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| 5/31/2014 3:00:00 AM

Conflicto en Ucrania, fuera de control

El flamante presidente de Ucrania debe comenzar desde cero, ahora que la guerra civil por el separatismo de dos regiones orientales es prácticamente inatajable.

La victoria electoral de Petro Poroshenko nació manchada de sangre: el lunes, entre 50 y 100 combatientes de la autoproclamada República Popular de Donetsk murieron en los combates por el aeropuerto Sergei Prokofiev, según los estimativos más conservadores. El multimillonario fue elegido el domingo presidente de Ucrania como la opción más moderada de un país cansado de revoluciones y de muertos, pero la acción punitiva lo alejó de cualquier posibilidad de atraer de nuevo a su país a Donetsk y su gente. 

Hasta ahora, los combates habían llegado a los pueblos cercanos, pero se mantenían lejos de esta ciudad de 1 millón de habitantes, centro de una de las regiones industriales más importantes de la antigua URSS.  El viernes anterior la imagen era algo esquizofrénica: mientras la gente paseaba por el centro en estos días veraniegos tomando una cerveza o un café en el bulevar Pushkin, a metros de ahí, hombres armados con Kalashnikovs salían apurados del edificio donde funciona el gobierno de la 'República Popular' en carros que aceleraban en dirección desconocida. El sábado se reunieron los delegados de Lugansk, Donetsk y otras regiones para fundar Novorossia (Nueva Rusia), una nueva federación estatal, y el domingo 25, las elecciones no se realizaron en casi ningún lugar de la región. Ese día, un mitin frente a la estatua de Lenin derivó en una manifestación hasta la casa del oligarca Rinat Ajmétov, que se puso del lado del gobierno ucraniano y tuvo que huir. La enviada especial de SEMANA logró viajar de Donetsk en tren hacia Kiev, sin imaginar que, de haberse quedado, no hubiera podido salir durante varios días. 

La guerra ya se instaló en la ciudad. Tras los sangrientos hechos del aeropuerto, aviones de la Fuerza Aérea de Ucrania sobrevolaron la ciudad varias veces, aterrorizando a los habitantes, en la estación de tren murieron dos personas y el estadio de hockey fue incendiado.  “Estamos todos muy asustados”, dijo a SEMANA Oleg Roman, un comerciante de Donetsk. “Los que pueden se van de vacaciones, el que tiene plata se va para Alemania, otros para Crimea, pero nadie se quiere quedar. Mi suegra se fue para la ‘dacha’ (casa de campo), pero la mayoría trata de no salir de la casa ni para hacer compras”, dijo.  

Los negocios y el centro se vaciaron. “En nuestro barrio todo está tranquilo, pero casi nadie fue a trabajar, pusieron el toque de queda por la noche, los niños no van al colegio, se ven muchas armas”, dijo Ivan a SEMANA desde su casa en un barrio popular de Donetsk.
 
La acción militar de Kiev fortaleció la respuesta rebelde. Los mineros, tradicional fuerza sindical, decidieron hacer oír su voz, y el miércoles después del ataque al aeropuerto, marcharon hasta la estatua de Lenin y dijeron que estaban dispuestos a armarse, como sus padres en 1942, para “repeler a los fascistas”. 

Los habitantes de Donetsk han visto tanques y camiones militares por las avenidas, y dicen que hay cada vez más chechenos venidos de Rusia para apoyar a la naciente República.

Pese a su imagen de moderación, una de las primeras declaraciones de Poroshenko  fue anunciar su prioridad de terminar la guerra y que la “operación antiterrorista debe ser corta y más efectiva, no debe durar meses, sino horas”. El presidente electo declaró al Washington Post que Ucrania necesita “un nuevo acuerdo de seguridad, para lo cual debemos colaborar en el terreno militar” con Estados Unidos, porque “estamos dispuestos a luchar por nuestra independencia y para ello debemos reforzar nuestras fuerzas armadas”. 

Pero por lo visto, lo que Poroshenko pensó que era una rápida acción militar se convirtió en un conflicto sin perspectivas de resolverse en horas. La prueba fue lo sucedido el jueves en Lugansk, donde los separatistas derribaron un helicóptero ucraniano, provocando la muerte de 14 soldados y un general. La televisión rusa mostró la rendición de un grupo de 150 jóvenes reclutas del Ejército ucraniano, enviados desde las regiones occidentales, mientras que en Kiev una manifestación de madres exigía devolver a sus hijos.

