Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 3/7/2015 10:00:00 PM

Un año después sigue el misterio del vuelo MH730

El aniversario de la desaparición del vuelo MH370 marca uno de los años más mortales de la historia reciente de la aviación sobre todo en Asia.

Es paradójico que uno de los eventos que marcaron 2014 sea un accidente del que no hay testimonios ni testigos, que nadie vio y que hasta la fecha sigue sin resolverse. En una época en la que millones de hechos irrelevantes son grabados y replicados hasta la saciedad por las redes sociales, la desaparición de un aparato de las proporciones de un Boeing 777 con 239 personas a bordo constituye un desafío para la credulidad humana.

Pero han transcurrido 365 días sin noticias del vuelo MH370 de Malaysia Airlines. Pese a las docenas de millones de dólares que se han invertido en buscarlo, el avión sigue tan perdido como cuando desapareció de los radares mientras entraba en el espacio aéreo de Vietnam, menos de una hora después de salir de Kuala Lumpur (al sur de la península malasia) con destino a Beijing.

Las investigaciones posteriores revelarían que su transpondedor y su Acars –dos dispositivos que permiten conocer la ubicación de la aeronave– habían dejado de funcionar poco antes de que el aparato se desvaneciera de los radares. También, que tras girar 180 grados y descender casi hasta el nivel del mar la aeronave viajó otras seis horas, es decir, hasta que se le agotó el combustible. Gracias al análisis de datos de Inmarsat, una compañía de comunicaciones satelitales, se pudo deducir además que el aparato se había dirigido bien hacia las estepas heladas de Asia central, o bien hacia las remotas aguas del Pacífico sur.

Se trataba del caldo de cultivo idóneo para que nacieran múltiples teorías sobre su destino. Algunas de ellas estaban destinadas a saciar la sed de eventos extraordinarios de la web. Y aunque su carácter absurdo las desvirtuaba de antemano, durante meses, las redes sociales y los programas de radio y televisión se llenaron de hipótesis delirantes sobre extraterrestres, hoyos negros, dimensiones desconocidas y armas ultrasofisticadas capaces de evaporar una aeronave. Sin embargo, las autoridades nunca pudieron ofrecer una versión creíble que aplacara las fantasías populares.

Comenzando por la forma como el gobierno de Malasia manejó la crisis, la búsqueda del MH370 estuvo plagada por la apertura de múltiples líneas de investigación, que por incompetencia o por desconfianza hacia los vecinos se mantuvieron abiertas innecesariamente, mermando los recursos para explorar las zonas en donde sí era posible que estuviera el aparato. Para la historia de la infamia aeronáutica quedará la decisión de las autoridades malasias de no compartir a tiempo con sus vecinos la información según la cual el avión había dado media vuelta. No querían revelar información sobre sus radares militares a sus vecinos. Como consecuencia, durante días los grupos de búsqueda peinaron el sur del mar de China, cuando los malasios ya sabían que el aparato se había dirigido hacia el sur.

Y en un contexto de suspicacia extrema hacia el gobierno malasio, atizada por la rivalidad entre China y Estados Unidos, los expertos se volcaron sobre las hipótesis basadas en las tensiones geopolíticas actuales: se dijo que islamistas habían plagiado el avión para llevarlo a las Maldivas, al sur de India; que los rusos lo habían hecho aterrizar en un viejo aeropuerto soviético al sur de Kazajistán; que se encontraba en Corea del Norte; que los iraníes se habían apoderado de la nave para usarla como un arma; que los separatistas uigures la habían abatido para desencadenar una guerra entre China y el resto del continente; que Estados Unidos lo había derribado porque se dirigía hacia su base militar en la isla Diego García... Sin embargo, todas esas hipótesis tenían el mismo defecto: en una de las zonas más pobladas del mundo, nadie había visto pasar el avión.

