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| 12/8/2006 12:00:00 AM

¡Uh, ah, Chávez no se va!

La verdadera revolución del presidente venezolano comienza ahora. Hasta el momento se ha visto más retórica que socialismo

La Plaza de Altamira en el municipio de Chacao ha sido el bastión opositor de Venezuela desde cuando Hugo Chávez llegó al poder. Fue allí donde los militares disidentes se declararon en "desobediencia legítima" en 2002 para desalojar al gobierno bolivariano. Fue allí donde los seguidores de Manuel Rosales se congregaron para cerrar la campaña con un 'cohetazo' el jueves previó a las elecciones del 3 de diciembre. Fue allí, en el acomodado este de Caracas, donde Rosales ganó tres de sus únicos seis municipios. Por eso fue precisamente allí donde, al anticipar el triunfo, más de un centenar de chavistas, casi todos de rojo, varios en motos y otros con pañoletas a manera de pasamontañas, decidieron celebrar esa misma tarde con música ensordecedora, baile y fuegos artificiales.

"Lo hacemos para que entiendan que perdieron su bastión. Que reconozcan su fracaso", dijo a SEMANA Leonardo Hernández, uno de los manifestantes. "La Plaza de Altamira nos pertenece a todos y si venimos a celebrar aquí, estamos en nuestro derecho", añadió uno de los encapuchados. Porque el 'asalto' tenía un valor simbólico: se parecía mucho a la imagen clásica del triunfo de una revolución popular que ocupa con rabiosa alegría el lugar de los vencidos.

Minutos después, tras el primer boletín del Consejo Nacional Electoral (CNE), el autoproclamado 'socialista del siglo XXI' salió al balcón del Palacio de Miraflores. Ante una marea roja bajo la lluvia, sentenció: "Todo está consumado, la gran victoria de la revolución bolivariana (...) El socialismo es el reino del futuro venezolano". A pesar de los rumores que desocuparon los supermercados, las elecciones transcurrieron en paz. En el comando de Rosales reclamaban un supuesto fraude, pero el opositor reconoció su derrota. El lunes amaneció en calma, como un festivo cualquiera.

La misión de observadores de la Unión Europea destacó "la alta participación, el carácter pacífico y la aceptación generalizada de los resultados", aunque lamentó "la fuerte propaganda institucional y el desequilibrio informativo de los medios". Más allá de la enorme ventaja de la campaña oficialista y las presiones a los empleados públicos en un petroEstado donde el gobierno es uno de los mayores empleadores, la victoria de Chávez fue contundente.

Al final, la oposición no consiguió siquiera superar el 40 por ciento al que aspiraba para ser una alternativa respetable en las próximas elecciones. Por el contrario, el ex coronel golpista logró un histórico 62 por ciento. La alta corrupción, el déficit de viviendas y las 90.000 muertes violentas desde cuando llegó al poder no le hicieron mella. Chávez sigue ganando todos los comicios desde 1998. Y ahora anuncia que, de verdad, comenzará su revolución socialista. ¿Qué espera a Venezuela, ahora que es casi un hecho que Chávez se quedará casi indefinidamente? ?

La clave de las misiones

La mecha bolivariana se mantiene encendida con el petróleo. Chávez ha conseguido poner a Pdvsa al servicio de la revolución. La empresa estatal de petróleos gastó unos 7.000 millones de dólares en programas sociales en 2005 que se traducen en las populares Misiones, que llevan salud y educación a las clases más necesitadas. El próximo año, el 45 por ciento del presupuesto total irá a ellas y, según datos oficiales, la pobreza ha pasado de cerca de 50 por ciento cuando asumió Chávez, a 34 por ciento. Su base política son los pobres. Y los pobres son más. En las populosas barriadas lo adoran como un Mesías, en gran parte gracias a su liderazgo cálido y carismático. Una de estas zonas es la conocida como el 23 de enero, precisamente el lugar donde Chávez se ha acostumbrado a ir a votar. El domingo no fue la excepción. SEMANA presenció su llegada al lugar al volante de un viejo Volskwagen rojo, ante el delirio de la multitud.

A pocos metros, en la larga fila de votantes, estaba Marlén Zambrano, una ama de casa "roja rojita hasta las uñas de los pies", que se declara dispuesta a dar la vida por Chávez. Su hija Maritza tuvo la fortuna de ser miembro de mesa en el referendo revocatorio y recibir el voto del líder de la revolución bolivariana con beso y abrazo incluidos. Aprovechó la ocasión para entregarle una carta donde le contaba que hacía manualidades y le pedía una vivienda. En pocos días le contestaron. Le dieron una casa "que parece una quinta" y tiene 20 años para pagarla; le costean una beca para estudiar carpintería y le dieron un crédito de cinco millones de bolívares en herramientas. "Nuestra familia estaba convertida en un comando", cuenta Marlén, en referencia a la organización electoral casi militar que tienen los chavistas. Sobre su ideología, admite que no sabe qué es el socialismo, "pero si son las misiones, soy socialista".

