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| 1/7/2017 12:00:00 AM

A México le cayó la roya

A los anuncios de Trump contra su industria automotriz se suman los disturbios y saqueos por el alza de la gasolina, una economía en picada y un presidente con una popularidad por el suelo.

Cinco muertos. Centenares de detenidos. Miles de tiendas saqueadas. Daños por varios millones de euros. Y un país paralizado por decenas de manifestaciones. El alza en los precios de la gasolina tiene a los mexicanos enfurecidos. Y el presidente Enrique Peña Nieto es consciente de la rabia que se ha apoderado de su país. Fue un “cambio difícil”, dijo el miércoles. “Pero no hacerlo hubiera supuesto poner en riesgo la estabilidad económica del país”.

Previsiblemente, sus palabras no calmaron los ánimos. Por un lado, porque el propio Peña Nieto prometió varias veces –la última en 2015– que gracias a su reforma energética el precio del combustible no cambiaría. Por el otro, porque la economía mexicana atraviesa desde hace varios meses por un periodo de turbulencias que se ha reflejado en el aumento del precio de la electricidad, la creciente inflación, los repetidos recortes al gasto público, la escasez de combustible y la constante depreciación del peso.

Y a eso se suman las nuevas declaraciones de Donald Trump, que despacha desde su cuenta de Twitter como un político tercermundista. El viernes en la madrugada el magnate insistió en que los mexicanos pagarán por el “gran muro” que piensa construir desde los primeros meses de su mandato. Desde su victoria el 8 de noviembre, se disparó el envío de remesas desde Estados Unidos a México ante el temor de que el magnate cumpla su promesa de gravarlas para obtener los 5.000 millones de dólares que se calcula cuesta la estructura.

Sin embargo, la situación es crítica no solo para el ciudadano de a pie. También desde su cuenta de Twitter, el magnate les lanzó un desafío proteccionista a General Motors, Ford y a la japonesa Toyota, tres gigantes del sector automotor que producen sus modelos al sur del río Grande. “Devuelvan la producción a Estados Unidos o paguen un fuerte impuesto en la frontera”, dijo en un trino el martes. En efecto, Ford canceló la construcción de una ensambladora de 1.600 millones de dólares en el estado San Luis Potosí, por lo que no se crearán los 2.800 empleos que esa inversión iba a generar.

El ataque a la industria mexicana se debe a varios factores. En primer lugar, se trata de uno de los símbolos históricos del poderío industrial norteamericano, por lo que obligar a las ensambladoras a producir en Estados Unidos es coherente con el discurso nacionalista de Trump. Sin olvidar que esa medida puede tener un efecto dominó y llevar a que otras empresas se lo piensen mejor antes de invertir en otros países.

En segundo, es uno de los sectores que más se han beneficiado con el tratado de libre comercio (TLC) que Estados Unidos firmó con México y Canadá en 1998, y que el presidente electo prometió desmantelar durante su campaña. Como le dijo a SEMANA José Antonio Crespo, analista del Centro de Investigación y Docencia Económicas: “Las consecuencias de esta decisión son imprevisibles y no cabe duda de que el TLC está en peligro”.

Las malas noticias le llegan a un Peña Nieto agobiado por los escándalos de corrupción de su familia y su gobierno, que se reflejan en los peores índices de aceptación de un presidente en la historia reciente de México. Su impopularidad, además, puede seguir cayendo debido al nombramiento a la cabeza de la Cancillería de Luis Videgaray, quien fue el artífice de la visita de Donald Trump al país a finales de agosto.

Aunque una de las lecturas de ese gesto es que el presidente puso a la cabeza de las relaciones exteriores a alguien que ya se ganó la confianza del magnate, muchos mexicanos han visto el nombramiento como una nueva humillación. Entre ellos, el escritor Juan Villoro, que el viernes publicó una dura columna en la que concluye: “La pregunta esencial es: ¿quién gobierna México? La respuesta de Peña Nieto no deja lugar a dudas: Donald Trump”.

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