Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2004/03/07 00:00

Un nuevo 'round'

La pelea por el referendo revocatorio no parece tener fin. Mientras las calles son campos de batalla, gobierno y oposición negocian la revisión de las firmas.

El presidente Hugo Chávez acusa a Estados Unidos de injerencia en los asuntos internos.

Como haciéndole honor a su producto nacional, los venezolanos viven de nuevo sentados en un barril de gasolina. La situación es tan volátil que bastó el rumor de que el Consejo Nacional Electoral cuestionaría las firmas presentadas para convocar el referendo revocatorio de la presidencia de Hugo Chávez, para que estallara la violencia en varias ciudades.

Eso sucedió el viernes 28 de febrero y las protestas no han cesado desde entonces. El martes el presidente del CNE, Francisco Carrasquero, añadió leña al fuego al confirmar que se contabilizaron 1.832.493 firmas válidas y que, por lo tanto, no se llegó al 20 por ciento del total de votos, es decir, 2.437.000 necesarios para la consulta. En respuesta los disturbios se intensificaron y, al final de la semana, al menos seis personas habían muerto, decenas resultaron heridas y unas 350 detenidas.

Según dijo Carrasquero, un total de 876.017 firmas fueron consideradas "dudosas" y su legalidad será confirmada entre el 18 y el 22 de marzo en un proceso que llamó "reparo". Éste consistirá en que los firmantes deberán presentarse en uno de los 24 centros estatales, uno en cada entidad federal -335 centros municipales, 23 centros de reparos en el Distrito Capital-, un centro por cada parroquia y 618 que abrirán de acuerdo con la densidad de firmantes establecida en la base de datos. Allí, mediante la presentación de su cédula, la persona declarará si la firma estampada es la suya.

No resulta una sorpresa que los opositores a Chávez estén exasperados. El argumento de la Comisión para poner en duda la validez de las firmas resulta por lo menos curioso. Como dijo a SEMANA la columnista Milagros Socorro, "cuando se recogieron las firmas, muchos de los que atendían las mesas llenaron la información del firmante, antes de que éste plasmara su rúbrica. Las llaman planillas planas, porque todos los datos, salvo las firmas, fueron llenados por la misma persona".

Los voceros del gobierno sostienen que en el procedimiento aprobado está la garantía de que los opositores puedan 'reparar' las firmas y conseguir el mínimo necesario. Pero entre estos cunde la duda de seguir el juego, convencidos como están de que el gobierno hace trampa, o declararse en rebeldía y forzar los hechos en la calle. Lo cierto es que los observadores de la OEA y el Centro Carter, si bien discreparon de la decisión del CNE, aceptaron que la opción de continuar con la revisión de las firmas era válida.

El jueves pareció imponerse la tesis de la negociación, pues representantes de la Coordinadora Democrática pasaron todo el día reunidos con el CNE, en busca de mejorar las condiciones del proceso de 'reparo', con más plazo para hacerlo y mayor número de mesas. Para ello se basaron, como dijo a SEMANA el analista Fausto Masó, en la idea de que "lo único que tiene a su favor la oposición es la posibilidad del referendo. El intento de abril de 2002 la hizo quedar como golpista, el paro fue un fracaso y ahora, con las protestas en la calle, Chávez está quedando como el que llama a la calma. La situación es contradictoria: la violencia es lógica, pero es un suicidio para la oposición".

Al final de la semana parecía abrirse paso la tesis de que todavía era posible salvar el referendo, y que la confrontación en las vías sólo conducía a un callejón sin salida. Pero en el barril de gasolina de los venezolanos, no faltan los chispazos que lo encienden de un momento a otro.

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