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| 6/27/2015 10:00:00 PM

Trump y su tragicómica candidatura a la Casa Blanca

Su discurso de ofensas hacia mexicanos y los latinos desató un ‘tsunami’ de reacciones, pero ¿es un mal chiste de la política o un peligro real?

En la campaña presidencial de 1980, Ronald Reagan saltó de las pantallas de Hollywood a la Casa Blanca sirviéndose del lema “Let’s Make America Great Again” (Hagamos de Estados Unidos un gran país de nuevo). Hoy, Donald Trump aspira a dejar atrás las grabaciones de su reality show The Apprentice para catapultarse hacia la presidencia más importante del mundo sirviéndose de uno –casi– idéntico: “Make America Great Again” (Haga de Estados Unidos un gran país de nuevo). Si bien leve, la diferencia es clave. Mientras Reagan invitaba a hacer de Estados Unidos un gran país de nuevo, Trump lo ordena. El tono que caracteriza al más pantallero de los candidatos presidenciales estadounidenses, aparte de plagiado casi en su totalidad, es el de un patrón irresponsable.

Esto quedó más que evidenciado en el acto de lanzamiento de su campaña el 16 de junio pasado, un evento de 45 minutos en la Torre Trump de Nueva York que le pertenece. El magnate de finca raíz, figura de televisión y organizador de concursos de belleza, pronunció un discurso que desafió la lógica en un país donde el voto latino cada vez pesa más. Propuso construir un muro en la frontera con México que los mismos mexicanos pagarían. Basó su propuesta en que México no es amigo de Estados Unidos porque “cuando envía su gente, no envía a su mejor gente. Manda a aquellos con problemas. Traen drogas, traen crimen. Son violadores. Y algunos, asumo, son buenas personas”. El discurso también incluyó puyas a los chinos, al presidente Barack Obama y varios de sus competidores republicanos en la carrera presidencial.

Muchos comentaristas políticos se mofaron del discurso absurdo, describieron la iniciativa presidencial como otra estrategia de marketing personalista de Trump, pero la comunidad latina respondió con reprimendas. La cadena de televisión Univisión, que tenía pactado transmitir por primera vez el concurso de Miss USA en 2015 –organizado por Trump– y esperaba altos ratings, rompió lazos comerciales con el magnate y no transmitirá el evento. El artista colombiano J Balvin, planillado para cantar en el mismo, también se retiró en símbolo de protesta y sacrificó la que iba a ser su primera presentación en televisión abierta estadounidense. A él se unió la cantante y actriz puertorriqueña Roselyn Sánchez, quien iba a ser la presentadora. Tras estas reacciones se alcanzó a discutir, incluso, si Paulina Vega, Miss Universo colombiana, debía renunciar a su corona. Hasta el momento no ha habido pronunciamiento de la barranquillera.

Trump puede pecar de irresponsable e insensato pero no se esconde de las peleas que casa, de hecho, las amplifica. A Univisión le respondió que pensaba demandarlos por incumplimiento de contrato y, para reforzar su enojo, vetó la entrada de sus empleados y directivas al club social Trump National Doral ubicado al lado del canal. También publicó en su cuenta de Instagram una carta que de puño y letra le escribió Jorge Ramos, periodista de Univisión, pidiéndole una entrevista. El millonario quería revelar la ‘doble moral’ de Univisión, que le rogaba por una entrevista después de criticarlo en la opinión pública. Y para J Balvin también hubo respuesta, le replicó que no tenía un contrato firmado y que “ni siquiera era tan bueno”.

Trump ha respondido infantilmente a los ataques recibidos, pero aun así ha tratado de matizar sus declaraciones. En Twitter afirmó: “Adoro México, pero no los acuerdos comerciales injustos que Estados Unidos estúpidamente firma con ellos. Muy malos para los empleos en Estados Unidos solo positivos para México”, y añadió que los medios se habían empecinado en tergiversar sus palabras. Con el pasar de los días el victimario se volvió víctima, pero nadie le cree.

Trump es un empresario hábil que ha tenido éxitos y reveses, pero político no es. A sus 69 años, Forbes avalúa su fortuna en 4.100 millones de dólares y lo ubica en el lugar 431 de los más ricos del planeta. Pero, en su discurso afirmó que su fortuna asciende a 8.700 millones de dólares. Él dice que los políticos son pura charla y él es acción, él se vende, se infla, pero a la hora de la verdad es difícil pensar que será más que un divertimento polémico en estas elecciones.
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