Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/02/12 00:00

Un mar de diferencias

Crece la tensión entre Lima y Santiago por cuenta de una ley peruana que ignora límites marítimos que Chile considera inamovibles.

El gobierno de Ricardo Lagos considera que la ley peruana ignora el límite vigente en el último medio siglo y pretende cambiar unilateralmente los acuerdos vigentes.

De nuevo una disputa limítrofe oscureció el panorama latinoamericano. A pesar de la ofensiva diplomática de Chile, el Congreso peruano aprobó el jueves en forma unánime el polémico proyecto de ley de delimitación marítima que se convirtió en la manzana de la discordia entre Lima y Santiago. La polémica se concentra en determinar desde dónde y en qué dirección se proyectan las 200 millas náuticas de soberanía marítima peruana en la frontera con Chile. La tensión entre los dos gobiernos fue creciendo durante la semana hasta llegar al punto de que el presidente chileno, Ricardo Lagos, no sólo inició contactos diplomáticos con Brasil, Argentina, Ecuador, Estados Unidos y Gran Bretaña, para defender su posición, sino que advirtió que "Chile ejercerá su soberanía en el mar". Algunos titulares sensacionalistas, de lado y lado de la frontera, aprovecharon la ocasión para despertar los fantasmas de la Guerra del Pacífico, que en 1879 enfrentó a Perú y Bolivia contra el país austral. Como suele ocurrir en esta clase de encontronazos, el problema se origina, al menos de labios para afuera, en una diferencia de interpretación jurídica. Para el gobierno chileno la ley carece de efectos jurídicos internacionales, ya que ignora el límite que ha estado vigente durante el último medio siglo. Este se ajusta al paralelo de la frontera terrestre, de la misma manera que ocurre, por ejemplo, con la frontera marítima entre Colombia y Ecuador. Para Santiago, esos límites estaban establecidos mediante acuerdos vigentes, de 1952 y 1954 que, según su cancillería Lima flagrantemente ignora y pretende cambiar unilateralmente. El gobierno de Alejandro Toledo, por su parte, considera que Perú "no tiene tratados de delimitación marítima con Chile" y que los documentos firmados no tenían como propósito fijar fronteras territoriales, sino establecer una zona de delimitación pesquera para evitar incidentes. En ese sentido, sienten que es un tema pendiente por resolver y que la mejor solución es establecer los límites por medio del principio de equidistancia, que es el aplicado por la Convención del Mar. Aunque Perú aún no es firmante, con ocasión de la polémica anunció que pretende adherirse. Aunque los dos países están a punto de elegir nuevos gobiernos (Chile en diciembre y Perú en abril), el contraste de sus realidades es notable. Mientras la presidencia de Ricardo Lagos en Chile ha transcurrido en medio de la estabilidad, Alejandro Toledo ha enfrentado las turbulencias propias de la política peruana pos Fujimori, y su popularidad ha descendido hasta el 14 por ciento. En cada lado de la frontera la posición oficial de su vecino es considerada sospechosa por los intereses electorales en juego. Las especulaciones hacen parte del orden del día. En Perú, la reacción chilena parece desproporcionada y acusan a Lagos de una 'histeria bélica' que obedecería al descenso en las encuestas de la candidata oficialista Michelle Bachelet, favorita para ganar las elecciones. En Chile, la ley se percibe como una estrategia de Toledo y algunos 'halcones' nacionalistas de su gobierno destinada a levantar la alicaída imagen del mandatario. La consideran la última de una serie de provocaciones inspiradas en el populismo. Este ha sido un año especialmente complicado en el que la relación entre los dos vecinos viene de mal en peor. Además de algunos incidentes menores que reflejaban un ambiente de hostilidad, a principios de año las relaciones tocaron piso, cuando el gobierno de Toledo reabrió el debate sobre la venta chilena de armas a Ecuador en 1995, durante el conflicto bélico que enfrentó a Lima y Quito. Perú envió una nota de protesta con ocasión de la elección como secretario general de la OEA del chileno José Miguel Insulza (ministro de Exteriores en aquel entonces), suspendió sus "gestos de buena voluntad" con Santiago y las conversaciones para un Tratado de Libre Comercio entre los dos países. Es en ese contexto en el que algunas voces incluso hablan de un potencial enfrentamiento militar. La ley dejaría el escenario servido para que se encontraran botes de los dos países en aguas que ambos consideran propias. Sin embargo, también de lado y lado, hay voces que llaman a la cordura y a la diplomacia. "Dos interpretaciones distintas no hacen que uno sea el bueno y otro el malo. La solución es sentarse a conversar y buscar una interpretación común, que sólo podrá impulsarse con fuerza a partir del próximo año con gobiernos elegidos democráticamente", dijo a SEMANA el ex canciller peruano Diego García Sayán. Unas palabras que encierran el deseo, expreso o tácito, de todos los gobiernos de la región.

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