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| 12/16/2006 12:00:00 AM

Una guerra civil

La tragedia de Irak no hizo más que crecer en 2006. Ya no hay duda de que el conflicto sectario amenaza la unidad del país. Una solución sería dividir el país.

En la mañana del 22 de febrero, insurgentes iraquíes sunitas vinculados con Al-Qaeda dinamitaron el templo Askariya en Samarra. Desde entonces, no cabe duda de que el caos en Irak se ha convertido en una guerra civil. Los chiitas creen que el Mahdi, el último imán, desapareció bajo el templo en 878, y regresará para marcar el comienzo de una era de paz. Desde su punto de vista, el derrocamiento de Saddam Hussein y el triunfo electoral que lograron en 2005 constituyeron una justicia a una mayoría perseguida. Los fundamentalistas sunitas que destruyeron el templo Askari ya estaban advirtiendo a todos que no aceptarían el nuevo orden en Irak.

Esa tarde, los líderes de Irak se reunieron en las oficinas del líder kurdo Massoud Barzani en Bagdad, donde yo era huésped. A pesar de las palabras que llamaban a la unidad nacional, entendieron lo que se avecinaba: la guerra civil.

No obstante, no hay guerra civil en Irak, si les creemos al presidente George W. Bush y a sus funcionarios. Su falta de disposición para enfrentar la realidad es un factor importante en la incapacidad de Estados Unidos para diseñar una estrategia para la catástrofe que es hoy Irak.

La explosión de violencia que comenzó el 22 de febrero ahora ha alcanzado proporciones pasmosas. Cada día, pistoleros, coches bomba y escuadrones de la muerte matan en promedio entre 100 y 200 sunitas y chiítas. La ciudad capital de Irak ahora está dividida, en el este chiíta y el oeste sunita. Las minorías kurdas y no musulmanas buscan la relativa seguridad del Kurdistán en el norte o se van del país. Los que se quedan viven con temor.

En el este de Bagdad, el Ejército Mahdi, una milicia chiíta asociada con el clérigo radical Moqtada Al-Sadr, proporciona seguridad y algo de ley y orden. En el oeste sunita, muchos vecindarios están controlados por Al-Qaeda y los baathistas. de Saddam.

Las instituciones nacionales de Irak son un desastre. El tan cacareado gobierno de unidad, presidido por el primer ministro Nouri Al-Maliki, está al borde del colapso, y sus integrantes sunitas amenazan con retirarse de la alianza.

El Ejército está dividido en batallones de chiítas, sunitas y kurdos, cuyas unidades se niegan a recibir órdenes de la dirigencia civil si entran en conflicto con sus líderes étnicos o religiosos. Pocos iraquíes confían en la Policía o el Ejército.

A principios de noviembre, cuando los insurgentes sunitas masacraron chiítas en Baquba, una ciudad mixta al noreste de Bagdad, los chiítas no solicitaron ayuda al Ejército iraquí ni al estadounidense, sino al Ejército Mahdi, el cual asesinó a veintenas de sunitas de Baquba -la mayoría de los cuales nada tenía que ver con los ataques- y expulsó al resto de la ciudad.

Funcionarios de Bush han sostenido que las noticias de Irak no son tan malas, subrayando que están aseguradas 14 de las 18 provincias Incluso, el general George Casey, el más alto comandante en Irak, ha argumentado que Irak no está en guerra civil porque la mayor parte del territorio está en paz, ya que 90 por ciento de la violencia sólo sucede a menos de 55 kilómetros de Bagdad. Según ese criterio, la guerra civil estadounidense tampoco fue una guerra civil.

En realidad, en el mejor de los casos hay seguridad en nueve de las provincias , y tres de ellas se ubican en Kurdistán, independientes constitucional y funcionalmente. Las otras seis provincias seguras están en el sur chiíta, y tampoco están gobernadas por Bagdad, y los milicianos chiítas hacen cumplir la ley islámica al estilo iraní. Las nueve provincias que no son seguras -donde la violencia es un hecho de la vida- albergan 70 por ciento de la población.

