Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1994/06/13 00:00

UN PRESIDENTE PROMISCUO

Una demanda por acoso sexual contra Bill Clinton podría llevarlo a humillaciones como las de Michael Jackson.

UN PRESIDENTE PROMISCUO

EL PRESIDENTE DE ESTADOS UNIDOS, BILL Clinton, podría pasar a la historia como el mandatario de los escándalos sexuales. La semana pasada una tal Paula Jones lo demandó por 700.000 dólares por un episodio ocurrido en 1991, cuando Clinton todavìa era gobernador de Arkansas. Aunque su abogado rechazó las acusaciones de acoso sexual diciendo que los hechos "no tuvieron lugar", quedó de nuevo la sensación de que su país está gobernado por alguien que no puede controlar su libido.
Esta vez no se trata de simples acusaciones, como cuando Jeniffer Flowers sostuvo que el entonces candidato había sido su amante, sino de una demanda contra el presidente de Estados Unidos, quien podría tener que comparecer ante un estrado para absolver preguntas que avergonzarìan a cualquiera.
El 8 de mayo de 1991 en el hotel Excelsior, de Little Rock, capital de Arkansas, se realizaba una convención estatal y la Jones entregaba las credenciales. Según dice ella, Clinton envió a uno de sus guardaespaldas, Danny Ferguson, con un mensaje: "El gobernador le manda a decir que usted le hizo chocar las rodillas y le pide que le acompañe". El policía -agrega- la condujo a una habitación, y allí Clinton la atrajo hacia sí. Cuando ella lo rechazó, Clinton se le sentó al lado y se bajó los pantalones, mientras le pedía que realizara en él actos de sexo oral. Como si fuera poco, la mujer ha dicho también que "podría reconocer caracterìsticas del área genital de Clinton".
El episodio parece ligado con otro de enero de este año. cuando dos patrulleros de Arkansas (uno de ellos identificado como Ferguson) dijeron que parte de su trabajo era llevarle mujeres y conseguirle hoteles al gobernador. Las declaraciones perdieron peso cuando se cuestionaron sus motivos, y eso es lo que podría suceder en el caso de la Jones, pues aunque ella dice que entregará el producido de su demanda a una institución caritativa, y que sólo quiere defender su dignidad, no ha dicho qué haría con su historia para los medios.
Esa circunstancia, y el hecho de que los promotores del escándalo son viejos enemigos de Clinton, podrían ser la base de una defensa exitosa del presidente, quien, además, tiene privilegios legales que le podrían llevar a la decisión -poco presentable políticamente- de evitar ir a juicio. Pero eso no podría impedir que se viera obligado en los procedimientos preliminares a pasar por una prueba como la de Michael Jackson. Una transacción por ese estilo o una salida legal por la puerta trasera serían demoledoras para la dignidad de su cargo.

Escándalos como éste y rumores como el que sostiene que su esposa Hillary casi le saca los ojos a Barbra Streisand por las tiernas miradas que le dedicó el Presidente cuando cantó recientemente en la Casa Blanca, no contribuyen en nada a la reconstrucción de su imagen. Sobre todo porque los Clinton han contratado a un abogado que a todas luces no pueden pagar (¿de dónde va a salir el dinero?), y la defensa no se ha basado en que Clinton es inocente, sino en que lo de la Jones "no es su estilo".
Lo curioso es que las encuestas indican que los ciudadanos creen que Clinton está por debajo de sus estándares morales, pero que eso no le afecta para ser un buen gobernante. Pero la institución misma de la presidencia, el cargo más poderoso del mundo, podría quedar dañada. Al fin y al cabo, Franklin D. Roosevelt era un adúltero, John Kennedy un promiscuo y Ronald Reagan un divorciado, pero nunca tuvieron que entendérselas con acusaciones específicas sobre sus preferencias menos confesables.

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