Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2009/09/26 00:00

Unas son de cal...

Mientras en el resto del mundo la popularidad de Barack Obama es muy alta, su aprobación dentro de su país se desploma.

La oposición republicana pinta a Obama como un adalid del socialismo. A la derecha, una manifestación contra Obama en Washington donde una pancarta lo asemeja a Ernesto Che Guevara

Bien por fuera, mal en casa. Así puede describirse la popularidad del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, un hombre que cuenta con inmenso apoyo en el exterior y cada vez con menos respaldo entre los suyos. Colombia es un ejemplo del fenómeno. Una encuesta de la firma Gallup publicada este mes por El Tiempo dejó claro que el 75 por ciento de los colombianos tiene una imagen positiva del Presidente gringo. Increíble. Superó al presidente Álvaro Uribe y al general Óscar Naranjo. En el resto del mundo la cosa es igual. En un sondeo hecho en 24 países por el Pew Research Center norteamericano, el 71 por ciento de la gente se declaró confiada en Obama. Hace año y medio, sólo el 17 por ciento le creía a George W. Bush.

En Estados Unidos el tema es a otro precio. La encuesta de Gallup difundida la semana pasada revela que la favorabilidad de Obama es del 51 por ciento y su desaprobación del 42 por ciento. Este porcentaje era sólo de 13 hace ocho meses.

Consciente del desplome de su imagen, el Presidente decidió tomar la iniciativa en los medios de comunicación y el domingo pasado dio cinco entrevistas en televisión, prácticamente a la misma hora. Habló con la ABC, la NBC y la CBS, y también con la CNN y con la hispana Univisión. Pero no contento con eso, apareció de nuevo en la noche del lunes en el programa The Late Show, del humorista David Letterman. "Un bombardeo desde los medios", dijo The New York Times.

Y en verdad lo ha sido. Desde su toma de posesión en enero, Obama ha dado 124 entrevistas televisadas, un número muy elevado si se le compara con las 40 que a estas alturas del mandato habían concedido Bill Clinton o George W. Bush. El Presidente intenta defenderse pero, como anotó la semana pasada el diario londinense The Times, a veces parece que le está dedicando más tiempo "a su personalidad que a su autoridad".

Para el Times, el problema más serio de Obama es que pretende abarcar mucho. "Ningún republicano quiere votar por su plan de reforma a la sanidad, los proyectos de ley a favor del cambio climático están empantanados, y el discurso que pronunció en El Cairo sobre el mundo árabe no ha funcionado", advierte el rotativo en un artículo titulado Too much Obama (Demasiado Obama).

De todo eso, el mayor escollo del Presidente dentro de Estados Unidos sigue siendo su plan de seguro de salud para los casi 60 millones de habitantes que no lo tienen. Como el proyecto cuesta 100.000 millones de dólares al año y se financiaría con un alza de impuestos a los más ricos, la oposición republicana pinta a Obama de adalid del socialismo, y los periodistas ultraconservadores de la radio, como Rush Limbaugh, han desatado en su contra una ola de críticas que han hecho a la gente manifestarse con pancartas absurdas que sugieren que, con la reforma a la sanidad, Obama, que es un musulmán extremista, quiere la eutanasia para la gente de edad avanzada. Todo eso se acentuó la semana pasada en la Asamblea General de la ONU, donde dos de los líderes que elogiaron a Obama fueron nada menos que el libio Muammar Gaddafi y el venezolano Hugo Chávez, "bestias negras" para la derecha estadounidense.

El ex presidente demócrata Jimmy Carter ha dicho que los radicales no soportan que Obama sea negro, y el columnista de The Washington Post Eugene Robinson sostiene que ni Lyndon Johnson en la guerra de Vietnam o Richard Nixon en el Watergate recibieron críticas de tanta ferocidad. Como quiera que sea, Obama necesita concentrar sus esfuerzos en menos asuntos porque la campaña de desprestigio que han puesto en marcha contra su gobierno está dando resultados.

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