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| 1/14/2012 12:00:00 AM

¿Un nuevo Abu Ghraib?

Con el polémico video de cuatro ‘marines’ orinando sobre talibanes muertos, Washington pierde la poca credibilidad que le queda y pone en riesgo su retiro de Afganistán.

El gobierno de Estados Unidos está inquieto por un video borroso, aficionado, pero sobre todo aberrante. Son solo 39 segundos, que le podrían salir carísimos, en los que se ven cuatro marines estadounidenses orinando sobre los cadáveres ensangrentados de talibanes. Se ríen. Uno dice: “Que tengas un gran día, amigo”. Otro pregunta: “¿Lo filmaste?” y un tercer compinche, con un dudoso juego de palabras sexuales, exclama: “¡Dorada, como una ducha!”.

El video, que fue subido al portal YouTube, se volvió viral y sin duda marcará uno de los momentos más bajos, degradantes y patéticos de la guerra de Estados Unidos en Afganistán. Ahora falta ver si puede poner en riesgo las enclenques negociaciones entre Washington y los talibanes, y si estos abusos pueden convertirse en un segundo Abu Ghraib (ver recuadro).

Desde ya se sabe que el castigo contra los soldados va a ser severo. Lo más probable es que el Pentágono use el caso como un ejemplo. Por eso es probable que los acusen ante una corte marcial, pues “la profanación, el mal manejo o la explotación de cadáveres de enemigos muertos” es considerado por las convenciones de Ginebra como un crimen de guerra.

Los talibanes rechazaron el abuso, que calificaron de ‘bárbaro’, pero por ahora no han tomado retaliaciones. Es más, insistieron en que eso no tenía por qué entorpecer las negociaciones que están adelantando con Washington. Aunque la guerra en Afganistán sigue, las dos partes se han estado reuniendo en Qatar, en donde los islamistas abrieron una oficina para facilitar el diálogo. Apenas se están dando pasos preliminares, pero está en juego el retiro de los soldados estadounidenses y el futuro político de Afganistán. Por eso no es seguro que el video quebrante el progreso que se ha logrado con tanta dificultad.

La calle afgana, ultrasensible y que en ocasiones similares ha salido a quemar banderas, con gritos y consignas antiimperialistas y atacando las autoridades “cómplices con la ocupación”, se mantuvo en relativa calma. El viernes pasado, el día de oración semanal de los musulmanes, la salida de las mezquitas fue inusitadamente tranquila. En Kabul, los predicadores ni siquiera mencionaron el episodio. Según analistas, podría ser un signo de que los talibanes están tomando en serio las negociaciones y que no quieren que nada se les salga de las manos.

Sin embargo, la situación en Afganistán es inestable y aún nadie está seguro de que las cosas no se saldrán de control. El propio Leon Panetta, secretario de Defensa, deploró el video y advirtió que podía ser usado de manera malintencionada para “socavar los esfuerzos de Estados Unidos. Ahí hay peligro”.

Aludía a las reacciones que en el pasado han estallado por episodios parecidos. En 2005 la revista Newsweek reportó que en la prisión de Guantánamo soldados orinaron sobre el Corán y botaron varios ejemplares al inodoro. Aunque la información nunca fue confirmada, manifestaciones violentas dejaron 17 muertos en Afganistán.

Cuando el mundo conoció los horrores de la cárcel de Abu Ghraib, en Irak, la indignación fue total y en ese país los islamistas se vengaron con varios atentados, secuestros y decapitaciones de estadounidenses. Washington perdió la poca credibilidad que le quedaba. Abu Ghraib reveló una verdadera política de abusos, cometidos con el consentimiento de la jerarquía, por lo que esta vez Washington trató de actuar rápido y de manera eficaz para dejar en claro que el video de los cuatro marines es un hecho aislado cometido por militares que serán castigados. Lo dejó claro Panetta, al decir que “si nos movemos rápido, investigamos y encontramos esta gente responsable, mandamos señales claras de que no vamos a tolerar esto y que estas prácticas no nos representan”.

En todo caso, el lamentable episodio llega en el peor momento para Estados Unidos. En los últimos meses el Pentágono insiste en palabras como consolidación, negociación y acuerdos para referirse a la guerra en Afganistán. Los planes del presidente Barack Obama es que a finales de 2012 vuelva a casa la mayor parte de los 70.000 soldados que sirven allá. En pleno año electoral, no respetar su promesa sería un desastre político. Washington también está luchando por tener contento al presidente Jamid Karzai y a sus enemigos acérrimos talibanes, para poder abandonar un país medianamente estable. Por eso hay miedo de que cualquier chispa arrase con el proyecto de la Casa Blanca. Y el video es un verdadero torpedo.

Otros abusos

No es la primera vez que los excesos del Ejército estadounidense provocan escándalo en el mundo. Estos son los peores casos.

En 2004, las imágenes de las intimidaciones con perros, torturas con electricidad y abusos sexuales que cometían los soldados estadounidenses contra los prisioneros de la cárcel de Abu Ghraib, (foto) en Bagdad, le dieron la vuelta al mundo. El centro de reclusión se convirtió en símbolo del horror de la invasión norteamericana en Irak. El Pentágono aseguró que los responsables eran unas ‘manzanas podridas’ y condenó en un consejo de guerra a los 11 marines.

En noviembre de 2005, tropas estadounidenses masacraron a sangre fría a 24 personas en Haditha, una población iraquí. Inicialmente, los militares alegaron que las muertes se produjeron en defensa propia, pero un video reveló que habían disparado contra las casas en un acto de brutalidad y venganza.

En marzo de 2006, cinco marines, haciéndose pasar por insurgentes, irrumpieron en la casa de una quinceañera iraquí, la violaron y la asesinaron. Para no dejar ningún rastro, también mataron a su familia y quemaron la vivienda. Steven Green, un soldado de 21 años, fue sentenciado a cadena perpetua por el macabro asalto.

Una grabación filtrada por WikiLeaks en 2010 muestra el ataque de un helicóptero estadounidense contra una docena de iraquíes, incluidos un fotógrafo de la agencia Reuters y su chofer, en las calles de Bagdad. Los pilotos lanzaron una segunda ráfaga a personas que los socorrieron. El crimen ocurrió en 2007 y, pese a que provocó una ola de indignación, el Comando Central norteamericano no investigó el caso.

El sargento Calvin Gibbs fue condenado a cadena perpetua por haber creado un escuadrón de la muerte que asesinó a tres civiles afganos a principios de 2010. Los abusos del grupo de soldados quedaron en evidencia gracias a unas fotos en las que posaban sonrientes al lado de los cadáveres. También acostumbraban amputar los dedos y otras partes del cuerpo de las víctimas para guardarlas como trofeos.
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