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| 10/15/1984 12:00:00 AM

UN DARDO ENVENENADO CONTRA WILSON FERREIRA

Se "destapa" la conjura. ¿Presentaran al ex tupamaro Pérez para acusar al líder de la oposición uruguaya?

UN DARDO ENVENENADO CONTRA WILSON FERREIRA UN DARDO ENVENENADO CONTRA WILSON FERREIRA
Cuando el periodista Federico Fasano supo que su interrogador era el coronel Ramón Trabal, jefe de la Inteligencia Militar del Uruguay y que estaba detenido por orden del Presidente Bordaberry, suspiró aliviado. El secuestro se convertía en "detención"; podía aguardarle la cárcel, pero no la muerte. La muerte, en realidad, acechaba a Trabal, quien habría de encontrarla dos años más tarde, en 1974, en una esquina de París, en la que lo emboscaron y lo acribillaron. El coronel se desempeñaba como agregado militar de la embajada. Hubo una tibia acusación oficial contra los tupamaros que no tardó en desvanecerse; el militar había sido víctima de una ley mafiosa: "sabía demasiado" sobre los turbios manejos de sus pares; en particular sobre el general Christi, jefe de los halcones.
"¿Qué anda haciendo por los cuarteles de noche, entrevistándose con detenidos?" rugió Trabal aquella mañana de 1972. Y luego: "Me está poniendo en ridículo y a mí no me gusta el ridículo. Yo conozco bien mi profesión. Sé todo sobre cualquiera. Sé más sobre usted que usted mismo, para darle un ejemplo..." Para probar que no hablaba en vano, le recordó remotos episodios de su adolescencia que Fasano tenía arrumados en un rincón de la memoria. "No entiendo esta jugada, prosiguió Trabal, usted es un hombre de izquierda..." Y dejó la palabra "izquierda" flotando en el aire, para marcar su incongruencia con esas trapisondas nocturnas por los cuarteles.
Fasano se abroqueló en el legalismo. Desconfiaba de Trabal. "Se hace el legalista -pensó- pero no me extrañaría que también esté comprometido con el golpe". "Esto es un secuestrov -dijo en voz alta- si estoy detenido por orden del Presidente Bordaberry llévenme adonde corresponde. Delante de usted no voy a hablar. Sólo prestaré declaración ante el general César Martínez". Había largado el nombre clave. Espió la reacción. El jefe de la Inteligencia simuló indignarse, pero estaba preocupado. "¿Cómo? No voy a traer aquí al señor Comandante... ". Pero lo trajo.

SE DESTAPA LA CONJURA
Cuando el viejo General legalista entró al cuarto, Fasano comenzó a respirar. "General... -dijo- hice lo que hice en salvaguarda de las instituciones y la legalidad. Para desenmascarar a los golpistas ". Se interrumpió, dirigió una mirada hacia Trabal y luego volvió a encararse con el General, como preguntando si podía hablar delante del jefe de la Inteligencia. "Puede hablar, no más", dijo el Comandante en Jefe, cansado y resignado. Había un mensaje entre líneas: "hable porque ya no hay nada que hacer. Este no lo va a dejar avanzar en sus investigaciones".
Entonces Fasano reveló el complot. Mientras hablaba y se iban llenando cuartillas y cuartillas con sus declaraciones, Trabal daba órdenes como un poseso. Parecía el final de la película "Z". Las patrullas iban y venían, trayendo oficiales de todo pelaje que, por supuesto, negaban su participación en la conjura. Trabal, cada tanto, entre cigarrillos y cafés apurados, le comentaba a su prisionero: "No saben nada. Niegan todo". Fasano decidió, una vez más, jugarse el todo por el todo: "Han cometido el peor error al detenerme. Esta noche iba a aparecer el jefe de la conjura. Que no es otro que el general Christi".
El general Martínez parpadeó, Trabal lo fulminó con la mirada. Pero también el general Christi fue respetuosamente indagado. Por supuesto, rechazó airadamente la imputación de "ese izquierdista de Fasano". Al cabo de una jornada extenuante, Trabal le anunció al detenido que había "actuado muy bien", pero había violado leyes y debía quedar preso.

