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| 9/7/1998 12:00:00 AM

UNA CATASTROFE ANUNCIADA

Ante los ojos indiferentes de Occidente, la tragedia de los Balcanes se adentra en su nuevo capítulo.

Pueblos fantasmas de restos humeantes, hordas de madres y niños escondidos en los bosques. No es Africa, no es Asia, es Europa, es el Kosovo. Al completarse casi cinco meses desde la primera ofensiva del ejército yugoslavo el saldo es de 100 pueblos destruidos, cientos de civiles muertos, más de 200.000 personas vagando por los caminos. "Un país vacío, una tierra de nadie", según la definición de un diplomático alemán.
El gobierno serbio-yugoslavo, encabezado por Slobodan Milosevic, dice que se defiende del independentista Ejército de Liberación del Kosovo (ELK). Sin embargo, los testimonios confirman que las acciones serbias exceden sus objetivos, como lo demostró la toma de Malisevo el 29 de julio. Aunque los rebeldes se retiraron sin luchar la ciudad fue destruida y sus 35.000 habitantes quedaron sin hogar.
El total de refugiados excede los 200.000, un décimo de los habitantes, proporción considerada catastrófica y similar a la de desplazados en 10 años en Camboya. El informe del Acnur (Alto Comisionado de Refugiados de la ONU), reconoce 120.000 refugiados en Montenegro y unos 33.000 en las vecinas Albania y Macedonia. Ante la actitud contemplativa de los organismos internacionales, Milosevic está llevando a cabo la segunda limpieza étnica de esta década en la región.
Si había algo previsible era el conflicto en Kosovo. Esta región de enorme mayoría albanesa fue privada de su autonomía por Milosevic en 1989, con lo que se eliminaron todos los derechos culturales y políticos de los albaneses. La separación de Eslovenia, Croacia, Macedonia y Bosnia condujo a la guerra civil que se escenificó principalmente en la última y dejó a Yugoslavia reducida a la dominante Serbia, Montenegro y Kosovo. Pero aunque el conflicto terminó en 1995, la paz no llegó. Los observadores señalaban al Kosovo como el siguiente capítulo del drama.
En plena guerra Estados Unidos prometió a los kosovares, musulmanes como los bosnios, defenderlos contra Milosevic. Así lo hicieron George Bush en 1992, Warren Christopher, secretario de Estado de Bill Clinton, en febrero de 1993, y Robert Gelbard, enviado especial, en febrero de este año. Los kosovares les creyeron. En 1992 proclamaron un gobierno paralelo encabezado por el intelectual pacifista Ibrahim Rugova. Pero en lugar de reconocer al nuevo Estado, como hicieron con Bosnia, las potencias occidentales se hicieron las de la vista gorda. Durante cinco años Rugova predicó la resistencia no violenta al régimen de Belgrado, hasta que sucedió lo inevitable.
Milosevic decidió renovar su prestigio y el fervor nacionalista de su pueblo serbio al subyugar al Kosovo. Desesperados, los kosovares empezaron a apoyar al ELK , una guerrilla surgida hace menos de un año que crece con cada derrota y se alimenta del odio de los refugiados que vagan por los bosques.
El 'Grupo de Contacto', Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania, Italia, Francia y Rusia, exigió _bajo amenaza de sanciones_ el retiro de las tropas serbias del Kosovo, la presencia de mediadores internacionales y el inicio de negociaciones. Pero apenas se sentaron a negociar Milosevic y Rugova, Estados Unidos levantó las sanciones, lo que estimuló al régimen serbio a una nueva carnicería. No importó una demostración de poder aéreo de la Otan en junio. Ni corto ni perezoso Milosevic siguió avanzando en la política de tierra arrasada. Los albaneses, que a principios de año salían a la calle con pancartas pidiendo la intervención de la Otan y de los norteamericanos, ahora empiezan a creer que Occidente le dio 'luz verde' a Milosevic para obligarlos a aceptar algo mucho menor a la independencia.
Y puede que tengan razón. A diferencia de Bosnia, ninguna potencia apoya la independencia del Kosovo, pues temen que los albaneses intenten realizar su sueño de una 'Gran Albania', con el Kosovo, Macedonia (donde constituyen el 40 por ciento de la población), Montenegro y la propia Albania. Y la Otan no tiene claridad sobre cómo presionar a Milosevic, pues Kosovo es parte de Yugoslavia y un ataque sería una intervención contra un Estado soberano. "Si la Otan rompe esta regla hoy, otros lo harán mañana" , dijo el ministro de Relaciones Exteriores francés, Hubert Vedrine, en una opinión compartida por alemanes y por el Pentágono.
El presidente ruso Boris Yeltsin logró en junio el sí a regañadientes de Milosevic para negociar con los separatistas albaneses, aunque pronto el presidente yugoslavo incumplió sus promesas. ¿Fue ese un intento por devolver a Rusia su lugar en la política mundial? "Rusia nunca dejó de estar en el centro de la política mundial", respondió a SEMANA Serguei Kazionov, del Centro de Investigaciones Estratégicas de Moscú. "Utilizan a Rusia como bombero para apagar los incendios, pues la Otan no es capaz de resolver el problema del Kosovo, como no fue capaz de resolver el problema de Bosnia", concluyó.
Lo dicho por Kazionov es polémico, puesto que el conflicto del Kosovo solo se explica por el vacío dejado por la Unión Soviética, que imponía el orden en la Europa del Este y los Balcanes. Pero aunque Rusia no tenga el poder de la vieja URSS, tiene un rol que cumplir, como dice Kazionov, no solo por los lazos étn icos y religiosos con los eslavos ortodoxos de Serbia, sino porque Occidente no parece capaz ante la crisis. Pocas veces la Duma Estatal, de mayoría comunista y nacionalista, se ha mostrado tan de acuerdo con Yeltsin como en Kosovo. Esta actitud no es gratuita. La población rusa cree que sus hermanos eslavos ortodoxos están siendo atacados por fuerzas enemigas, sean estas los aviones de la Otan o los musulmanes fundamentalistas. Las acciones de Milosevic están creando las condiciones para un incendio de proporciones balcánicas y europeas. Macedonia, Albania y Montenegro ya están envueltas en el conflicto. Cada avance serbio arroja miles de hombres a los brazos del ELK. Los guerrilleros kosovares son vistos como la víctima de turno de los pueblos musulmanes y reciben el apoyo de sus hermanos islámicos. La chispa recién se ha encendido.
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