El sector Gramoven, de Catia, donde habitan unas 40.000 familias, es otra de las barriadas del oeste de Caracas. Allí, en una planta abandonada de Pdvsa, fue instalado el 'núcleo de desarrollo endógeno' Fabricio Ojeda, uno de los 23 del entramado de misiones sociales del gobierno en los que la empresa estatal de petróleos invirtió 76.500 millones de bolívares entre 2004 y 2005. Todo comenzó cuando Chávez vio la vieja planta desde un helicóptero y mandó a la comunidad a hacer algo con el terreno.

A la entrada, un letrero advierte: "Aquí se construye el socialismo del siglo XXI". El centro está empapelado con mensajes a favor de Chávez y en contra de Rosales. Una de las beneficiarias es Felicia Hidalgo, líder comunitaria más conocida como 'Licha'. Ella es un ejemplo del empoderamiento del pueblo, pues antes vendía empanadas y hayacas. Sólo estudió hasta sexto grado, pero afirma que ha aprendido de política con Aló Presidente. "En la IV República (como se conoce el período bipartidista previo a Chávez) éramos los marginales. Si el comunismo es estrechar relaciones con otros países, bienvenido. ¿qué le regala petróleo a Cuba? Que se lo dé. Nosotros nunca habíamos visto un médico en un barrio y ahora tenemos médicos cubanos las 24 horas", afirma.

En el endógeno operan 50 cooperativas. La de 'Licha' trabaja con la Misión Milagro, coordinada por Barrio Adentro, que lleva a los enfermos de la vista a ser operados en Cuba. Ella y otras 19 personas se encargan de limpiar y adecuar un hotel en La Guaira donde llegan los pacientes para los preparativos. En Catia también hay una clínica, una botica popular donde se consiguen medicinas más baratas y un mercal, un supermercado a mitad de precio. A eso se suma una fábrica de zapatos y otra textil, que emplea unas 130 mujeres y confecciona uniformes para los ministerios, Pdvsa y las misiones. De igual modo, fabrica las camisetas y las gorras rojas de los chavistas y las reparte sin costo.

Y es que el día de elecciones, todo el centro se dispone como una gran empresa que justifica a la oposición cuando asegura que los programas sociales son sectarios y están politizados. La noche anterior, 'Licha' se 'atrincheró' con otras 150 personas para levantarse a las 3 de la mañana con el toque de diana y salir a comenzar a despertar gente y transportarla a los puestos de votación en autobuses. El día se le fue en organizar viajes y llevar refrigerios y agua a los votantes.

La profundización del socialismo venezolano

Los ocho años de Chávez en el gobierno han acabado de facto con la separación de poderes en Venezuela. El chavismo copa todos los espacios, incluida la Asamblea Nacional, gracias a que la oposición se retiró de las legislativas del año pasado por tratar de deslegitimar las elecciones. Con un nuevo mandato de más de siete millones de votos, el 'socialista del siglo XXI' ha anunciado que se viene la fase de profundizar la revolución bolivariana.

Entre el año 93 y el 96 Chávez escribió la Agenda Alternativa Bolivariana, su programa de transición que terminaría con estas elecciones. Ahora comienza, según ha dicho el propio Chávez, el Proyecto Nacional Simón Bolívar, proyectado desde 2007 a 2021 como el plan para instalar una nueva sociedad.

Según dijo Chávez en su discurso de victoria desde el balcón de Miraflores, su socialismo es "indígena, cristiano y bolivariano". En realidad, no se sabe con certeza en qué consiste la profundización. Pero ya han anunciado que crearán un partido único que agrupe a los chavistas, y que reformarán la Constitución el año que viene para, entre otras, incorporar la reelección indefinida del Presidente. "El socialismo del siglo XXI no tiene ningún contenido. Si bien desde el punto de vista económico Chávez no ha anunciado nada, aparte de hablar de cooperativismo, en los planos institucional y político sí hay cosas que nos preocupan mucho. Este gobierno es autoritario, por la propia naturaleza de Chávez; es autocrático, porque todos los poderes están concentrados en su puño, y militarista, dijo a SEMANA, desde la orilla de la oposición, Teodoro Petkoff, el periodista y analista convertido en estratega de la campaña de Rosales. Luego hay una propensión a controlar espacios de la sociedad. Me refiero a la estatización del deporte, la cultura, la utilización de la educación como instrumento de adoctrinamiento, la fiscalización y control de las ONG. No estoy diciendo que ya ocurrió. Esto no es Cuba ni la Unión Soviética. Chávez no es Fidel Castro, pero tampoco es Thomas Jefferson", asegura.

