Domingo, 23 de noviembre de 2014

| 2013/06/08 03:00

Turquía se resiste

La rebelión en Estambul no se parece a la primavera árabe. En este caso se trata de una sociedad que quiere seguir viviendo en el siglo XXI, y rechaza que le impongan la ley islámica.

Lo que comenzó como una protesta contra la tala de unos árboles para construir un centro comercial, se convirtió en la manifestación más grande de los últimos años. Los manifestantes piden la dimisión del primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, a quien acusan de autoritarismo y de querer islamizar al país. Foto: AP

“Estamos luchando por nuestros derechos como individuos”, explicaba Engin Baki, un ingeniero de 31 años mientras esperaba su turno para elevar uno de los miles de globos de papel que cubrieron el cielo de la plaza de Taksim el miércoles pasado. “Erdogan –el primer ministro– está llevando a cabo cambios constitucionales para llevarnos a una vida islámica”, dijo, mientras escribía en su globo  capulco. “Significa vándalo”, aclaró. 

Esa fue una de las expresiones que utilizó Recep Tayyip Erdogan para referirse a cientos de miles de turcos que se han tomado las calles de Turquía. También los llamó terroristas. “¿Usted cree que nosotros somos vándalos o terroristas?”, pregunta Ergin al mostrar una masa inmensa de personas que esa tarde volvieron a tomarse este sector por sexto día.

Lo que se ve en la plaza, por el contrario, es una especie de fiesta con bailes, cánticos, bibliotecas y restaurantes improvisados.  “Todos los lugares son Taksim y todos los lugares son resistencia”, cantan permanentemente en la plaza.

“El mundo tiene que entender que Turquía no busca una revolución, como las del mundo árabe. Nosotros tenemos un Estado y una Constitución. Esto es resistencia”, explica Guray, otro joven manifestante. La razón, entonces, es puntual. 

Las primeras protestas surgieron por la tala del parque Gazi, vecino de Taksim, uno de los pocos espacios verdes de Estambul. El gobierno de tendencia islamista que lidera Erdogan planea construir allí un centro comercial de estilo otomano.

La respuesta violenta de la Policía –con cañones de agua, gases y balas de plástico– provocó que miles de personas salieran a la calle. La mayor confrontación llegó el viernes 31 de mayo cuando la Policía atacó a los manifestantes en Taksim. Desde entonces los ciudadanos controlan la plaza, duermen allí y se protegen con decenas de barricadas en sus calles aledañas, donde siguen los enfrentamientos.

“Fue como si de repente nos diéramos cuenta de lo afectados que estábamos por las políticas represivas y autoritarias de Erdogan. Y cuando salimos a la calle perdimos el miedo”, cuenta Merve Yildiz, de 25 años, pues están cansados de las interferencias del gobierno en su privacidad. Hace pocas semanas Erdogan presentó una ley para limitar el consumo y la venta de alcohol y cuando la población protestó los llamó “alcohólicos”.

 Días después una pareja fue reprimida en Ankara porque se estaban besando en el metro. A esto se suma la persecución a la libertad de expresión y a los medios. Turquía es uno de los países con mayor número de periodistas encarcelados y el gobierno controla los medios de comunicación. 

 “Esta es una sociedad secular”, dice Merve, aunque aclara que viene de una familia muy religiosa. Y es que en Taksim todos recuerdan por estos días que Mustafa Kemal Ataturk fundó la república turca a comienzos de siglo como una sociedad secular.

Cuando el Partido de Justicia y Desarrollo (PJD) llegó al poder en 2002, la población estaba más alerta a sus intenciones. Sin embargo, el 50 por ciento lo apoyó en las últimas elecciones para lanzar abiertamente sus políticas conservadoras. Incluso se habla de que Erdogan, a quien las reglas de su partido inhabilitan para un cuarto periodo, presentará una ley que convierta a Turquía en un sistema presidencial para presentarse nuevamente. “Erdogan tiene que entender que esto no es el Imperio otomano ni que él es sultán”, explica Merve. 

¿Y qué pasa con el otro 50 por ciento?, reclaman los manifestantes en Taksim. Aunque muchos analistas aseguran que Erdogan tiene el control, la realidad es que no podrá dar la espalda al gran sector social que dice “basta”. “Si se equivoca y lleva a sus seguidores a la calle, podrá crear un caos que tendrá consecuencias nefastas”, aseguró Nubar Yeste, un viejo académico que no piensa irse de Taksim hasta que Erdogan no reconozca su error. Pero como dijo el premio Nobel Orham Pamuk, “ver que los estambulíes no van a rendirse fácilmente a sus protestas políticas y a sus memorias me da esperanza para el futuro”. 

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