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| 8/30/2013 12:00:00 AM

Un premio para Edward Snowden

El exagente de la CIA recibió un premio que quiere honorar pero también proteger a los whistleblowers.

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DW
La Asociación de Científicos Alemanes (VDW), la Asociación Internacional de Abogados contra las Armas Nucleares (IALANA) y Transparencia Internacional premian al informante estadounidense por sus revelaciones acerca del programa de espionaje PRISM. “Snowden develó prácticas ilegales del control de datos, lo que tuvo efectos considerables en las relaciones internacionales entre EE.UU. y Europa.

Además, actuó sin interés personal y arriesgó una larga pena de prisión”, justificó el jurado su decisión.

Snowden, al que le concedieron asilo temporal en Rusia, no pudo venir a Berlín a la entrega del premio este 30 de agosto. Viajando a Alemania corría riesgo de ser detenido y extraditado a EE.UU. Otto Jäckel, presidente de la IALANA, destaca que no es la primera vez que ocurre eso: en 1999, Jäckel tuvo que viajar a Rusia para entregarle el premio a Alexander Nikitin. El capitán de Marina tuvo que comparecer ante un tribunal ruso por sus revelaciones sobre accidentes en barcos de propulsión nuclear y vertido de residuos nucleares en el Océano Boreal y no le fue permitido viajar a Alemania. Sin embargo, el galardón tuvo un efecto positivo: “El premio y la atención pública que causó su entrega hicieron que los tribunales rusos absolvieran a Nikitin”, dice Jäckel.

Un premio simbólico con grandes efectos

El Premio Whistleblower está dotado de 3.000 euros. Parece poco, pero según Jäckel, eso demuestra la verdadera virtud de los whistleblowers, que “actúan sin intereses propios, por convicción y no por el premio".

Por el contrario, muchas veces ellos mismos pagan un precio muy alto. Rainer Moorman, por ejemplo: el químico del Centro de Investigación Nuclear de Jülich recibió el premio en 2011. En 2009, el experto en seguridad reveló que la tecnología de los reactores modulares de lecho de bolas no era tan segura como generalmente se decía. De esta manera, impidió una transacción de 1.500 millones de euros entre Alemania y Sudáfrica.

Desde entonces, su jefe y muchos colegas lo consideraron traidor. “Me marginaron y perdí muchos contactos”, dice Moormann. “Pero no sentí odio ni rabia, sino el deseo de combatir las intrigas y mentiras de mis oponentes y de atenerme a mis principios”, añade. El Premio Whistleblower fue un desagravio tardío: “Me proporcionó muchos contactos así como invitaciones a conferencias y me permitió seguir representando mi posición en Alemania”, explica Moormann.

Al mismo tiempo, para muchos galardonados el reconocimiento es como una señal, observó el miembro del jurado Jäckel: “Les demuestra que no se encuentran solos, que hay personas que valoran lo que hicieron. También les señala perspectivas de una vida después del whistleblowing.”

Una declaración política

Los temas tratados por los premiados whistleblowers siempre son políticamente explosivos. Por lo tanto, la entrega del premio siempre conlleva un mensaje político.

En Alemania todavía no existe una “cultura del whistleblowing”. Por eso, Rainer Moormann deposita grandes esperanzas en el Premio Whistleblower : “Cabe destacar que en Alemania, a diferencia de la zona anglosajona, el whistleblowing está más bien considerado una infamia.” Según el galardonado del 2011, hacen falta reglas legales razonables al respecto en el país.

“A quienes dan el premio les gustaría que algún día ya no hubiera necesidad de otorgarlo”, dice Otto Jäckel. Sin embargo, un mero cambio en la legislación no entrañaría eso: “Aun cuando haya reglamentos de protección, creo que seguirá habiendo acciones de whistleblowers dignas de un premio.”
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