cifra que podría incrementarse en unos pocos días.

La Guardia Republicana de Irak, que comprende las mejores divisiones del ejército de Bagdad, ha sido trasladada a la retaguardia tras protagonizar la invasión, mientras la frontera propiamente dicha está guardada por lo pronto por contingentes de reclutas. De los 140 mil hombres que comprende ese cuerpo de élite, 80.000 se mantienen en la frontera entre Irak y Kuwait, mientras el resto permanece en los alrededores de Bagdad, como protección para la capital y para el propio Saddam.

Los iraquíes, por otro lado, han instalado lanza misiles móviles en todo el territorio de Kuwait, equipados con los mortíferos Scud-B, de fabricación estadounidense, que aunque no son muy precisos, tienen un enorme efecto sicológico.

Del lado saudita de la frontera, las fuerzas aliadas han dividido la Provincia Oriental y otros sectores del país en áreas de responsabilidad, mientras las tropas que permanecen directamente frente a la frontera, están integradas por los países árabes alineados con los occidentales en el conflicto. Las primeras unidades norteamericanas, esto es, los marines y la División Mecanizada No. 24, están situadas a unos 80 kilómetros de la frontera, en posición de defender las refinerías y los puenos más importantes.
Los militares norteamericanos esperan tener unos 200.000 soldados cuando termine la movilización, mientras los británicos han aportado, además de decenas de aviones de ataque y caza, la división blindada "Ratas del desierto", integrada por unos 6.000 efectivos. Los contingentes franceses ascienden a 13.000 soldados, pero París anunció el envío de 4.000 más.

Los sauditas,por su parte, tienen unos 70.000 efectivos mientras adelantan una frenética labor de reclutamiento. Egipto ha ofrecido enviar hasta 30.000 soldados, y el gobierno sirio ha prometido unos 18.000. Los paquistanes son 5.000, al igual que los de Bangladesh; los marroquies 1.200 y las tropas de exiliados kuwaitres, 8.000. Aunque los expertos estiman que la movilización sólo estaria completa en dos meses, lo cierto es que la ventaja numérica de Irak desciende con cada día que pasa.

Por eso, el ambiente de combate es cada vez más ostensible. Los enviados de los medios reportan la presencia en las carreteras sauditas de largas colas de camiones militares cargados con tanques o con vituallas, mientras los helicópteros y los jets de combate se entrecruzan con los grandes aviones de transporte. Los restaurantes y los hoteles, atestados de personal uniformado, parecen más bien casinos de oficiales.

Todo indica que a partir de este momento, cuando han cesado virtualmente los vuelos de evacuación de extranjeros, y termina la época de mayor calor diurno, las condiciones están dadas para el estallido del conflicto.

Para los expertos, el combate debería iniciarse en la noche, por lo que el equipo de visión nocturna adquiere una importancia crucial. En esto también tendrían alguna ventaja los iraquíes, tras 8 años de librar combates de ese estilo contra sus enemigos de entonces, los iraníes.

Atacar o no atacar
Si bien las violentas amenazas de Saddam Hussein se presentan casi todos los días, las de Estados Unidos, expresadas en tono menor, no son menos intimidantes. El secretario de Estado James Baker, admitió el domingo anterior que su país podría iniciar las hostilidades, para "resolver de una vez por todas la crisis del golfo" .

Los medios de comunicación norteamericanos y en especial el periódico The Washington Post han revelado algunos posibles escenarios para esa acción militar, de los cuales el más probable es el que plantea cuatro frentes simultáneos, dirigidos a evitar que la Guardia Republicana se agrupe contra la eventual invasión.

Sin embargo, esos planes tropiezan con grandes dificultades operativas. La primera, y tal vez la más sensible, se plantea por la autorización que tanto Turquia como Jordania deberían otorgar para el paso de las tropas norteamericanas por su territorio. Eso, en el caso de la segunda, parece por lo menos, muy difícil. Jordania ha sido una fiel aliada de Irak en el pasado, su población está firmemente de ese lado, y el país dispone de un poderoso ejército. Pero los norteamericanos piensan que, una vez comprobado el fracaso del bloqueo comercial, los jordanos no podrían resistir la presión internacional, y, ante todo, la permanencia del rey Hussein en el poder podría quedar en entredicho.
La acción en frentes múltiples trataría también de explotar la debilidad de las fuerzas iraquíes en materia de suministros, y las características del terreno, que no permite el emplazamiento de grandes depósitos secretos. La preocupación de los militares occidentales, sin embargo, es que para resistir, los iraquíes decidan establecer una defensa basada en la construcción de grandes barreras escalonadas, que no podrían ser destruidas mediante los ataques de aviación y que requerirían la lucha cuerpo a cuerpo, con una alta cuota de pérdidas personales.
Dada la superioridad numérica, esa serSa una ventaja considerable para Saddam.
Pero casi todos los analistas occidentales piensan que, a la larga, la confrontación terminaría en la derrota iraquí, aunque a unos costos incalculables en vidas y en instalaciones petroleras.

