Viernes, 2 de diciembre de 2016

| 2016/06/11 00:00

Turquía asusta a los turistas

El terrorismo, las acciones dictatoriales del presidente Erdogan y las tensas relaciones con la Rusia de Vladimir Putin echaron a pique el turismo de Estambul y prometen llevarse por delante la economía del país.

Recep Tayyip Erdogan. Foto: A.F.P.

El aire místico y milenario que envuelve la antigua catedral de Santa Sofía, la Mezquita Azul, el Palacio Topkapi y el Gran Bazar, los lugares más turísticos de Estambul, ahora es pesado y oscuro, y la zozobra reina en la Sublime Puerta. Turquía, hasta hace poco el sexto país más visitado del mundo, con 40 millones de turistas al año según la Organización Mundial de Turismo de la ONU en 2015, ve reducidos sus ingresos por ese rubro, que representan el 6 por ciento del PIB nacional. Pero tres factores recientes causaron una fuerte sacudida que, según predicciones de la Asociación Turca de Inversores Turísticos, podría dejar pérdidas de 13.500 millones de euros este año: la disputa política con Rusia, el terrorismo creciente y el autoritario gobierno del presidente Recep Tayipp Erdogan que mientras suma violaciones de derechos humanos, no logra contener la oleada de violencia. Para el Ministerio de Turismo turco esta es la mayor caída del sector en 17 años.

Luego de que Ankara derribó un caza ruso SU-24, Vladimir Putin aconsejó a sus compatriotas no viajar a Turquía y la Agencia Federal de Turismo rusa exigió a las agencias de viajes detener los tours hacia el país mediterráneo. Pero, más allá del ámbito diplomático, el problema es que, según CNN Money, los rusos eran el segundo mercado del sector turístico turco, por lo cual un flujo de más de 5 millones de posibles visitantes se cortó de tajo; solo en abril la caída fue de 80 por ciento con respecto al año pasado. La aerolínea Turkish Airlines anunció el mes pasado la mayor pérdida trimestral desde 1999.

También en el top tres de países de origen de turistas, el flujo de alemanes y franceses cayó más del 35 por ciento este año, pues los seis atentados en Estambul en solo dos años han hecho que busquen otros destinos, como afirmó el presidente del World Travel & Tourism Council, David Scowsill. En efecto, solo en lo corrido del año, el otrora Imperio otomano ha sufrido 12 atentados graves perpetrados por los grupos rebeldes kurdos y los yihadistas de Estado Islámico (EI).

Los más recientes tuvieron lugar el 7 de junio en Estambul y Mardin, con dos carros bomba que dejaron un saldo total de 15 muertos y 66 heridos. Al cierre de esta edición, ningún grupo se había atribuido los atentados, pero el primer ministro, Binali Yildirim, responsabilizó al Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), una guerrilla separatista con quien el gobierno rompió el cese al fuego en julio de 2015 después de dos años. Desde 1984, los organismos internacionales cuentan más de 40.000 muertos en los enfrentamientos entre el Ejército y los insurgentes kurdos -que incluyen a otros grupos como los Halcones de la Libertad de Kurdistán (TAK) y las milicias kurdo-sirias (YPG)-. Sin embargo, no hay voluntad política para reanudar el diálogo. “O se rinden y aceptan el poder judicial o serán neutralizados uno por uno”, declaró el presidente.

Por su lado, EI volvió aún más sangrienta la situación. A diferencia de los kurdos, que solo atacan blancos oficiales, ese grupo suele apuntarles directamente a los turistas, como se vio el 12 de enero con la bomba suicida que mató a 12 alemanes en la plaza Sultanahmet y el 19 de marzo en un arteria comercial de la antigua Constantinopla. Lo más grave es que el objetivo militar no es solamente Estambul. Tanto EI como los kurdos han atacado Ankara y otras zonas como Diyarbakir -la capital de facto de Kurdistán- el sureste y Gaziantep o Suruc, en la frontera con Siria.

Erdogan prometió continuar la “lucha contra el terrorismo”, pero la comunidad internacional no confía en él ni en su gobierno dictatorial. El presidente tiene 1.845 casos abiertos por injuria, especialmente contra periodistas y académicos, factor que también redujo el flujo turístico pues los extranjeros temen ser encarcelados sin razón. La semana pasada, la ciudad de Kusadasi hundió un viejo avión para crear un arrecife artificial e impulsar el turismo, pero parecen patadas de ahogado. En un país vulnerable económicamente, donde el sector turístico es una gran fuente de ingresos, Erdogan debería mostrar su intención de parar el desangre, en vez de actuar como un sultán. 

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