Del mismo modo, durante las primeras semanas se sospechó de los miembros de la tripulación. Según esa hipótesis, el piloto Zaharie Ahmad Shah y algún otro miembro del equipo habrían desconectado intencionalmente los sistemas de geolocalización con el fin de producir un accidente, o facilitar el secuestro de la aeronave. Sin embargo, la enérgica defensa de sus familiares, amigos y colegas y –sobre todo– la ausencia de indicios le bajaron el tono a las acusaciones. Más aun considerando que, entre la maraña de hipótesis, una sobresalía por lo razonable y sencilla: la adelantada por Chris Goodfellow y publicada por la revista Wired.

Según ese piloto canadiense, cuando Zaharie se despidió de la torre de control, ya había un incendio del que ni él ni el copiloto tenían aún noticias. Como en emergencias aéreas pasadas, el fuego habría arruinado algunos elementos del circuito eléctrico de la aeronave, y para controlar la emergencia la tripulación habría tenido que apagar el transpondedor y el Acars (que también habrían podido ser averiados por las llamas). La vuelta de 180 grados se explicaría porque, siguiendo los protocolos de emergencia, el piloto se habría dirigido hacia la pista de aterrizaje más cercana, situada en la isla de Pulau Langkawi. Pero sus esfuerzos habrían sido en vano, pues la cabina se habría llenado de humo y los habría dejado inconscientes. La principal virtud de esta tesis es su coherencia con el dato según el cual la aeronave viajó seis horas sin emitir señales de alerta: un avión fantasma lleno de personas sin vida. Esa posibilidad, sumada a los datos arrojados por el Inmarsat, ha tenido a los gobiernos de la región buscando los restos del avión en el Pacífico sur durante 12 meses.

Hoy, el equipo de búsqueda liderado por Australia ha reducido el área de exploración a una superficie similar a la de Antioquia (unos 60.000 kilómetros cuadrados), de los cuales se ha rastreado apenas el 40 por ciento. Y cada vez es más probable que la operación termine sin encontrar más que basura. De hecho, a finales de enero el gobierno malasio decretó oficialmente que el avión había sufrido un accidente, lo que desencadenó la rabia de los familiares, que exigen evidencias. Y el jueves, el primer ministro de Australia, Tony Abbott, dijo que “la búsqueda del MH370 no podrá seguir con esta intensidad para siempre”.

Todo lo cual resulta inquietante cuando se tiene presente que la desaparición de ese vuelo de Malaysia Airlines ocurrió en un año nefasto para la aviación. De hecho, en 2014 hubo 1.328 víctimas fatales en accidentes aéreos, el peor nivel desde 2005 según el Bureau of Aircraft Accidents Archives, y más que la suma del número de víctimas de los dos años precedentes. Y aunque la tendencia al alza afecta a todo el mundo, el problema se concentra en Asia, donde el año pasado murieron 318 personas en 120 accidentes aéreos y, en lo que va de 2015, han perecido 79 personas en seis accidentes. Es decir, cada vez más gente se está matando en accidentes aéreos en el Lejano Oriente, donde el desarrollo económico ha creado una demanda que las aerolíneas se han visto en dificultades para satisfacer y que los gobiernos no han sabido controlar. Como dijo SEMANA Jessica Trisko Darden, especialista en conflictos internacionales en Asia de la American University de Washington, “lo importante en este caso no es si las regulaciones aéreas son las apropiadas sino de la capacidad de los Estados de aplicarlas. Y en toda la región, es claro que los países no cuentan con las capacidad de hacer cumplir la ley”.

En conclusión, en la búsqueda del MH370 todo lo que podía salir mal, salió pésimo, y la hipótesis más delirante es la que primó: 12 meses después del accidente, no existe ninguna prueba concreta del destino de la aeronave. Hace un año habría sido impensable.
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1839

PORTADA

Odebrecht: ¡Crecen los tentáculos!

Las nuevas revelaciones del escándalo sacuden al Congreso y al director de la ANI. Con la nueva situación cambia el ajedrez político al comenzar la campaña electoral.