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| 1/17/1983 12:00:00 AM

TRIANGULO SINIESTRO

Las declaraciones de Agca sobre la "pista búlgara" descubren una extraña red que involucra a los servicios secretos de Sofía, la mafia turca y a las Brigadas Rojas italianas.

A pesar de la prudencia que vienen exigiendo los jueces y el gobierno italianos, la prensa y la mayoría de la clase política del país están acusando abiertamente a Bulgaria, y a través de ella a la KGB de la Unión Soviética, de ser los responsables del atentado contra el Papa y del terrorismo que sacude a Italia desde hace más de lO años.
La "pista búlgara" evocada por primera vez desde el 27 de mayo de 1981, catorce días después del atentado, en un informe confidencial enviado por los servicios secretos italianos a la magistratura romana, se ha ido precisando hasta convertirse en un asunto de Estado.
Primero fueron las revelaciones hechas por el terrorista de derecha Mahemet Ali Agca. Este, tras convencerse de que había sido abandonado por sus apoyadores, reveló al juez Mario Martella, en la cárcel de Ascoli Piceno, donde cumple su condena de cadena perpetua, que la conspiración para asesinar al Pontífice fue orquestada en Bulgaria. Agca proporcionó además el nombre de funcionarios búlgaros en Roma, quienes lo habrían secundado en la Plaza San Pedro, en el mismo momento del atentado. Uno de ellos partió recientemente a Bulgaria y el otro es el ya detenido Sergev Ivanos Antonov (Ver SEMANA del 7 al 13 de diciembre).
El terrorista turco afirmó haber residido en 1980 durante 50 días en el hotel más lujoso de Sofía, la capital búlgara. Allí acepto, dijo, la propuesta del "padrino" de la mafia turca, Bechir Selenik, de asesinar al Papa por tres millones de marcos. En esa capital Agca recibió además el pasaporte falso que le permitió viajar por Europa y el norte de Africa con la esperanza de hacer desaparecer los rastros de su estadia en Bulgaria.
Por otra parte, identificó a algunos de los que llamó "la columna búlgara" en Roma: a Antonov, así como a Vassiliev Juelio Kolev, ex secretario de agregado militar de la embajada búlgara en Roma, y a Teodorov Aivazov, cajero de la misma embajada.
SOFIA RESPONDE
El terrorista suministró, además, números de teléfono de ellos (que no figuraban en la guía telefónica) y condujo a los investigadores a los sitios que frecuentó durante los que frecuentó durante los días que precedieron al atentado, y, en particular, ante el domicilio de Antonov, cuyas características interiores y exteriores correspondieron a la descripción detallada que había hecho a las autoridades.
Bulgaria, por su parte, sigue alegando que Antonov estaba en su oficina el día del atentado. Los testimonios de sus compañeros son unánimes en ese sentido. Por otra parte preguntan: ¿Cómo se habrían comprendido sus dos funcionarios con Agca si no hablan ningún idioma en común? ¿Por qué si sus funcionarios eran culpables pemanecieron en Italia?
Esta versión búlgara parece verdadera solo en parte, puesto que, como lo afirma el semanario italiano "L'expresso" todos los personajes implicados, salvo Antonov, volvieron a Bulgaria después de sentir "el olor a quemado" .
Sofía intentó,por otro lado, relacionar el caso de su funcionario con el de los dos turistas detenidos en sus fronteras, el 25 de agosto --por haber rechazado pagar impuestos excesivos sobre algunos artículos que llevaban a Italia-- acusados de espionaje el 12 de septiembre, precisamente el día en que la agencia búlgara de prensa afirmaba en un cable que "no extrañaría si un día por sugerencia de alguien o a cambio de una buena recompensa Ali Agca terminara 'confesando' que los búlgaros le habían confiado la misión de asesinar al Papa" .
Italia calificó de "inadmisible" la propuesta búlgara de tratar los dos casos a nivel político --lo que suponía un canje de "prisioneros"-- y anunció que todo se haría a nivel meramente judicial.
La irritación no fue menos grande después del "arresto" de Bechir Selenik, anunciado por Sofía el 9 de diciembre. En efecto, "la pista Selenik" ha conducido a los investigadores hacía otras relaciones de la mafia turca con grupos armados en Palermo, Milán, Trento, e inclusive, con la mafia siciliana.
La prensa se ha preguntado unánimemente: ¿cómo el "padrino" de la mafia turca, buscado por la Interpol y la policía de su país desde septiembre de 1980, y calificado por la prensa soviética de "agente de la CIA" ha encontrado refugio en Bulgaria?
