Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1995/09/25 00:00

UNA GUERRA IMPORTADA

La posición de Francia en el conflicto argelino parece demostrar que los atentados de París tienen ese origen.

UNA GUERRA IMPORTADA

LAS PARADOJAS DE LA HIStoria han hecho que los dos momentos más problemáticos de la vida política de Argelia en los últimos 35 años repercutan en Francia. La ayuda del gobierno francés al cuestionado régimen cívico militar de Leamine Zeroual (que se mantiene en el poder por encima de unas elecciones ganadas por los fundamentalistas islámicos) parece haber desatado una ola terrorista fomentada por el Grupo Islámico Armado -GIA-. Al menos esto es lo que parecen indicar los últimos tres atentados perpetrados en la capital francesa en poco más de un mes.
Los mensajes desconcertantes del Quai d'Orsay y la falta de crítica hacia las decisiones del gobierno argelino desnudan la incoherencia política de Francia en el conflicto de su ex colonia. ¿Cómo explicar si no el silencio francés ante la precipitada decisión de Zeroual de convocar para el 16 de noviembre a unas elecciones presidenciales rechazadas por el Frente Islámico de Salvación -FIS- y el resto de la oposición?
Dos llamadas telefónicas -una después de cada bomba- a la cadena radial RTL para reivindicar los atentados a nombre del Grupo Islámico Armado -GIA- y el testimonio de un gendarme, conforman las escasas pruebas con las que cuenta el juez antiterrorista Jean-Francois Ricard, a cargo del expediente de la primera de las explosiones. El testigo en cuestión reconoció en una foto de los archivos policiales a Abdelkrim Deneche (alias 'Abdessabour'), un argelino de 40 años, presunto jefe de uno de los comandos del GIA en Europa, quien reside en Estocolmo, Suecia, desde 1993.
Según el matutino argelino La Tribuna, habitualmente 'bien informado' sobre los movimientos integristas dentro y fuera del país, 'Abdessabour' "es el único de los jefes del GIA capaz de tener una estructura semejante para llevar a cabo ese tipo de atentados".
Tras considerarlo "un sospechoso importante", Ricard solicitó el pasado lunes su detención a la justicia sueca y se trasladó hasta Estocolmo para seguir de cerca la indagatoria y tramitar su extradición. Pero sus intenciones tropezaron simultáneamente con el testimonio de 'Abdessabour' y con las particularidades propias de la Ley Antiterrorista sueca.
Mediante la orden emanada de los tribunales parisienses, Deneche rindió indagatoria, el martes último, durante más de 36 horas. Allí presentó la prueba que, según las autoridades locales, determina su inocencia: una operación financiera en un banco de Estocolmo el 25 de julio a las 17:23, día y hora del atentado al Saint Michel. Su cargo de director del boletín clandestino El Ansar (El partidario) y los documentos encontrados en su casa en Estocolmo solo permitieron establecer su contacto con la organización terrorista.
Con una comunidad argelina de cerca de 1,5 millones de personas, Francia se convierte en un terreno fértil para las bombas caseras con las que el GIA suele dejar su sello. La fragilidad de la pista argelina lleva a que algunos analistas alerten sobre el peligro de que la justicia y el gobierno puedan caer, en el transcurso de la investigación, "en tentaciones de corte racista".
Lo cierto es que la ola terrorista opacó aún más los primeros 100 días en el poder de un Chirac más preocupado por el deterioro de su imagen internacional ante la cuestionada reanudación de los ensayos nucleares, que por lo que pueda ocurrir en las calles parisienses.
No obstante, de un lado y otro del Mediterráneo surgen los reclamos al gobierno francés para que revise su posición en el conflicto argelino. La prensa de ese país sintetizó irónicamente la situación cuando, en días pasados, expresó que: "Si Argel está sacudida por los explosivos, Paris tendrá que alistar las ambulancias..".

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