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| 10/16/1995 12:00:00 AM

¿UN PRESIDENTE NEGRO?

El ingreso del general Colin Powell en la baraja de presidenciables, reanima el debate sobre si ha llegado el momento de que Estados Unidos tenga un presidente de color.

POCOS HOMBRES COMO COLIN POWELL reúnen tantas características del sueño americano. De origen humilde -creció en el suburbio neoyorquino de Bronx- Powell realizó una carrera militar tan brillante que no sólo le sirvió para convertirse en un general de cuatro estrellas, sino también para postularse a la próxima presidencia de Estados Unidos. Si llega a la Casa Blanca tendría asegurado un lugar muy especial en la historia por ser el primer mandatario negro de esa Naciòn.
Lo que muchos aún no logran entender es que a pesar del color de su piel, Powell cuenta con el apoyo de los sectores más tradicionales de ese país, tanto que es probable que sea elegido como el candidato del partido republicano y le entraría a pelear la reelección a Bill Clinton. Por ser un militar en retiro, hasta la fecha se ha hablado de su postulación como independiente, pero tanto republicanos como demócratas ven con buenos ojos que Powell esté dentro de sus aspirantes a la presidencia.
A pesar de que el general no ha señalado aún hacia qué lado se inclinará finalmente la balanza o, si se presentará solo, algunos sondeos perfilan ya cómo están las cargas. De acuerdo con las últimas encuestas, de presentarse como independiente quedaría por debajo de Clinton y Robert Dole -otro posible candidato de la oposición-. En cambio si se pone la camiseta de los republicanos, le sacaría una ventajade 10 puntos al actual mandatario de los norteamericanos.
Aun si su alianza con los republicanos le puede representar el camino hacia la victoria, su relación con ellos no es del todo clara. A muchos les simpatiza, pero otros no terminan de mirarlo con cierto recelo. Ese podría ser el caso del ex presidente George Bush. Durante su gobierno Powell estuvo en el equipo de sus cercanos colaboradores, pues se desempeñó como jefe del Comando Mayor Conjunto, pero según rumores familiares al ex mandatario le aterroriza que Powell gane las primarias y sea el candidato de su partido.
Su relación con los republicanos también puede ser difícil porque algunas de sus opiniones son muy liberales. Hasta hace un par de semanas los detractores del general Powell le habían criticado que no se comprometía a emitir juicios sobre temas espinosos. Pero, en una entrevista con la periodista Bárbara Walters se le soltó la lengua y reveló algunas de sus convicciones más profundas. Manifestó estar de acuerdo con el derecho de la mujer a decidir sobre el aborto, con los controles al porte de armas y con la intervención del Estado en favor de los más débiles.
En esa entrevista también dejó en claro que en aspectos fiscales es definitivamente republicano, pues es un partidario de mantener bajos los niveles de impuestos. Además, reconoció que esa bandera lo llevaría con más facilidad a la presidencia, pero en el momento se encontraba insatisfecho con las dos grandes colectividades estadounidenses.
Tal vez su arma más importante no es el color de las banderas que eleve sino el imaginario que representa: el del héroe. Varios analistas han establecido las semejanzas que hay entre él y el general Dwight D. Eisenhower. Este regresó a Estados Unidos cubierto de gloria tras la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial. Powell fue una de las estrellas de la guerra del Golfo. Los dos, a pesar de ser militares de carrera, odian la guerra y la consideran como la última alternativa para resolver un conflicto. Tanto que ha sido esa cautela ante la guerra el objeto de muchas críticas en su vida militar.
Cuando Sadam Hussein invadió Kuwait en 1990, Powell se opuso a utilizar de inmediato la fuerza contra el líder iraquí. Los meses pasaron y Hussein permaneció inamovible. Entonces propuso que la acción de las Fuerzas Armadas en el Medio Oriente fuera rápida y eficaz.
Powell encabezó junto al general Norman Schwarzkopf la acción bélica en contra de Irak. Los resultados fueron contundentes, tanto que hoy ambos militares han hecho del prestigio de héroes de guerra un negocio -dictando conferencias o editando libros- que los ha vuelto millonarios. Pero hay entre sus compañeros de combate quienes consideran que la guerra del Golfo no fue tan exitosa como la han querido mostrar, pues la estabilidad en la zona la garantizan varios batallones norteamericanos que permanecen en el área de conflicto. Además con cada movimiento de Hussein se teme que se reviva el enfrentamiento.
El odio que siente Powell por la guerra es también producto de su perfil. Durante sus años como asesor en la Casa Blanca, en el gobierno de Ronald Reagan, y luego como jefe del Comando Central Conjunto de Bush, fue visto más como un burócrata que como un guerrero e incluso sus acciones tenían más carácter gerencial que estratégico.

DIAS OSCUROS
Como aspirante presidencial que se respete en Estados Unidos, la vida de este militar también ha tenido episodios poco claros que podrían prestarse a escándalo. Los hechos se remontan a 1968, cuando como mayor del Ejército fue enviado a Vietnam y las tropas a su cargo fueron acusadas de haber cometido una de las peores matanzas de civiles asiáticos, la de My Lai. Powell asegura que cuando ocurrieron esos acontecimientos todavía no había llegado a Vietnam y que, cuando finalmente los conoció, nunca los ocultó. Sin embargo, algunos veteranos de la época son bastante escépticos sobre si tuvo o no alguna responsabilidad.
El otro escándalo que lo salpicó fue el de Irán-Contras. Sus opositores aseguran que era imposible que siendo la mano derecha del secretario de Defensa no se hubiera enterado de la venta secreta de armas a Irán y la posterior desviación de fondos para los Contras nicaraguenses. Al recuento de cómo vivió esas situaciones, Powell dedica varias páginas de su libro My American Yourney que será lanzado esta semana. Espera con esas ex plicaciones despejar muchas de las dudas.
A su favor también tiene el hecho de que a sus simpatizantes les cuesta mucho creer que esas historias truculentas sean verdad. El general es percibido como una persona buena, trabajadora, que a punta de tesón consiguió dejar las calles del Bronx para meterse en los altos círculos de la política. Sin embargo su modesto origen y sus años de infancia no son para él motivo de verguenza ni de tristeza. Los recuerda con alegría y destaca que en esas calles de Nueva York conoció la riqueza pluriétnica de Estados Unidos y tuvo entre sus compañeros de juegos a hijos de inmigrantes judíos, italianos, griegos, polacos e hindúes.
Por eso en su discurso político recoge el origen amplio de la sociedad norteamericana y la necesidad de que todas esas etnias vivan en armonía, pero dándole una mano a aquellos que están siendo víctimas de discriminación. Planteamientos que pueden resultar vagos si se tiene en cuenta que provienen de un hombre de color con abiertas aspiraciones presidenciales. Lo que pasa es que Powell no se percibe a sí mismo como un líder negro, como el legendario Malcolm X.
Con la presentación de su libro en sociedad, que además es el inicio oficial de su candidatura presidencial, Powell se referirá nuevamente a sus planteamientos raciales y a la posibilidad de que Estados Unidos tenga un presidente negro. El show está listo para empezar y, sin duda, una de las apariciones que más comentarios despertará es la del lunes 18. Esa noche el entrevistador de la CNN, Larry King, intentará durante una hora escudriñar a ese personaje que se perfila como el fenómeno político más importante de Estados Unidos en la década de los 90.
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