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| 6/2/2011 12:00:00 AM

Un niño de 13 años, el símbolo de la protesta Siria

Las revoluciones árabes parecen fortalecerse en torno a iconos, y las revueltas en Siria, aparentemente, han encontrado el suyo en un niño de 13 años de un pueblo próximo a la ciudad de Deraa, en el sur del país.

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BBC
Hamza Ali al-Khatib participó en una manifestación el 29 de abril que culminó con un tiroteo en un complejo de viviendas militares en Saida, a las afueras de la ciudad.

Desde ese punto, hay dos versiones diferentes de cómo siguió la historia hasta el 21 de mayo, cuando el cuerpo del pequeño Hamza fue entregado a su familia.

El relato oficial, según contó la televisión estatal siria cuando su muerte se convirtió en noticia, fue que el chico resultó alcanzado por tres balas en el complejo de Saida y murió en el acto.

Según esa narración de los hechos, el cuerpo fue hallado esa misma tarde y lo llevaron hasta la morgue de Deraa, donde un forense identificó las heridas de bala como la causa del fallecimiento.

El retraso en avisar y entregar el cuerpo a la familia se atribuyó -siempre según la versión oficial- al hecho de que aún no se conocía su identidad.

"Torturado hasta la muerte"

Sin embargo, el relato que ha convertido a Hamza en un símbolo de la revuelta en Siria y ha hecho que su nombre dé la vuelta al mundo, es muy diferente.

Según la versión extraoficial, las fuerzas de seguridad capturaron al niño y lo torturaron hasta provocarle la muerte. Dicen que cuando la familia recuperó su cuerpo, en él había quemaduras de cigarrillos y otros signos de tortura y mutilación como la castración, así como heridas de bala.

Las imágenes del cadáver, publicadas en internet y difundidas en al-Jazeera y otras emisoras de televisión, parecen apoyar esa teoría.

Según denuncian activistas antigubernamentales en varias páginas de internet, para poder recuperar el cadáver del pequeño, la familia tuvo que firmar un documento en el que prometía que quemaría sus restos inmediamente y mantendría silencio.

Antes, otras fuentes creíbles habían denunciado que para que les devolvieran los cuerpos de sus seres queridos, muchos en Deraa tenían que firmar documentos o bien admitiendo que el fallecido era un terrorista o que había recibido disparos de "terroristas", y no de las fuerzas de seguridad.

La "rutina de la tortura"

En un informe, el grupo de defensa de los derechos humanos Human Rights Watch aseguró que más de 400 personas murieron sólo en Deraa y sus alrededores a finales de marzo, cuando comenzaron las protestas.

El texto concluye que la tortura de los detenidos allí se había convertido en una rutina y alertaba que podrían haberse cometido también abusos que constituían crímenes contra la humanidad.

La versión oficial siria insistió en que la decoloración y otros signos poco habituales en el cuerpo de Hamza eran una consecuencia natural de su muerte, producida varias semanas antes.

Las imágenes difundidas en internet mostraban heridas de bala en el pecho y el torso que -según esa versión- casi con toda seguridad resultaron fatales.

El máximo responsable de la autoridad forense Akram Sha'ar, que según la televisión siria examinó el cuerpo horas después de la muerte, en la noche del 29 de abril, dijo: "No hay muestras de violencia, resistencia o tortura o ningún tipo de contusiones, fracturas, huesos dislocados o cortes".

Homenajes en Facebook

Cualquiera que sea la verdad acerca de cómo murió Hamza al-Khatib, su muerte ha resonado por toda Siria y mucho más allá.

Como sucedió antes en las revoluciones de Egipto y Túnez, el levantamiento en Siria ha dado muestras en alguna ocasión de necesitar un nuevo símbolo para impulsarse.

La fotografía de Hamza se ha alzado en manifestaciones en muchas ciudades y en vigilias privadas muchas mujeres sujetan pancartas que dicen: "Todas somos las madres de Hamza al-Khatib".

Hay páginas en Facebook dedicadas a su memoria y líderes mundiales como la secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, o el canciller australiano, Kevin Rudd, se han referido a él para argumentar la necesidad de aumentar la presión sobre el régimen de Bashar al Asad.

En una coincidencia poco habitual, los medios estatales sirios se han referido a Hamza como un "mártir", igual que lo hacen los activistas de la oposición.
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