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| 9/23/1985 12:00:00 AM

UN EXTRAÑO EN LA HOJA DE VIDA

Directivas de la BBC admiten intervención del servicio de contraespionaje desde 1937

"Si ellos aceptan un control del M1-5 o de algún otro miembro de los servicios de seguridad del gobierno, ninguna persona en el mundo creerá ya que la BBC es un organismo independiente", comentó M. Clive Soley, un miembro del opositor Partido Laborista Británico, interrogado la semana pasada sobre el segundo escándalo que sacude en este mes de agosto a la British Broadcasting Corporation (BBC). Sólo quince días antes, la cadena nacional vetaba un documental sobre Irlanda del Norte por presiones del gobierno de la señora Thatcher, suscitando tremendas protestas y una huelga de sus empleados.
Ahora, los directivos de la misma empresa admiten que, desde 1937, agentes del M1-5, el servicio de contraespionaje de su majestad, han tenido una oficina en la sededela BBC desde la cual controlan, comentan y vetan las decisiones de la oficina de personal, especialmente las contrataciones y los ascensos, con la excusa de "impedir la infiltración comunista".
Este nuevo escándalo, que desafía como el anterior el buen nombre del mayor complejo informativo del Reino Unido, volvió a poner en escena a los protagonistas del debate de hace dos semanas, en especial a Jack Ecclestone, Secretario General de la NUJ, dos mil de los cuales son de la BBC, y a Leon Brittan, ministro que tutela tanto a los servicios secretos como a la misma BBC.
La injerencia de los servicios secretos en la BBC fue descubierta por el semanario The Observer, quien el 18 de agosto aseguró a sus lectores dominicales que en el edificio de la Cadena, en la oficina 105, ocupada por el General de Brigada Ronnie Stonjam, existía un nido del M1-5 encargado de investigar la vida privada y los antecedentes del personal que va a ingresar a la BBC o que va a ser promovido dentro de ella. Según la publicación, cuando la BBC va a contratar los servicios de algún periodista o de un funcionario, somete el nombre del aspirante a esa oficina y ella cruza ese dato contra el medio millón de fichas biográficas que almacena un ordenador del M1-5, el cual produce, en segundos, una hoja con detalles de la vida del aspirante. Lo que arroja la computadora es un misterio para la persona concernida, pues ésta jamás es informada de que ha sido objeto de ese tipo de pesquisa. De tal suerte que si la máquina reproduce información imprecisa o falsa nunca el interesado tendrá la oportunidad de aclarar nada. Es vetado y punto.
Revelado el delicado asunto, vino la confirmación por parte de los directivos. Sí, dijeron. Existe este sistema desde 1937 para vetar personal, pero--para calmar a los periodistas y a los sindicatos--"sólo se está aplicando a directivos con acceso a áreas sensibles o a informaciones clasificadas". De nada valió la vergonzante declaración de culpa, pues hasta el cuento de que tal práctica era restringida "a algunos directivos" fue desmentida a su vez por Alastair Hetherington, un responsable de la BBC para Escocia. Este dijo desde Edimburgo que la investigación de antecedentes políticos afecta "a todo aquel que trabaja en programas de actualidad", y que a él no lo tomó por sorpresa The Observer, pues como todo directivo de la Cadena, él estaba enterado de tales vetos del M1-5. "No me gustaba y estaba molesto por ello", dijo disculpándose.
De inmediato vino la movilización de los afectados. El staff de la BBC y los sindicatos de periodistas rechazaron las afirmaciones de que relativamente pocos cargos de la Corporación estaban bajo los escrutinios de seguridad. Recordaron que en la BBC impera una extraña costumbre sobre las hojas de vida de todos. Si bien los empleados tienen el derecho de ver el resumen anual que sus superiores hacen de ellos --consistentes en unas cortas frases sobre habilidad y puntualidad del empleado--nunca se les permite ver su hoja de vida completa.
Las razones, evidentes ahora, es que en las hojas de vida pueden hallarse huellas y vestigios de aquella información de seguridad, obtenida a espaldas del personal. En años anteriores, la NUJ, que tenía sus sospechas, solicitó a la BBC que le confirmara si existían o no esos informes, y le fue contestado que no existían.
La admisión de ahora por lo menos ha servido para fortalecer la determi nación de los sindicatos de lucha contra esos reportes secretos y el sistema de veto que se deriva de ellos. De paso, se destapó que otros organismos estatales, como los ferrocarriles los correos, los servicios de teléfonos energía y gas, emplean a su vez los servicios del M1-5.
Los empleados no son los único furiosos con la injerencia del contra espionaje en la BBC. El diario libera The Guardian, en su editorial del 21 de agosto, después de considerar que esa práctica pudo haber sido tomada --con algo de razón-durante lo años de ascenso del fascismo y de la Segunda Guerra Mundial, era hoy un "vestigio anacrónico" que tenía que se eliminado de inmediato, así como "el Brigadier Stonham y sus archivos sacados a patadas ya mismo de la BBC". Según el diario "los periodistas y locutores deben ser juzgados por que ellos producen, no por lo que los rumores y los reaccionarios servicios de seguridad alegan de ellos". El editorial que advierte que la BBC, tras estos incidentes, necesitará del apoyo de todo para recuperar su imagen de medio independiente, sentenció: "hay claros efectivos métodos para preservar las pautas editoriales, y el M1-5 no puede tomar legítimamente parte en ello". --
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