Lunes, 23 de enero de 2017

| 1994/08/29 00:00

UNA POLITICA EN GUERRA

El presidente Caldera no duda en enfrentarse con quien sea para sacar adelante su idea personal de la salvación de Venezuela.

UNA POLITICA EN GUERRA

El Presidente Rafael Caldera parece tener fija la idea de convertirse en el padre de una nueva Constitución para Venezuela y ser reconocido como el salvador de la República en su peor crisis. Un proyecto de reforma, redactado por una comisión que él presidió, está en estudio del Congreso desde hace unos cinco años, y el Presidente quiere sacarlo adelante. Sólo que en busca de ese objetivo convirtió el nada apacible escenario de la política venezolana en un trepidante campo de guerra con varios frentes de batalla permanente.
A los 80 años. Caldera ve deshacerse el Estado que creó junto con otros líderes que ya salieron del panorama, pero carece del poder suficiente para evitar el gran desastre. En su caso tal vez le parezca lícito, justo y necesario hacerse al poder que tienen otros, y usarlo para materializar su proyecto histórico.
Algunos analistas consideran difícil encontrar otra explicación para la interminable serie de tormentas desatadas por Caldera en cinco meses de gobierno. Elegido sólo por el 31 por ciento de los votantes el 5 de diciembre pasado (un 16 por ciento de la población en edad de votar), Caldera tiene ahora el respaldo del 82 por ciento de la población, un aval importante para seguir en el empeño de reformar la Constitución a través de la vía que considera natural: el Congreso. Para él, nada de Asambleas Constituyentes que pueden ser dominadas por sectores políticos adversos a su forma de ver las cosas.
Para obtener el apoyo abrumador de los venezolanos, Caldera neutralizó o derrotó, uno a uno, a aquellos personajes y sectores que de algún modo resultaron identificados como los más poderosos enemigos del pueblo. Y lo ha logrado mediante métodos considerados por algunos, entre ellos el ex presidente Carlos Andrés Pérez, como "procedimientos fascistas". O franquistas, como cuando el intelectual Juan Nuño escribió que "es un gobierno (... ) autoritario, altanero, sólo ha lugar la complacencia y la obsecuencia extremas Amén a todo cuanto haga el gobernante, así sea el mayor descalabro económico, la menor crítica es una ofensa y las amenazas estan en el aire a cada instante" .
En el primer combate perdieron los militares de la cúpula, reemplazados por generales de segundo nivel limpios de la mancha de conspiradores con la cual el pueblo identifica a varios de los descabezados. Poco después perdonó al ex comandante Hugo Chávez Frías y a todos los que intentaron derrocar a Pérez, y de paso se quedó con parte de la imagen de héroes populares que los rodeaba. Luego neutralizó a los banqueros, a quienes no dudó en calificar como "mafias organizadas que se aprovecharon del dinero de los depositantes para su beneficio". y cuyos bancos y corporaciones financieras quedaron bajo control del Estado. La corriente de opinión creada permite entonces identificar a los banqueros, incluidos los no responsables de la crisis, con los miembros de una mafia. Los comerciantes (asaltantes y criminales acaparadores) y los industriales (corruptos y especuladores) fueron los siguientes en la lista.
Quedaban el Congreso y la Corte Suprema de Justicia, y de pronto ocurrió el enredado toma y daca de los derechos y las garantías constitucionales, suspendidos por Caldera y luego restituidos por el Congreso para ser, pocas horas después, nuevamente suspendidos "con el apoyo mayoritario de la población". Obviando los posibles motivos en torno de la restitución y suspensión de derechos y garantías, un observador considera que todo puede tratarse de un juego estratégico de mayor alcance, del cual el episodio es una pieza. Diego Bautista Urbaneja, director de El Diario de Caracas, imagina el juego: "El presidente quiere obligar al Congreso y a los partidos a darlo, en un terreno y en un momento que favorece al gobierno. Tiene cómo hacerlo. Sabe que los argumentos en favor de la suspensión son insuficientes, amaga con actos diversos que hacen temer la ruptura gradual del Estado de derecho, pone a los partidos en situación de sentir que están cediendo demasiado. Los fuerza, en suma, a negar la petición de prolongar la suspensión de garantías. Taurino, les pone el trapo rojo, contando con que los partidos van a tener que embestir, aun sabiendo que es un trapo rojo. Una vez que van al engaño y votan la restitución, contraataca devastadoramente suspendiendo de nuevo las garantías y amenazando con un referéndum, en el que se siente de antemano vencedor. Aumenta la apuesta, poniendo en el tapete su renuncia de resultar perdedor".
Quizá por hechos como este los críticos coinciden en destacar la "tentación totalitaria " que parece animar a Caldera, y en recordar que desde el Ejecutivo se amenazó con disolver el Congreso si no se allanaba a los deseos del Ejecutivo. Ante el temor, AD decidió seguir cooperando con el gobierno, en tanto que Copei mantendrá su posición de oponerse, al menos por un tiempo. La otra fuerza opositora, el beligerante partido La Causa Radical, se anuló sola, al retirarse del Congreso y decir que lo hará en forma definitiva si Caldera no convoca una Constituyente, lo cual no ocurrirá.
Así Caldera tiene el campo listo para sembrar su semilla constitucional, mientras "parece (... ) acercarse a una solución totalitaria que ordene el silencio sobre dos bases tan quebradizas como nefastas: las bayonetas y la movediza opinión pública".
Paralelamente, como rueda libre y sin que le presten mayor atención, el ex comandante Chávez afianza su Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MRB-200) en toda Venezuela. -

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