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| 7/25/2004 12:00:00 AM

Triunfo y controversia

El presidente boliviano Carlos Mesa ganó tiempo con el rotundo 'sí' del referéndum sobre la política de hidrocarburos. Pero el país sigue bajo el fantasma de la inestabilidad.

Cuando saludó en Tarija a su colega argentino Néstor Kirchner, la expresión del presidente boliviano Carlos Mesa era la de un hombre que se acaba de quitar un piano de encima. Sólo cinco días antes el mandatario era un hombre que se jugaba sus restos en un referéndum incierto sobre el destino de las vastas reservas de gas natural de su país. Y el jueves, sin perder un minuto, aprovechaba su flamante victoria para firmar con Argentina un convenio de exportación del hidrocarburo con miras a sextuplicar las ventas en el año 2006. El convenio con Argentina, que amplía uno suscrito en abril, contempla profundizar la alianza energética de los dos países, con la posibilidad de instalar una central termoeléctrica en el sur de Bolivia para electrificar esa área y vender los excedentes a Argentina, además de una planta de separación de líquidos para su comercialización con valor agregado en ambos mercados y un plan para masificar el uso del gas natural en los empobrecidos hogares de los bolivianos. Ese panorama tan grandilocuente parecía imposible el sábado 10 de julio, cuando los bolivianos se aprestaban a celebrar el referéndum en medio de oscuros presagios. Incluso se hablaba de la separación del país ante las profundas divergencias entre los indígenas del altiplano, que no aceptan nada menor que la nacionalización absoluta del recurso, y las élites del sur y el oriente del país -donde están localizados los yacimientos-, que sostienen que la exportación a como dé lugar es la única salida a la miseria en que están sumidos millones de bolivianos. Los dirigentes indígenas amenazaban con boicotear la votación, los sindicalistas llamaban a la resistencia civil y los políticos de oposición hacían campaña a favor de votar por el NO en todas las preguntas planteadas por el gobierno. La primera pregunta, referida a la 'abrogación' de la actual Ley de Hidrocarburos, de inspiración neoliberal, promulgada por el anterior gobernante, Gonzalo Sánchez de Losada, obtuvo un apabullante 86,6 por ciento. La segunda: "¿Está usted de acuerdo con la recuperación de la propiedad de los hidrocarburos en boca de pozo para el Estado boliviano?", obtuvo el 92 por ciento, y la tercera, que proponía la refundación de la empresa Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, con la recuperación de la propiedad privatizada, aunque no la expropiación de las petroleras que operan en el país, como pedían los sindicatos, alcanzó el 87 por ciento. En la cuarta pregunta, que puso en juego la política exterior del presidente Mesa al proponer usar el gas como recurso estratégico para recuperar de Chile un acceso al océano Pacífico, se registraron más discrepancias entre los votantes, de los cuales el 57,5 por ciento se pronunciaron a favor del 'sí'. Finalmente en la quinta cuestión, que resume la fórmula ideada por el gobierno para sacar provecho de los recursos energéticos nacionales, con la masificación del consumo doméstico y con un cobro creciente de impuestos y regalías a las empresas hasta llegar al 50 por ciento y la destinación de los dineros en educación, salud, empleos y caminos, el 'sí' se impuso con 64,8 por ciento. Sin embargo, y pese al apoyo, la polémica recién empieza. Mesa llegó al poder como vicepresidente en octubre pasado tras la estrepitosa caída del titular, Gonzalo Sánchez de Losada. Conocido como el 'Goni' o el 'Gringo', Sánchez de Losada cayó por su empecinamiento en exportar el gas natural (del cual Bolivia tiene inexplotadas las segundas reservas de Suramérica, después de Venezuela) por Chile, con destino a Estados Unidos. Las organizaciones indígenas se opusieron a lo que ellas veían como el robo de los recursos por las multinacionales, y a hacer la operación precisamente en un gasoducto por Chile, el país con el que Bolivia perdió su preciada salida al mar en la guerra de 1879. Los disturbios no se hicieron esperar, y murieron varias decenas de civiles ante la represión desatada por la policía y el ejército. Sánchez de Losada tuvo que abandonar precipitadamente Bolivia y exiliarse en el país en el que vivió la mayor parte de su vida, Estados Unidos. En esas condiciones, la gobernabilidad que recibió Mesa era más que precaria, sobre todo por provenir del gobierno de su antecesor. Por eso el nuevo Presidente, consciente de la conflictividad que representa para un país tan pobre como Bolivia estar sentado en un inmenso barril de 70.000 millones de dólares en hidrocarburos, decidió jugársela con un referéndum que le diera legitimidad política y le permitiera disponer de esas inmensas riquezas. Los analistas, tanto los afines como los adversos al gobierno, coinciden en que las preguntas constituyeron la jugada maestra del gobierno de Mesa. La estrategia de la consulta habría conseguido el visto bueno del país para exportar más gas y aplacar al mismo tiempo la oposición con el aumento de la participación estatal en el negocio. Los opositores se quejan de que las preguntas sonaban más a chantaje que a consulta, no aceptan el triunfo del gobierno y se atrincheran para bloquear la aprobación en el Congreso de la nueva ley de hidrocarburos que tendrá que presentar Mesa. La oposición está compuesta por los políticos afines a Sánchez de Losada, por los sindicatos, que pretendían la nacionalización plena de la industria de los hidrocarburos, y por los indígenas del Movimiento al Socialismo (MAS), con Morales a la cabeza, para quienes la formulación misma de las preguntas es una traición al pueblo boliviano. Morales sostiene que el resultado del referendo significa "la nacionalización y la revisión de los contratos con las empresas petroleras transnacionales" y que lo que ha logrado Mesa es sacar adelante la política de su antecesor, vestida con ropajes nuevos. Anunció que el MAS presentará al Congreso un proyecto de ley basado en su interpretación de los resultados del referendo. En el debate es incierta la posición de los partidos políticos que gobernaron con Sánchez, aunque para Mesa el voto en el Parlamento deberá estar sujeto al espíritu de la voluntad popular, expresada en el inequívoco 'sí' del referendo. Pero en el convulsionado ambiente político del país más pobre de Suramérica, nada está dicho. Morales planteó lo que puede venir cuando dijo que "si Mesa no quiere respetar el verdadero resultado del referendo, estaremos en las calles nuevamente para defender el voto del pueblo". Con los antecedentes de octubre, esas son palabras mayores.
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