Con todo, existen muchas dificultades para que los norteamericanos inicien las hostilidades a corto plazo. La razón es que con el gran número de países involucrados, el problema del comanda conjunto y la coordinación táctica podría tardar meses en ser resueltos, para no hablar de la unanimidad política que se requeriría.

Eso dejaría la pelota en el lado de Saddam, cuyo temperamento impredecible hace que cualquier análisis se vuelva especulativo. Tan poco se sabe de sus procedimientos, que aunque los servicios de inteligencia occidentales conocían desde meses atrás que Irak estaba preparando la invasión a Kuwait, por lo visto no creyeron que la cosa fuera en serio. La propia embajadora norteamericana en Bagdad, April Glaspie, siguiendo órdenes de su gobierno, nunca comunicó a Saddam que Washington se opondría a las acciones de éste contra Kuwait, una actitud motivada, aparentemente, por el convencimiento oficial de que el iraquí jamás llegarla a invadir a su vecino. La incredulidad de los norteamericanos, disfrazada de indiferencia, podría haber incluso entusiasmado al invasor.

Con esos antecedentes, no es raro que casi nadie se atreva a hacer predicciones sobre el nuevo movimiento de Saddam.
Hay quienes creen que espera un casus belli por ejemplo algún incidente relacionado con el bloqueo aéreo que le permita atacar con justificación. Pero también hay quienes opinan, como el canciller italiano Gianni de Michelis, que "el mundo debe prepararse a un prolongado cerco a Irak, para forzarlo a abandonar Kuwait".

De Nostradamus a Saddam
Michel de Nostradamus es el hombre que está haciendo temblar a más de uno. Los escritos que dejó a su hijo, en lenguaje simbólico y barajados como las cartas de un naipe, han sido objeto de variadas interpretaciones. Si no fuera porque predijo el asesinato de los hermanos Kermedy, la Guerra Civil española, la Revolución francesa y muchos otros eventos históricos, nadie tomaría en cuenta sus oscuras predicciones para los años por venir.

En momentos en los cuales la paz mundial es amenazada por Saddam Hussein, las profecías de Nostradamus han cobrado un nuevo interés. Las interpretaciones que se han hecho de sus escritos predicen una tercera guerra mundial que devastará a la humanidad en la década de los 90, y durará alrededor de 25 años. El enfrentamiento lo provocaría el que sería el tercer anticristo, un hombre de turbante azul que rinde culto a Mahoma y que se apoderará de una zona estratégica de riqueza.

En los escritos de Nostradamus abundan las referencias al siglo XX. En ellos se habla de dos "colosos" que polarizarán el interés del mundo,que podrían ser la Unión Soviética y los Estados Unidos. Nostradamus predice que los dos grandes se unirán por encima de sus diferencias, para luchar contra un enemigo musulmán.

Una de las más elocuentes estrofas acerca de lo que podría ser asociado a los actuales acontecimientos en Medio Oriente advierte:
"Elegido será Zorro sin sonar Tiranizar después tanto de un golpe Poniendo el pie a los más grandes en la garganta."
Esta estrofa ha sido analizada como el vaticinio del golpe de estado que llevó a Saddam Hussein al poder y luego, tras reformar la Constitución, le permitió hacerse elegir. La opresión al pueblo iraquí comenzó desde su ascenso al poder. Finalmente, la garganta de los más grandes puede ser una alusión al estrecho de Ormuz, zona estratégica del tráfico petrolero, y que Hussein ha utilizado para presionar a Occidente.

Como un grifo de Rey de Europa vendrá, Acompañado por aquellos del Aguila.

De rojos y blancos una gran armada Marchará contra el Rey de Babilonia.
En esta estrofa, los estudiosos han visto que Europa se unirá a los Estados Unidos (cuyo símbolo es el águila). En una armada compuesta de 'rojos' y 'blancos', que puede ser el del mundo comunista y el católico, lucharán contra el Rey de Irak, que corresponde a la antigua Babilonia.

Pero no solamente Michel de Nostradamus cometió algunos errores en sus predicciones al asegurar, por ejemplo, que el desembarco aliado durante la Segunda Guerra Mundial se produciría en Aquitania y no en Normandia como en realidad sucedió, sino que los estudiosos advierten sobre el margen considerable de relatividad en las fechas que propone. Porque a Nostradamus además, se le ha interpretado siempre después de los hechos.
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