Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1986/02/17 00:00

UN BEIRUT EN ADEN

La revolución yemenita estalla por las costuras.

UN BEIRUT EN ADEN

El fenómeno ya era conocido. La "revolución que devora a sus hijos" se ha visto otras veces en el mundo contemporáneo. Granada, en octubre de 1983, Afganistán en 1979, Camboya en 1976, Argelia en 1965. En Yemen del Sur los violentos combates que estallaron el lunes 13 de enero en Adén, la capital del único país árabe con un régimen marxistaleninista, ilustran bien la famosa fórmula. Como en los casos precedentes, el intento de golpe de Estado sobrevino gracias a la existencia de dos campos hostiles dentro de los partidarios de la revolución. En este caso, los alineados con el actual presidente, Ali Nasser Mohammed, se enfrentan a los rebeldes partidarios de Abdel Fatah Ismail, un dirigente nacionalista que jugó un importante papel en la independencia del país.
Ante el cierre de las emisoras, las embajadas fueron las primeras en explicar lo que pasaba. La rebelión comenzó al parecer en Al Baleh, región fronteriza con Yemen del Norte de la cual es originario uno de los cabecillas del golpe, el coronel Ali Antar, vicepresidente del país, supuestamente fusilado o muerto en los combates. Pronto la refriega alcanzó la capital. El palacio presidencial fue bombardeado por aviones. Navíos anclados en el puerto disparaban contra otros buques amarrados allí. Tanques y carros artillados arremetían contra unidades similares en las calles, mientras tres aviones de carga soviéticos ardían en el aeropuerto. La embajada italiana fue incendiada parcialmente y deteriorada la de Argelia. Los extranjeros se refugiaron en los hoteles o en las residencias de sus embajadores. Adén era un verdadero Beirut.
En Yemen del Sur, rebautizado en 1970 como República Democrática Popular del Yemen, los conflictos internos del partido dirigente han sido la constante, desde su independencia de Inglaterra en noviembre de 1967. Las diferentes y contrapuestas tendencias que dieron nacimiento al Frente Nacional de Liberación (FNL) -fuerza que condujo la lucha contra los 128 años de ocupación inglesa- nunca se fusionaron realmente, a pesar de su transformación en partido único en 1975. Una sorda lucha por el poder, en la que una figura tras otra se erigía para luego caer en las emboscadas políticas de sus ex compañeros de armas, es el antecedente general de los choques actuales. El primer presidente de la República, por ejemplo, Qahtan el Chaabi, uno de los fundadores del FNL, gobernó poco tiempo. Representaba el ala "derecha" del movimiento y preconizaba la experiencia de Nasser en Egipto, propuesta que el ala de "izquierda" del Frente rechazaba, por lo que lo hicieron renunciar.
Salem Robaye Ali, alias "Salamine", fue escogido como nuevo jefe de Estado y no contó con mejor suerte: terminó siendo ejecutado. Su culpa fue haber dado nacimiento al sector "pragmático". Planteaba la reconciliación con el pro occidental Yemen del Norte y se declaraba dispuesto a aceptar ayuda financiera de Arabia Saudita, un rico país petrolero que jamás aceptó la presencia de un régimen marxista en su frontera, y que llegó a patrocinar un verdadero Ejército de "contras" suryemenitas.
El hombre que dirigía los movimientos "correctivos" era Abdel Fatah Ismail, el más pro soviético de los cuadros del FNL. Este "guardián de la ortodoxia", que un día desempeñó el cargo de "ministro de la Cultura de la Ideología y de los Asuntos de la Unidad Yemenita" (años antes de ser presidente del país), jugó un papel central en la eliminación de Salamine. Este último, acusado de haber organizado el asesinato del coronel Ghchemi, jefe de Estado de Yemen del Norte, se levantó en armas, pero fue detenido. Juzgado sumariamente a puertas cerradas (algunos insisten hoy en su inocencia) fue condenado y ejecutado el 26 de junio de 1978.
Ismail, el triunfador, toma entonces el poder e inicia una era de radicalismo. En 1979 es suscrito un tratado de amistad con la URSS de 20 años mediante el cual el país le otorga bases militares a Moscú. Es el año en que Yemen del Sur invade a Yemen del Norte buscando unificar por la fuerza a los dos países. Finalmente, en abril de 1980 los partidarios de una orientación más moderada, que de todas formas respaldaban las relaciones privilegiadas con la URSS, logran que Ismail renuncie y se traslade a Moscú.
Esta movida, sin embargo, no apaciguaria las tensiones internas. El nuevo mandatario, Ali Nasser Mohammed, abre una perspectiva "realista" que lo lleva a una apertura diplomática y económica hacia Occidente, a abandonar la idea de la "unión total" de los dos Yemen y a entablar, más bien, cierta cooperación con el "hermano" país. Pero los problemas se agravan en 1983 cuando el coronel Kadhafi corta su ayuda económica en represalia por las relaciones que Adén brinda a la OLP de Yasser Arafat. Al año siguiente, Ali Antar, partidario de los disidentes palestinos, se enfrenta al Presidente. "Adén en esos días parecía Beirut", recuerda un observador. "Cada clan tenía listas sus milicias para la confrontación. La víspera del congreso del partido en octubre, existía un verdadero equilibrio del terror. Cada grupo estaba al borde de dar un golpe de Estado". Sólo las amenazas exteriores -4.500 "contras" por un lado y los 25 mil soldados de Yemen del Norte que amenazaban invadir el país aprovechando la anarquía reinante- los frenaba.
Moscú, temiendo perder su influencia, y con ella su base militar en la estratégica isla de Socotra que le permite vigilar todo el "cuerno" africano, propone entonces la realización de un congreso que restablezca la confianza. A la vez hace saber a Adén que el "Yemen del Sur no es Polonia ni Afganistán". Pero el regreso al país de Abdel Fatah Ismail para el congreso de octubre de 1985, no elimina el viciado clima. Lo agrava, por el contrario. Ello impide formar un nuevo gobierno de "concordia nacional", propósito acordado en el congreso del partido de gobierno. En ese contexto estallan las hostilidades. En vano el líder palestino, George Habash, trataría de evitar el fusilamiento del ex presidente Ismail.
Al cerrar esta nota no se conocía aún el desenlace de la revuelta. Sólo que el jefe de Estado libio habia propuesto el envio de una "fuerza de paz" para detener los combates, mientras Washington y Moscú seguian con atención los sucesos sin pronunciar palabra al respecto.

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