De hecho, los países europeos parecen haber descubierto lo que en Turquía era conocido desde hace años, gracias a las investigaciones del periodista Ugur Muncu. Interrogado por "Le Monde", Muncu recordó que Selenik y Bulgaria trabajaban juntos desde hace varios años. Recuérdese que Agca recibió de otro turco, Omar Bagci, en Milán, la pistola Browning que se empleó en el atentado. Según Muncu, el tráfico de droga de la mafia sirve para financiar armas que circulan por Bulgaria hacia varias zonas del mundo, el Medio Oriente en particular, por lo que Sofía obtendría de ese comercio el equivalente al 12 o 15% del volúmen de negocios.
La relación de Bulgaria con la "Honorable Sociedad" turca, y la casi certeza que el sindicalista Luigi Scricciolo (Ver recuadro), era un agente doble en contacto con los búlgaros y las Brigadas Rojas ha terminado convenciendo a los italianos de que son víctimas de una tentativa de desestabilización proveniente de Europa Oriental.
TEMORES DEL PAPA
Según una cadena televisiva norteamericana, el mismo Papa hizo eco de estos temores al comunicar su convencimiento en ese sentido, al secretario de Estado George Shultz. Según dicha fuente, Juan Pablo II señaló a Shultz que la KGB soviética estuvo involucrada en el atentado contra su vida, en represalia por su actitud ante el sindicato polaco Solidaridad.
En ese sentido, la respuesta del portavoz del Vaticano, Romeo Pinciroli, calificando de "probable" la revelación hecha por el senador americano Alfonso D'amato, según la cual el Papa habría escrito en 1980 a Breznev para indicarle que, en caso de invasión a Polonia, entraría él para ponerse al lado de su pueblo, ha contribuído a aumentar la tensión.
"Se trata de un complot que arroja una luz definitiva sobre la historia del terrorismo italiano" dijo Bettino Craxi, secretario del Partido Socialista, antes de agregar: "Bulgaria no ha podido actuar sin complicidades ni autorizaciones superiores". Convencido de la culpabilidad de Bulgaria el dirigente socialista exigió, en el periódico "Avanti", que el gobierno actúe con "la mayor energía posible" y criticó su prudencia, posición que fue saludada por el periódico "L'Unita" del Partido Comunista.
"Una democracia tiene el deber no solamente de defender --dice el órgano del PCI-- sino de denunciar ante la opinión pública mundial cualquier recurso a métodos criminales como medio de lucha política".
El PCI es, pues, partidario del debate que se debe llevar a cabo en el parlamento el 20 de diciembre, sobre el atentado y las relaciones de Sofía con los grupos terroristas en Italia. El mismo debate debe efectuarse sobre el papel de la CIA en Italia, exigió el PCI.
A pesar de que se ha dado el llamamiento de embajadores a sus capitales, tanto por parte de Italia como de Bulgaria, el gobierno de Roma ha hecho saber que "no hay crisis diplomática entre los dos países", pero que lo preocupante --como dijera el canciller Emilio Colombo-- es la "implicación de diplomáticos búlgaros en acciones criminales terroristas o ilegales en nuestro país".-
LO QUE VA DE DOZIER A WALESA
El "caso Scricciolo " es otro aspecto del escándalo búlgaro. Ex responsable de las relaciones internacionales de la central sindical socialista italiana, UIL, Luigi Scricciolo fué detenido en enero pasado, luego de que un primo suyo y miembro de las brigadas Rojas lo señalara desde la cárcel como el que había servido de nexo entre esa organización y las autoridades búlgaras. Ante el juez Ferdinando Imposimato, Scricciolo reconoció en los últimos días haber mantenido contactos con cuatro funcionarios de la embajada búlgara en Roma.
Esos contactos habrian estado relacionados, siempre según el testimonio del brigadista Luigi Scricciolo, con el secuestro del general norteamericano James Dozier, capturado en diciembre pasado y liberado 44 días después por un cuerpo especial de los organismos de seguridad italianos.
Según infiltraciones del despacho del juez Imposimato, que se ocupa del caso desde febrero, Luigi Scricciolo habría descrito a la compañía aérea búlgara "Balkan Air", como parte de la estructura para las actividades de espionaje búlgaras. Antonov, detenido el 25 de noviembre con base en las acusaciones en su contra de Agca, era funcionario de dicha aerolínea.
Lo interesante es que Scricciolo, que de hecho era un infiltrado en la UIL y trabajaba allí en favor de las Brigadas Rojas, fue el encargado de garantizar la seguridad de Lech Walesa durante la visita de éste a Italia. De allí ha surgido la hipótesis de que los servicios secretos búlgaros intentaron asesinar también a Walesa. Al menos el diario italiano "La República" asegura que Agca confesó ante el juez Martella que sus contactos búlgaros "le ordenaron asesinar" al dirigente de Solidaridad.
Scricciolo, que también admitió que trabajaba con los servicios secretos búlgaros, no obstante explicó que se negó a colaborar en el hipotético plan de atentado contra Walesa. " Yo no mato amigos " aseguran que dijo.
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