Elecciones bajo fuego

El triunfo de Poroshenko no arrojó dudas. El rey del chocolate logró el 54,7 por ciento de los votos, dejando muy lejos a Yulia Timochenko, con un 12,8 por ciento.  Irónicamente obtuvo ese caudal gracias a que las elecciones no se realizaron en Donetsk y Lugansk, y en la ya perdida península de Crimea, cuyos votos hubieran ido a los candidatos opositores.

El fracaso de la clase política ucraniana en los 23 años de vida independiente llevó a dos revoluciones en una década -la naranja de 2004 y la Euromaidan de 2014- y consumió a los dirigentes y partidos postsoviéticos. El Partido de las Regiones, de Víktor Yanukovich, prácticamente desapareció. Yulia Timochenko, líder de la revolución naranja de 2004, vio reducido su caudal electoral a 2,3 millones de votos, después de haber obtenido 11,6 millones hace cuatro años.

Se necesitaba alguien como Poroshenko, que ganó un lugar en la plaza Maidan aunque no fue uno de sus líderes, financió su propia campaña apoyándose en los medios  que controla, y apareció como el ‘mal menor’, por la ansiedad de los ucranianos de terminar rápidamente con un gobierno provisional y evitar una segunda ronda electoral en junio en medio del comienzo de una guerra civil y de la desintegración del país. 

“Parece raro que después de la plaza Maidan, la gente haya votado por un hombre que tiene 1.500 millones de dólares. Pero él redactó el acuerdo con la Unión Europea que el derrocado presidente Yanukovich no firmó, no tiene un pasado criminal, y grandes inversiones en Rusia. Era el mal menor para Moscú”, dijo a SEMANA el analista ruso Evgueni Michenko.  

Economía

El conflicto económico entre Rusia y Ucrania también se profundiza. La semana que pasó se realizaron negociaciones con la mediación de la Unión Europea para regular el conflicto del gas. Moscú aceptó que Kiev pague al menos 2.000 millones de dólares de la deuda a cambio de lo cual rebajaría el precio del gas, pero Kiev se mantiene firme en definir el descuento antes de pagar la deuda. 

La economía ucraniana está en bancarrota. Se calcula que este año las exportaciones a Rusia caerán un 70 por ciento y las exportaciones a Europa solo subirán entre un 5 y un 10 por ciento, lo cual no alcanzará a compensar la pérdida. Otro problema será la inflación, que será entre el 16 y el 20 por ciento, con una devaluación del 50 por ciento en lo que va del año, y una enorme caída de las reservas en abril. 

El acuerdo alcanzado con el FMI impone aumentar en un 50 por ciento las tarifas domiciliarias de gas, al nivel de Europa Oriental, pero al mismo tiempo congelar salarios y pensiones. Así, los ucranianos van a tener que pagar tanto como los rusos, pero con un salario y una jubilación tres veces más bajos.

Mientras tanto, sigue la tensión de Rusia con Occidente por sus áreas de influencia, el gobierno ucraniano anunciaba su decisión de abandonar la Comunidad de Estados Independientes (CEI) fundada al desaparecer la Unión Soviética, Rusia, Kazajistán y Bielorrusia firmaban en Astana la creación de la Unión Económica Euroasiática, un mercado común sin aduanas ni fronteras entre los tres países, que cubre tres cuartos del territorio de la vieja URSS, con Armenia y Kirguistán dispuestos a entrar. 

Por el contrario, exrepúblicas soviéticas como Azerbaiján, Georgia, Moldavia, y ahora Ucrania, miran hacia Europa. Y  Poroshenko, cada vez más volcado hacia Occidente, deberá firmar la parte económica del acuerdo con la Unión Europea. Deberá hacer frente a la guerra civil en el oriente, definir si Ucrania entra a la Otan o si busca refugio bajo el ala de Estados Unidos, al tiempo que reconstruye un país en bancarrota.  Como dice el analista Vadim Karasiev, “la principal tarea del presidente es crear un nuevo Estado desde cero”. 
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