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| 10/19/2011 12:00:00 AM

Túnez, llama de las sublevaciones árabes, cede el testigo a las urnas

El hecho de que la deprimida situación económica, origen de las revueltas, haya empeorado, ha hecho que muchos tunecinos hayan expresado su descontento y desinterés.

El próximo 23 de octubre, diez meses y siete días después de que el joven Mohamed Bouazizi se prendiera fuego para condenar la injusticia del régimen de Zin el Abidin ben Alí, los tunecinos acudirán a las urnas para participar en unos comicios históricos: la elección de una Asamblea Constituyente.

La sublevación popular que se desató tras el acto de rabia de Bouazizi el pasado diciembre se extendió imparable por todo el país hasta que finalmente, el 14 de enero, un impotente Ben Alí abandonó el país después de presenciar atónito cómo el Ejército se negaba a reprimir las protestas.

Desde entonces, el descontento popular no ha cesado y su determinación por avanzar hacia una sociedad más justa y democrática ha forzado la dimisión de dos gobiernos transitorios, y obligó a la formación de un órgano para la defensa de los objetivos de la revolución, las reformas y la transición política.

Comenzaba un proceso de cambio en continuo progreso, plagado de retos y dificultades. Un proceso a cuya difusión habían contribuido los sindicatos de trabajadores como la Unión General de Trabajadores Tunecinos (UGTT), las redes sociales de Internet y los canales de televisión árabes.

Los comicios se fijaron en un primer momento para el 24 de julio, pero la falta de tiempo "para renovar y actualizar el censo electoral", como denunció la Instancia Superior Independiente para las Elecciones (ISIE), así como para que las formaciones políticas se prepararan, convenció al Gobierno para posponerlos.

En todo este periodo y hasta el arranque de la campaña el pasado 1 de octubre se registraron 1.521 listas electorales, 827 de partidos políticos, 660 de independientes y 34 de coaliciones.

Entre este gran número de agrupaciones y candidatos destacan varios nombres, muchos de ellos más por su tradición política que por su peso, como el Partido Democrático Progresista de Nayib Chebbi, los socialistas del Forúm Democrático por el Trabajo y las Libertades (FDTL), el marxista Partido de los Obreros Comunistas Tunecinos (POCT) o el islamista moderado Al Nahda.

Este último, dirigido por el histórico líder Rachid Gannuchi, parte como uno de los favoritos, como quedó patente el 30 de enero, cuando miles de personas acudieron al aeropuerto de Túnez para recibir al carismático dirigente que había vivido 21 años en el exilio.

No obstante, la legalización de esta agrupación y el retorno y la liberación de personalidades islamistas tras la caída de Ben Alí, si bien ha sido vista por algunos como un avance en el proceso democrático, otros lo consideran un peligro potencial para la tradición laica del país.

Todos juegan ahora con las mismas reglas dictadas por el ISIE que ha impuesto normas estrictas, como prohibir la concesión de entrevistas a los candidatos para evitar que las agrupaciones con más medios tomen ventaja sobre las más modestas.

Sin embargo, este avance de las libertades políticas e incluso de los derechos humanos, no ha podido evitar que la inestabilidad que ha acompañado las revueltas haya causado un drástico empeoramiento de las perspectivas económicas.

Así lo reconocía el pasado agosto el portavoz del Ministerio de Finanzas, Jamel Belhaj, que indicó que la economía había experimentado un "crecimiento negativo del 3 por ciento" en los seis primeros meses de 2011 "a causa de la regresión del 50% de los ingresos del sector turístico y de la producción industrial".

El hecho de que la deprimida situación económica, origen de las revueltas, haya empeorado, unido a la multiplicación de partidos y candidatos, cuyos programas no han terminado de llegar al público, ha hecho que muchos hayan expresado su descontento y desinterés.

Según una encuesta elaborada el pasado septiembre por el Instituto de Sondeo y Tratamiento de Información Estadística, más de la mitad de la población tunecina juzgaba "incomprensible" la situación del país y se mostraba descontenta con la situación económica y social.

Asimismo, el estudio contemplaba que dos tercios de los encuestados no habían decidido a que fuerza política votarían y opinaban que los partidos políticos no los representaban.

En esta línea, el pasado sábado, una decena de grupos minoritarios de izquierda se unieron para pedir la abstención por considerar que los aspectos socio-económicos han sido olvidados y que el antiguo régimen continúa controlando amplios sectores, como los medios de información o el Ministerio de Interior.

Algunos temen que este desinterés afecte a la participación en los primeros comicios de la primavera árabe, de los que saldrá una asamblea que deberá diseñar el modelo político del nuevo Túnez y satisfacer las aspiraciones de su pueblo.

EFE
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