En una guerra civil no funcionará una estrategia orientada a construir un gobierno de unidad e instituciones como el Ejército y la Policía. No sólo es que el gobierno de unidad esté dividido, sino que tampoco gobierna y mucho menos Bagdad. La Policía y el Ejército no son garantes de la seguridad, sino combatientes en una guerra civil.

El grupo bipartidista de estudio sobre Irak, presidido por el ex secretario de Estado James Baker y por el ex representante demócrata Lee Hamilton, recomienda un retiro en etapas de las tropas norteamericanas para 2008, e iniciar conversaciones con Irán y Siria. Un retiro por etapas es un paso correcto, pero el grupo no ha explicado qué podrían lograr las tropas un año antes.

Dado que Bush no tiene alternativas, hay sentido en hablar con Irán y Siria. No obstante, hoy ninguno podría hacer gran cosa para resolver la crisis en Irak, incluso si alguno estuviese inclinado a hacerlo. La guerra civil en Irak es generada por sus propios motivos, y a menos que con Siria e Irán se dé un gran paso en los asuntos no relacionados con Irak, ninguno de esos países tiene algún incentivo para ayudar.

El reconocimiento de que Irak está en guerra civil aclara las opciones de Estados Unidos. Este puede intentar unificar un Estado que nunca ha funcionado, cuya población no quiere o no puede aceptar que el Estado se desintegró ni lograr acuerdos por separado con los kurdos, chiítas y sunitas de Irak.

La primera opción implica que Estados Unidos funja como mediador, una misión que requeriría muchas más tropas que deberían permanecer años. La segunda opción proporciona una salida para Estados Unidos.

Un Irak dividido consistiría en el Kurdistán al norte, una región chiíta de nueve provincias al sur y una región sunita con tres de las provincias en el corazón de la insurgencia: Anbar, Nínive y Salahaddin.

En Kurdistán y la región sunita, algunas provincias -en especial Kirkuk, rica en petróleo- se caracterizan por fronteras disputadas que, según la Constitución, se deben arreglar por un referendo. Bagdad sería una región capital, pero también se podría dividir en el oeste sunita y el este chiíta.

Es casi seguro que Kurdistán se independice, pero tanto los iraquíes chiítas como los sunitas creen en un nacionalismo iraquí que podría permitir que ambos grupos se conserven asociados en forma poco rígida.

En Irak sólo los sunitas se resisten a la división. -Algunos por nostalgia de cuando gobernaban el país y otros porque rechazan lo que ha sucedido desde el derrocamiento de Saddam-. Sin embargo, dado que ya existe el Kurdistán y el parlamento iraquí aprobó una ley por la que se establece crear una región chiíta, los sunitas se enfrentan a la elección entre formar su región o convertirse en el vacío entre Kurdistán y el sur chiíta.

Es posible que de hecho, los sunitas tengan mucho que ganar con la división. A la insurgencia sunita la mueve la hostilidad hacia los estadounidenses y el gobierno dominado por los chiítas. En su propia región, los sunitas podrían tener un ejército y manejar su propia seguridad.

Los sunitas temen que se les prive de los recursos petroleros. Sin embargo, para facilitar la división, los kurdos y los chiítas están de acuerdo en garantizar una parte proporcional de los ingresos para los sunitas, y hay vastas áreas sunitas en las que aún no se llevan a cabo exploraciones petroleras.

A los vecinos árabes de Irak les preocupa que la división iraquí pueda establecer un precedente que los afecte, pero es posible que concluyan que un sur chiíta dominado por Irán es preferible a una dominación iraní, sobre todo Irak.

A Turquía, donde viven 14 millones de kurdos, le preocupa un Kurdistán independiente que incite sentimientos separatistas en Turquía. No obstante, el gobierno de Ankara ha respondido en forma pragmática cultivando relaciones con Kurdistán -que, al igual que Turquía, es laico, no árabe, y se inclina a Occidente y la democracia-. Un Kurdistán independiente sería una barrera entre Turquía y un Irak dominado por Irán.

La guerra civil en Irak está desintegrando un Estado que fue creado por gente del exterior, y, durante su historia de 80 años ha provocado conflictos en su pueblo. Una virtud de la división es que es una solución iraquí a un problema iraquí. Será desgarradoramente doloroso, pero no hay razones para creer que empeorarían las cosas al formalizar la división de Irak.
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