ESCANDALO EN EL CONGRESO
Afuera, en el mundo solar de los que todavía estaban en libertad, había cundido la alarma. La esposa del periodista secuestrado había denunciado el hecho y no tardó en ser visitada por Wilson Ferreira Aldunate y Héctor Gutiérrez Ruiz. Los dos parlamentarios venían con cara de velorio, como a darle el pésame. "Se sacrificó por la democracia", apuntó el líder "blanco". Pero tuvo el coraje y la decencia de agarrar el teléfono y llamar al Presidente Bordaberry: "Mirá Juancho... -comenzó el senador- es la una de la tarde. Si a las cinco Fasano no está en su casa, convoco al Parlamento". Bordaberry negó, pero a las cinco menos cuarto Fasano abrazaba a su familia. De inmediato se organizó un cónclave con dirigentes del Frente Amplio, que presidió el General Seregni, para que el periodista librado relatase todos los detalles de su extraña aventura.
Durante meses el episodio fue mantenido en silencio por la oposición; estalló cuando arreciaron los rumores de golpe, cuando el sector legalista del Ejército se vio reducido a su mínima expresión. Entonces la conjura de octubre fue denunciada ante el Congreso. El oficialismo había logrado desaforar al senador Enrique Erro acusándolo de mantener "contactos con la subversión" y se proponía hacer otro tanto con Ferreira Aldunate, serio candidato a conquistar la Presidencia de la República. Era necesario contra-atacar. El debate fue tumultuoso y lo cerró una presencia espectral: Héctor Amodio Pérez.
El ex jefe tupamaro -para ese entonces ya condenado a muerte como traidor por sus antiguos compañeros- negó todas las acusaciones de los senadores frenteamplistas. Hasta que los papelitos comprometedores que Fasano había guardado en una caja fuerte, salieron a la luz. De nada sirvieron entonces las negativas de Amodio; peritos calígrafos determinaron que eran suyos esos garabatos donde se hablaba de un libro de memorias, de doscientos mil dólares de soborno a Fasano y de un golpe "nacional y popular". Entonces hubo un verdadero golpe de efecto teatral: el traidor bajó la cabeza en señal de derrota y -delante de las cámaras de televisión- los militares que lo habían traido se lo llevaron ofuscados, dejando a los congresales -y a los televidentes- sumidos en el mayor desconcierto.
Tres meses después, el 27 de junio de 1973, el golpe dejaba de ser hipótesis y denuncia, para convertirse en lacerante realidad. Fasano no llegaría a presentar su libro Paren las rotativas: cuarenta y ocho horas antes de que los tanques marcharan por la avenida "18 de julio", cruzaba el Río de la Plata "por pocas horas" y por orden de Seregni. Pasaría once años en el exilio.

"PUEDEN USAR EL EPISODIO PARA ACUSAR A FERREIRA ALDUNATE"
México, agosto de 1984. Volvemos al comienzo. Se apagan los ecos de esa historia alucinante y lejana. Reaparece el "falso danés" que atentó contra Edén Pastora. Ese Amodio fantasmal y legendario, que parece una contrafigura de Carlos el venezolano. "Mi temor... -dice Fasano- es que usen aquel episodio para acusar a Wilson Ferreira de contactos con los tupamaros". Y aclara: hace poco la revista uruguaya Búsqueda sacó un artículo en el cual se le atribuyen al líder blanco -preso desde su retorno al Uruguay el 16 de junio último- vinculaciones con guerrilleros tupamaros. Contactos que, al decir de la publicación, habría anudado Federico Fasano. Me da una copia de su respuesta a Búsqueda. En ella puntualiza lo que el lector ya conoce. Hay agradecimiento por lo que hizo Ferreira cuando él fue secuestrado, pero distancia política.
"El denuncianle (Wilson Ferreira) hoy preso por defender la legalidad burguesa en la que siempre creyó, anexó a su actitud digna, en gesto que lo honra, una conducta solidaria ante la persecución de que fui objeto por denunciar el complot y a sus protagonistas", dice Fasano en uno de los párrafos de la carta. Entonces surge la inevitable pregunta: " Wilson Ferreira podría llegar a ser Presidente del Uruguay si no lo paran con argucias legales y falsas imputaciones... Puede llegar a serlo aunque, por ahora, haya renunciado a su candidatura. La pregunta es: ¿no usarán los militares a Amodio Pérez para incriminarlo?".
"Es una probabilidad -admite Fasano- pero si Amodio fue el "falso fotógrafo danés", si él fue, efectivamente, quien le puso la bomba a Pastora, no creo que se animen a mostrarlo. Habra fotos, filmaciones, muchas posibilidades de que sea reconocido. Y, si como pienso, el atentado fuera obra de la CIA, la Central no va a permitir que los milicios uruguayos antepongan su interés local, al interés superior, mundial, de los que tienen la sartén por el mango".
Voy guardando los papeles de ayer, de hace doce años, las fotos del falso Peer Anker Hansen y las de Amodio Perez. Y le pregunto a modo de despedida: "Algunos dicen que Amodio fue siempre un infiltrado... Que trabajaba para la policía y aun para la CIA, a través de Dan Mitrione.. ¿Cuál es tu hipótesis?". Fasano niega con la cabeza antes de hacerlo con las palabras. "No. Fue un revolucionario. Como Pastora. Lo que pasa es que pertenecen a un cierto tipo de revolucionarios que lindan con el aventurero. Individualistas que anteponen su ego a las grandes transformaciones sociales y parecen justificar ese aforismo cínico de Napoleón: "La vanidad es la base de toda revolución. La libertad no es más que un pretexto"". Se me ocurre una idea extraña, literaria y psicoanalítica a la vez: Amodio, al matar a Pastora, (si fue él, efectivamente...) iba a matar al traidor que él mismo es; iba a matarse a sí mismo.

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