Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1984/07/09 00:00

UN GENERAL SIN ODIOS

El líder del Frente Amplio habla desde Montevideo y en exclusiva para SEMANA

UN GENERAL SIN ODIOS

SEMANA entrevistó en Montevideo al líder uruguayo Liber Seregni, recientemente liberado después de ocho años en la cárcel. A pesar de la prohibición de participar en las elecciones del próximo 25 de noviembre que pesa sobre Seregni y sobre la mayoría de los grupos que conforman el Frente Amplio, éstos han cobrado gran importancia en la vida política del Uruguay. Tanto el carisma de Seregni, como la capacidad de movilización del Frente, son unos de los factores que van a determinar si se tendrán elecciones que verdaderamente legitimicen el orden democrático, o si por el contrario, éstas tendrán lugar con las restricciones que pretende imponer el gobierno de facto.
Seregni es un hombre sencillo, cordial, casi paternal. Lo que más impresiona es su mirada vigorosa, como iluminada. Tal vez los años que pasó preso lo convencieron de que sólo debía mirar hacia adelante, y por eso sus ojos tienen ahora esa característica de ver más allá de todo lo que tiene en frente. Creo que ésta es también una cualidad política que le pertenece.
SEMANA: ¿Qué fue lo que más fuerza le dio para mantener el ánimo durante tanto tiempo en la cárcel?
LIBER SEREGNI: Bueno, serían varias cosas que sirvieron de puntales en nuestra vida en la cárcel. La primera, la más absoluta tranquilidad espiritual. El estar conscientemente seguros de la rectitud de nuestros procedimientos y de nuestros ideales. Luego, el saber que no estábamos solos. Supimos a través de las manifestaciones de los familiares en sus visitas o por alguna noticia en las revistas o en la radio, que el mundo entero estaba acompañándonos y, en ciertos momentos, casi sientiendo físicamente esa solidaridad y esa compañía. También, las visitas de mi mujer, de mis hijas y nietas que fueron un tremendo puntal para soportar ese largo tiempo. Y por último, el compartir la prisión con un grupo extraordinario de compañeros militares, presos políticos por defender la Constitución y la ley.
S.: ¿Por qué cree usted que aun siendo militar sus mismos compañeros lo hayan atacado con tanta saña?
L.S.: Hay una frase hecha que dice que no hay peor cuña que la del mismo palo. Pasa que nosotros que entendíamos como misión fundamental de las Fuerzas Armadas la defensa de la Constitución y de la ley, éramos hasta cierto punto la conciencia negra de quienes las habían violado y por eso la saña dirigida contra nosotros.
S.: ¿Es cierto que se le está cobrando a usted 113.742 nuevos pesos (como 2.100 dólares) por su "estadía" en la cárcel?
L.S.: Sí y aunque parezca absurdo, no sólo en mi caso. A todos los presos políticos en el momento del reintegro a la libertad se les cobra por vivienda, vestuario y alimentación. Esto es pagar el precio de la quita de la libertad.
S.: Si usted fuese el primer Presidente democrático del Uruguay después de esta dictadura, ¿qué haría usted con los militares que se sublevaron contra el régimen constitucional?
L.S.: Yo soy de formación militar y tengo muy claro el sentido de cuál debe ser su papel, sobretodo en los países latinoamericanos. Siempre quisimos hacer unas FF.AA. que fueran escudo del pueblo y no arma volcada contra el pueblo. Las FF.AA. como institución, tienen un importantísimo rol a cumplir, cualquiera que sea la forma de gobierno de esa sociedad, profundamente integradas con el pueblo.
S.: ¿Qué medidas tomaría con respecto a estos militares que violaron las leyes?
L.S.: Es una etapa que pasó. Nosotros no pretendemos revanchas ni cultivamos odios ni venganzas. Pretendemos construír una sociedad firme y una democracia firme en el futuro. Lo que sí pregonamos, es la necesidad de justicia por sobre todas las cosas y la aplicación de la justicia en todos los casos en que haya habido violación...
S.: ¿Un proceso parecido al que está siguiendo la justicia argentina?
L.S.: Si bien hemos recorrido etapas difíciles los dos países, las situaciones entre la Argentina y el Uruguay tienen características distintas. En el primer caso, además de haber conducido al país a la crisis más profunda, haber fracasado en el modelo de sociedad que quisieron imponer y haber hecho un tremendo genocidio; además de eso, llevaron al pueblo argentino a una aventura bélica, de la cual salieron derrotados, comprometiendo, irresponsablemente a la nación. Eso habilita una serie de juicios que no están presentes en nuestro caso. Én nuestro país hubo sí, un golpe de Estado y una violación de la Constitución.
S.: ¿Y violaciones a los derechos humanos?
L.S.: Sí hubo, pero en una escala menor. Si bien que en el terreno ético lo que importa es la violación y no la cantidad o la calidad de las violaciones, de todas maneras nuestra situación es distinta.