Aunque el gobierno se declara antineoliberal, antiimperialista y anticapitalista, Venezuela continúa siendo una sociedad que adora el whisky importado y los centros comerciales. "Chávez busca una suerte de Estado-sociedad que se apropie de todos los espacios sociales. Es un Estado autoritario con una solvencia electoral. Una situación bien original. Un populismo con ribetes de socialismo y sociedad de consumo al mismo tiempo, dijo a SEMANA Amalio Belmonte, sociólogo y profesor de la Universidad Central de Venezuela. En Venezuela se pueden financiar los errores económicos, y eso ha ocurrido desde antes de Chávez. Es difícil conseguir eficiencia en el socialismo, pero cuando tienes petróleo, puedes solventar un sistema, por costoso que sea", añade.

Como respuesta a la caricatura del castro-comunismo, Chávez ha hablado de un socialismo a la venezolana. Para el analista Alberto Garrido, una de las personas que mejor conocen el chavismo y autor de una docena de libros sobre la revolución bolivariana, esto implicaría socializar la educación y la medicina, además de una fusión cívico-militar mencionada en el Proyecto Nacional Simón Bolívar, que lleva a una sociedad militarizada e ideologizada que se comienza a mover bajo hipótesis de guerra. Para Garrido, "el esquema que se va formando es líder único, partido único y pensamiento o ideología único, que sería el socialismo".

El chavismo es muchas veces contradictorio e incluye muchas fuerzas compitiendo en su interior, unas más radicales que otras. ¿A que ritmo se moverían esas transformaciones? Depende del talento intuitivo de Chávez. "Él no acepta que lo empujen. Es un militar, así que los tiempos dependen de cómo están sus fuerzas y cómo están las del otro. Más de una vez, Chávez ha clavado los frenos. Y más de una vez ha tomado curvas. Pero nunca se sale del camino", explica Garrido.

En el tema del respeto a la propiedad privada, que a muchos les preocupa, Chávez envió un mensaje tranquilizador cuando desautorizó la iniciativa del alcalde metropolitano de Caracas, el chavista Juan Barreto, de expropiar los campos de golf de clubes de la capital. Los suspicaces creen que sólo estaba midiendo el terreno.

"No nos hace falta la expropiación. La mitad del presupuesto lo produce el petróleo. Hay muchos mitos. El Estado tiene un poder enorme y no necesita quitarle nada al sector privado, dijo a SEMANA Samuel Moncada, actual ministro de Educación Superior y parte del comando de campaña en el referendo revocatorio. Según el funcionario, la profundización de la revolución es simplemente ir más allá en los programas sociales. No va a haber cambios sino saltos. En los próximos dos años vamos a crear 14 hospitales y 50 nuevas universidades", asegura.

En ese contexto, y con el petróleo por encima de los 50 dólares el barril, el frente internacional seguirá siendo una prioridad para Chávez. El suyo es un proyecto continental, como lo demostró la visita del presidente nicaragüense Daniel Ortega el martes y la gira que inició inmediatamente después por Brasil, Argentina y Bolivia. Aunque Chávez habló de su disposición a dialogar con Estados Unidos, parece improbable que las tensas relaciones políticas entre Washington y Caracas, aunque fluidas en términos comerciales, mejoren. Chávez está convencido de que la larga mano de la Casa Blanca estuvo detrás de la intentona golpista de 2002. Adicionalmente, atacar a Bush le da a Chávez el liderazgo global al que aspira.

Desde el oficialismo admiten que mientras el texano este en la Casa Blanca, posiblemente poco cambie. "Estados Unidos juega al policía bueno y al policía malo. Thomas Shannon (encargado de las relaciones de Washington con América Latina) ofrece una rama de olivo que quisiéramos tomar, pero por el otro lado nombran a Norman Baily, el encargado de la guerra económica contra el imperio soviético y la invasión de Panamá, para dirigir una oficina de inteligencia para revisar a Cuba y Venezuela, asegura el ministro Moncada. Nosotros sentimos la mordida del imperialismo de Bush. Nos lanzaron un golpe de Estado. ¿Qué esperamos? Guerra económica contra Venezuela".

De momento, la oposición, aunque derrotada, se podría seguir reinventando. El hecho de aceptar la derrota le quita al oficialismo el argumento de que lo único que existe es una resistencia golpista y antidemocrática. Pero eso no garantiza que Chávez vaya a abrir espacios de diálogo. Su aplanadora electoral se demostró más aceitada que nunca. Y con ese mandato, Chávez bien podría, como prometió en su cierre de campaña, asegurarse de que en Venezuela no haya espacio para otro proyecto que no sea la revolución bolivariana.
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