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| 8/12/1985 12:00:00 AM

¿UNA NUEVA POLONIA?

Los católicos checos parecen llamados a liderar la oposición al gobierno comunista

Checoslovaquia está a punto de conocer un renacimiento del catolicismo militante? ¿Está el vaticano tratando de repetir allí el fenómeno de Polonia? Estas son las candentes preguntas que han puesto sobre el tapete político de Europa del Este las 150 mil personas que, en descomunal peregrinaje, se congregaron el pasado domingo 7 de julio frente al atrio de la barroca catedral de Velehrad. Reunidos alli muchos de ellos desde la vispera para poder ocupar los mejores sitios, o pernoctando en los bosques cercanos para llegar más temprano, los feligreses--venidos de todos los rincones del país--celebrarían ese día, con una misa campal, los 1.100 años de la muerte de San Metodio, el legendario evangelizador supuestamente enterrado en ese pueblo que constituye, con su hermano Cirilo, la pareja de santos más popular de Europa Central.
Estos dos venerables monjes fueron quienes en tiempos de Carlomagno --bajo cuyo dominio se encontraban en ese entonces las tribus checas y moravas--dieron a conocer a éstas el cristianismo y crearon tanto la liturgia eslava como el alfabeto glagolítico, mejor conocido hoy como alfabeto "cirílico", el cual es empleado por las lenguas de Yugoslavia, Bulgaria, etc...
Consciente del valor que estas dos figuras históricas pueden tener dentro de sus planes tendientes a forjar una Europa cristiana unida "del Atlántico a los Urales", el Papa Juan Pablo II consagró este año a los dos santos y empezó a preparar las "pompas de julio", lo que incluía masivos actos religiosos el 4 y 5 de este mes en Djakovo (Yugoslavia) y el 7 en Velehrad.
También, en perjuicio del prestigio de San Benito, proclamó a Metodio y Cirilo "patronos" de Europa.
El activo Papa eslavo pronto hizo saber a las autoridades de Checoslovaquia (país que tiene un 60% de población católica, según la jerarquía local) que él estaba interesado en asistir personalmente a las ceremonias ya que ese era el deseo de los miles de creyentes que el año pasado le habían solicitado esto, mediante una piadosa carta. Las autoridades de Praga, intimidadas por el desafio que de hecho significa Wojtila para ellas, declararon el aniversario como un hecho "estrictamente interno" del país y se mostraron poco dispuestas a concederle la visa al Pontífice. Según los dirigentes del partido comunista checo, el Ministerio de Educación y una parte del clero (el sector de la asociación "pacem in terris") el Papa polaco lo que estaba tratando de hacer con tales iniciativas era aprovechar la acción misionera de esos dos religiosos para "apropiarse de un aspecto de la cultura nacional" checoslovaca.
La verdad es que durante el acto del domingo algunos gritos de "dejen venir al papa" y "viva el papa" así como los abucheos al orador que en representación de las autoridades sugirió que la reunión tenía tanto de ceremonia religiosa como de una reunión por la paz, indicaron que el gusanillo de la política disidente estaba rondando por algunos sectores de la peregrinación. Además, estaban las alusiones del cardenal Agostino Casaroli, secretario de Estado del Vaticano, quien dijo, durante la misa oficiada por él, que la feligresía allí amontonada era "la heredera de San Metodio". Juan Pablo II había redactado por su parte, un mensaje que fue leído en la Basílica en medio de los delirantes aplausos de la multitud.
También proclamó una encíclica en la que se afirma que las enseñanzas de estos santos permanecen vivas hoy en día, en el sentido de que los pueblos de Europa oriental deben ser guardianes de esa fe.
El contencioso no podía ser más directo. Desde enero pasado las autoridades checas habian iniciado una febril actividad ideológica tendiente a responder a las posiciones papales según las cuales "la lucha de clases es un demonio social". En una racha de artículos de prensa, San Metodio y San Cirilo recibieron algunos golpes.
En una nota escrita en el semanario comunista "Tribuna" estos dos monjes fueron calificados como "acólitos" y los monasterios de su época descritos como "focos de oscurantismo'', digresión inconsecuente, pues la campaña oficial venia, por el contrario, exaltando a los dos santos como exponentes de la resistencia nacional contra los alemanes quienes amenazaron en esa época a la Gran Moravia del príncipe Rostislav, el primer Estado eslavo de Europa.
En lo que hace al Papa, la prensa checa, que refleja bien las tensiones que siempre han existido entre el Vaticano y Praga, nunca ha dejado de fustigarlo con las palabras más duras.
"Reaccionario inveterado", "anticomunista visceral", son algunas expresiones corrientes y molientes que los diarios emplean contra este personaje que, al fin de cuentas, encarna para ellos una amenaza. Polaco, persistente, nostálgico de una "conversión" general de los "paises comunistas" al catolicismo, de una "recristianización del socialismo" Juan Pablo II alienta toda iniciativa que pueda avanzar hacia esa meta: las comunidades de base en Hungria, la Iglesia subterránea en Moravia y Eslovaqula, etc...
Esto explica--dejando de lado su apoyo directo a Solidaridad polaca- su interes por reforzar las jerarquias católicas del área--fenómeno que algunos han dado por llamar la "otspolitik del vaticano"--desde abril pasado existen dos cardenales en Checoslovaquia (Tomasek, primado de Bohemia, y Jozef Tomko, de Eslovaquia) hecho sin precedentes desde la instauración del socialismo en el país.
Después de la misa multitudinaria el cardenal Casaroli se reunió con el presidente Gustav Husak, pues el alto prelado había sido oficialmente invitado a la ceremonia de Velehrad. Las conversaciones, calificadas de "francas y sinceras", giraron sobre las otras manzanas de discordia que subsisten entre los dos poderes: el asunto de las nueve diócesis vacantes, de las 13 que tiene el país, y las restricciones a la enseñanza religiosa.
Otros prelados intentaron llegar a la misa solemne pero no obtuvieron visas. Entre ellos se encontraban el cardenal Basil Hume, primado de la Iglesia católica de Inglaterra, Jean Marie Lustiger, arzobispo de Paris y Franz Koening, cardenal de Viena. Tampoco los periodistas extranjeros pudieron acudir. Un corresponsal italiano, que logró escurrirse al interior del país mediante una visa de turista, fue pescado y expulsado.
La ceremonia en Velehrad tuvo, empero, sus notas alegres. Fue escasamente vigilada por la policia uniformada y el ejército checo, más bien, colaboró con ella: movilizó sus camiones para suministrar agua potable y otros auxilios a la multitud. De todas formas, algo quedó en el ambiente: ésta había sido la mayor reunión religiosa efectuada en el pais desde que llegaron al poder los hombres del partido comunista checoslovaco.
¿Fue solo una demostración de fuerza de los jerarcas católicos? Puede ser. Algunos sostienen, sin embargo, que es el aviso de que cambios profundos se están cocinando en las entrañas de esa comunidad.-
Eduardo Mackenzie, corresponsal de SEMANA en París
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