S.: ¿Las Fuerzas Armadas y de seguridad no estarían incluidas en la amnistía que ustedes han propuesto?
L.S.: Nosotros pregonamos la amnistía de los presos, los perseguidos, y los procesados y punto. Para los demás pedimos justicia. No quiere decir esto que vayamos a reclamar el sentarse en el banquillo de acusados a todos los que violaron la constitución pero sí a muchos que cometieron delitos graves.
S.: Los exilados políticos están incluidos en la amnistía propuesta... ¿cuántos se calculan?
L.S.: Los estudios más serios y más conservadores sitúan a los exiliados entre al año 68 hasta el 80, entre mínimo 350 mil y máximo 450 mil. Es una tremenda proporción de la población.
S.: Cerca de un 13%...
L.S.: Para dar un dato comprobado que dice de la intensidad de esta emigración: en los diez años posteriores al 68 emigró el 32% de la población de Montevideo en las edades comprendidas entre los 18 y los 29 años.
S.: ¿Cómo ve usted la posibilidad de que los uruguayos acepten una amnistía irrestricta para todos los exilados y presos políticos cuando muchos, aún hoy, dicen que es imposible una reconciliación con las extremas izquierda y derecha por la gravedad de los delitos que éstas han cometido?
L.S.: Nuestra sociedad entera sufrió un tremendo trauma a través de estos años. Las familias orientales sufrieron en carne propia heridas que hay que curar. Hemos pregonado la pacificación de los espíritus como base para lograr una paz social sin la cual la democracia no puede existir. Estamos profundamente convencidos de que una sólida y trascendente recuperación de la democracia, su afirmación como tal, sólo es posible en un clima de paz. Por eso la exigimos como condición indispensable. Es necesario utilizar las experiencias vividas, tremendamente dolorosas en muchos casos, para afirmar los deseos de un futuro asentado sobre elementos positivos y no sobre la negación.
S.: Entiendo que tanto usted, el Frente Amplio y Wilson Ferreira, candidato del Partido Nacional, están proscriptos para las elecciones. ¿Que posibilidades hay de que se levanten las proscripciones?
L.S.: Las elecciones serán el resultado de la lucha que el pueblo oriental entero está desarrollando contra el régimen. Nuestras banderas son las mismas de la proclama del 27 de noviembre (1983): exigencia de una democracia sin limitaciones y sin proscripciones. Vamos a circular en este tiempo que media entre ahora y el proceso eleccionario, manteniendo nuestras postulaciones y afirmándolas en la movilización del pueblo entero.
S.:Y en su caso personal, ¿qué medidas ha tomado usted para poder ser candidato de su partido?
L.S.: Mi caso personal es distinto porque pesan sobre mí dos órdenes de prohibiciones. Una emanada del acta número 4 que estableció el impedimento de desarrollar actividad política a todos aquellos que habíamos integrado listas del F.A. en las últimas elecciones en 1971. La otra, emanada del fallo de la justicia, me impone dos años de prohibición del ejercicio de la actividad política. En lo personal yo no hago cuestión de mi persona. Luchamos porque son las banderas del Frente y porque queremos la desproscripción total de personas y de partidos, pero sé que mi caso es excepcional.
S.: ¿Cuáles son los obstáculos más grandes que tendrá que enfrentar la nueva democracia uruguaya?
L.S.: El reto más grande no es sólo la recuperación de la democracia. La tarea más tremenda es la recuperación de la profunda crisis económica en la que estamos sumergidos. Por eso el gobierno que emerja de las elecciones de noviembre tendrá que superar esa crisis económica con sus repercusiones sociales a través de un esfuerzo común. Queremos la concertación de todas las fuerzas políticas y los sectores sociales que realmente deseen la democracia, para llegar a un acuerdo nacional que permita formular un proyecto comprendido, compartido y participado por todos.
S.: ¿Diría usted que se podría ver con optimismo el proceso de democratización en el Cono Sur?
L. S.: Bueno hay países que están marchando más rápido que otros. La Argentina, por una característica muy particular en su proceso, vivió una etapa de aceleración tremenda. Brasil viene recorriendo con lentitud un camino cierto de recuperación con altibajos, con tiempos de tensión, con problemas como los que están presentes en el momento actual, respecto de la elección directa del Presidente. Nuestro país está caminando también a favor de una voluntad indeclinable de nuestro pueblo. Pensamos que en este camino, el caso chileno, que tiene características especiales, quizás demande un tiempo mayor y también en el caso del Paraguay. Pero lo cierto es que vivimos en América entera, un tiempo de recuperación de las democracias .--
María Teresa Ronderos Corresponsal de SEMANA en Buenos Aires

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