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| 5/17/2014 3:00:00 AM

La calma chicha en el este de Ucrania

A una semana de las elecciones presidenciales, son pocas las probabilidades de evitar la división de Ucrania, mientras la violencia crece en las ciudades separatistas. Reporta desde Moscú Patricia Lee, enviada especial de SEMANA.

En Moscú el verano se siente en el aire. La ciudad reverdece, los cafés sacan las mesas a la calle, todo sigue su curso, mientras que en la frontera ucraniana amenaza el fantasma de una guerra civil. Para los oligarcas rusos, esos que se acostumbraron a viajar al exterior y a comprar perfumes de Dior, ropa deportiva Nike, e irse de vacaciones a Grecia, la posibilidad de que las sanciones económicas de Estados Unidos hagan que las tarjetas Visa y Master Card dejen de funcionar y sean reemplazadas por un sistema nacional de pagos, es todavía una preocupación lejana. Pero por debajo de esa superficie de aparente calma, la sensación de intranquilidad asciende desde la frontera ucraniana, como lo muestra la televisión a diario y como lo transmiten los familiares y amigos y las redes sociales.

Lo grave es que la situación ucraniana puede todavía empeorar. El presidente que sea elegido el próximo domingo 25 de mayo tendrá que ser Superman para frenar el peligroso deslizamiento del país hacia la desintegración y la guerra civil. Dos regiones ya declararon su independencia, Donetsk y Lugansk, y la operación antiterrorista adelantada por Kiev contra los rebeldes prorrusos ya ha dejado decenas de muertos y pocos resultados, con escenas dantescas como el incendio provocado en la Casa de los Sindicatos en Odesa el pasado 2 de mayo por los radicales del Sector de Derecha, que provocaron la muerte de más de 40 manifestantes prorrusos. El gobierno en Kiev, a pesar de sus intentos de demostrar fuerza y resolución, no hace más que ceder poder ante las regiones rebeldes sin entablar ningún diálogo, mientras que en el trasfondo se libra una batalla estratégica entre la Unión Europea, la Otan y Estados Unidos por un lado, con Rusia por el otro.

El resultado electoral parece resuelto. Si ninguna tragedia sucede esta semana, el millonario Petr Poroshenko, conocido como ‘el rey del chocolate’ por ser el dueño de la fábrica de los populares bombones Roshen, ganará con más del 40 por ciento de los votos. La única duda es si lo hará en la primera vuelta, o si el proceso electoral deberá alargarse hasta el 15 de junio.

La exprimera ministra Yulia Timoshenko, que en febrero aparecía como la más firme candidata, corre el riesgo de perder el segundo lugar a manos de otro millonario, el banquero Serguei Tiguipko, pues ambos tienen una intención de voto de cerca del 9 por ciento, según una encuesta de GfK Ukraine. Más atrás, sin ninguna posibilidad está el candidato del depuesto presidente prorruso Víctor Yanukovich, y el del Partido Comunista. Y con el 1,3 por ciento y el 0,5 por ciento se ubican los candidatos de los partidos nacionalistas que reivindican a los colaboradores ucranianos de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Irónicamente, estos grupos muy minoritarios jugaron un papel combativo en los disturbios de la plaza Maidán de Kiev y fueron los responsables de los más graves incidentes contra los sectores prorrusos como la tragedia de Odesa. De ese modo, los extremistas de derecha más minoritarios son los que justifican que Moscú amenace con sus tropas para ‘proteger’ a los rusohablantes de las regiones este de Ucrania.

Pero el problema fundamental no son los votos sino el nivel de participación electoral, en particular en las regiones sur orientales prorrusas. El analista Mijail Pogrebinsky dijo a Semana desde Kiev que “lo más probable es que las elecciones no se realicen en todo el país, muy seguramente solo en unos pocos lugares de Lugansk y Donetsk y la participación va a ser baja. Si votaran las regiones sur orientales y tuvieran sus candidatos prorrusos, Poroshenko no obtendría más del 30 por ciento. Pero la mayoría de la gente teme que Ucrania se divida y estalle una guerra generalizada, y por eso votan por una versión moderada”, dice Pogrebinsky.

Valery Makeev, abogado de la ciudad de Cherkassi, 150 kilómetros al sur de Kiev, confirma esa tesis. Como dijo a Semana, va a votar por Poroshenko para que todo se defina el próximo domingo. “Esperamos que gane en la primera vuelta, porque deseamos paz, y por eso muchos de mis amigos van a votar por él”.

Entre tanto, las posibilidades de frenar la división del país se alejan a medida que se acerca la fecha de las elecciones. El 11 de mayo un referéndum aprobó por amplia mayoría la independencia de las ‘repúblicas populares’ de Donetsk y Lugansk, región conocida como Donbass, la principal cuenca minera del país. Los líderes de las dos anunciaron su intención de unificarse en un nuevo estado, al que llamarían Nueva Rusia, y de proponer a otras regiones ucranianas unirse a él.

Pero además el gobierno de Kiev ha ahondado la grieta no solo al proponer prohibir el idioma ruso en un país donde más de la mitad de la población se expresa en esta lengua, sino al iniciar una ‘operación antiterrorista’ contra los separatistas en la que incluyó milicias armadas integradas por extremistas del Sector de Derecha, los odiados pronazis que Moscú usa en su argumentación a favor de intervenir en defensa de sus hermanos rusos.

Sin embargo, lo sucedido en las últimas semanas parece indicar que ya ni siquiera el gobierno de Vladimir Putin tiene el control total de la situación. Putin pidió aplazar el referéndum hasta después de las elecciones presidenciales, en una jugada que dejó perplejo a todo el mundo, pero que podía entenderse si se tiene en cuenta que, a diferencia de Crimea, de importancia militar estratégica para el Kremlin, el Donbass es una región con graves problemas sociales y económicos, de los cuales Moscú no se quiere hacer cargo, más aún, sabiendo que esto pondría punto final a sus relaciones con Europa y Estados Unidos.

Pero no siempre se hace lo que dice Putin, como lo demostró que el referéndum se realizó en contra de su voluntad expresa. Es que la situación va más rápido de lo que los dirigentes quieren, porque ni Kiev ni Moscú controlan lo que sucede en esta nueva tierra de nadie que se está formando en pleno centro de Europa.

Por eso, será muy difícil que el nuevo presidente logre encontrar un puente hacia las regiones separatistas. Para Pogrebinsky, “división hubo siempre. El nuevo presidente puede lograr un cierto acuerdo, pero por ahora, Poroshenko no lo ha demostrado, porque tiene que radicalizarse para ganar su electorado”.

“En Ucrania ya hubo una fragmentación: ya perdió Crimea y va a ser muy difícil reincorporar a todo el Donbass. Estas ciudades por algún tiempo serán agujeros negros que girarán en la órbita rusa, pero después del 25 de mayo, Ucrania empezará a reconstruir su estado, lo cual va a ser un proceso muy largo”, dijo a SEMANA la analista Lilia Shevtsova, del Centro Carnegie de Moscú.

“La mejor variante es darle autonomía y mayores garantías a las regiones sur orientales, como Cataluña y el País Vasco en España. Para eso se necesita un gobierno que no escuche tanto a Estados Unidos, pero es difícil en las actuales circunstancias. El peor escenario es que esto continúe y que las regiones de Lugansk y Donetsk formen un nuevo estado, lo cual será muy negativo para ellas, para Ucrania y para Rusia”, concluye Pogrebinsky. O sea que, por ahora, sigue abierta la historia, y cualquier cosa puede pasar.
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