Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 9/21/2011 12:00:00 AM

Troy Davis y el drama de las ejecuciones en EE.UU.

Los condenados a muerte pasan un promedio de 13 años entre su sentencia y la ejecución. En ocasiones esperan hasta último minuto por un perdón, que en este caso para Davis no llegó.

;
BBC
La imagen se ha vuelto cinematográficamente familiar: un reo, sus familiares y los guardias de una prisión cualquiera de EE.UU. atentos a una llamada telefónica que podría detener la inminente ejecución.
 
Mientras tanto, el reloj señala como se le acaba el tiempo al condenado. A las afueras de la cárcel algunos rezan esperando el perdón, mientras otros lo hacen esperando la ejecución que les traerá la sensación de justicia cumplida.
 
Es el drama que se vio en la película Dead Man Walking de 1995, basada en el libro de la hermana Helen Prejean, en el que se cuenta como fracasan los intentos por lograr la conmutación de la pena a un reo, al que ella creía inocente.

Pero no se trata de ficción, es un drama de la vida real que sufren decenas de presos condenados a muerte que han entrando en el tortuoso proceso de apelaciones para revocar la sentencia que los mantienen en el llamado corredor de la muerte.

Esperanza hasta el final
 
Es difícil de imaginar lo que pasa por la cabeza de una persona que no sabe si seguirá vivo en una, dos, tres horas, al día siguiente, porque espera la palabra de una instancia que pueda salvarlo.

Así sucedió el miércoles con Troy Davis, por cuarta vez en 18 años. Sólo que en esta ocasión los esfuerzos fueron en vano y la decisión salvadora no llegó.

Tras serle negada una suspensión de la ejecución el lunes pasado por parte de la Junta de Perdones de Georgia y una doble negativa de la Corte Suprema del estado a reconsiderar el caso, los abogados de Davis acudieron al máximo tribunal del país.
 
La Corte, en Washington, ordenó la postergación de la ejecución mientras consideraba el caso, el mismo que en 2008 mandó a que fuera revisado por una corte estatal.

Pero cuatro horas después, la Corte informó que negaba la revisión del caso, lo que volvía a reactivar el mecanismo de la ejecución.

Davis había rechazado la que sería su última cena, en un gesto cabalístico que los activistas que apoyaban su causa dijeron que le había traído suerte la veces anteriores que estuvo a punto de serle administrada la inyección fatal.

Sin embargo, no hubo una nueva revisión del caso y Davis fue ejecutado a las 11:08 hora de Atlanta.

En el corredor de la muerte
 
En EE.UU. hay 3.251 personas esperando ser ejecutados. Son los prisioneros que ocupan los llamados corredores de la muerte en cientos de cárceles estatales, según datos del Centro de Información sobre la Pena de Muerte, una organización no gubernamental.

Se estima que, en promedio, los presos condenados a la pena máxima pasan 13 años desde el momento que reciben la sentencia hasta que se da el cumplimiento de la misma.

Todo ese tiempo se consume en un engorroso proceso de apelaciones y contra apelaciones, que en algunas ocasiones termina llegando hasta la Corte Suprema de Justicia en Washington.

Incluso en los casos en los que han agotado completamente el camino judicial, queda el recurso de recibir un perdón in extremis dado por el gobernador del estado, o mucho menos probablemente, del presidente.

De hecho, como dijo este miércoles Jay Carney, el portavoz del presidente Barack Obama, al comentar las solicitudes de clemencia que había recibido la Casa Blanca en el caso de Davis.

"No es apropiado para un presidente de Estados Unidos intervenir en casos específicos como este", sostuvo Carney.

En Washington reconocen cómo los estados defienden celosamente su potestad de administrar sus sistema de justicia, que están sólo supeditados a las decisiones del supremo.

Y es por eso es que la llamada esa de último minuto sólo puede provenir de la casa del gobernador local.

Salvados in extremis
 
Desde que en 1973 se restableció la pena de muerte en EE.UU. 130 condenados han logrado salirse del corredor de la muerte, luego de haber demostrado su inocencia, de acuerdo con datos del Comité Judicial del Congreso estadounidense.

Hasta 1999 el ritmo de exoneraciones era de 3,1 al año, pero desde el 2000 aumentó a las 5 por año, en parte por las mejoras en las técnicas de investigación policial y forense, sobre todo con el creciente empleo del ADN como evidencia.

En la última década, el ritmo de condenas a la pena máxima de 315 en 1996 a 112 en 2010, en buena medida, porque los jurados parecen menos dispuestos a castigar con su vida a una persona.

Otro factor son las consideraciones económicas. Por ejemplo en California, el estado con mayor número de personas esperando ejecución, aplicar la pena de muerte cuesta US$ 114 millones al año más de lo que costaría mantener a esos mismos condenados en prisión de por vida.

Pero, a veces, para las familias de quienes esperan que la ejecución del condenado sea una manera de cerrar su dolor, extender la vida del reo es también un sufrimiento.

"Esto me está matando", usando una selección de palabras algo irónica Anneliese MacPhail, la madre del oficial cuando supo de la suspensión temporal ordenada por la Corte Suprema.

"Para decir la verdad. No se ya que esperar", dijo la señora MacPhail.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1839

PORTADA

Odebrecht: ¡Crecen los tentáculos!

Las nuevas revelaciones del escándalo sacuden al Congreso y al director de la ANI. Con la nueva situación cambia el ajedrez político al comenzar la campaña electoral.