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| 8/17/1992 12:00:00 AM

UNAS SON DE CAL...

¿Por qué el PRI acepta la derrota en Chihuahua y al mismo tiempo impone un ganador en Michoacán?

LA SEMANA PASADA EL CIElo de Chihuahua fue testigo de la segunda derrota del gobernante Partido Revolucionario Institucional en sus 63 años de existencia. El triunfo del candidato del Partido Acción Nacional (PAN) Francisco Barrio Terraza fue reconocido rapidamente, pero al mismo tiempo en el estado de Michoacán, el candidato oficial Eduardo Villaseñor fue proclamado nuevo gobernador a pesar de las protestas del "derrotado" Cristóbal Arias, del Partido de la Revolución Democratica (PRD). En Chihuahua nadie habló de fraude, pero en Michoacán las denuncias fueron muy concrelas. Muchos se preguntan por qué la diferencia, si ambos, el PAN y el PRD han sido opositores por muchos años.
Las denuncias de fraude en México no son nuevas. El PRI ha estado en el poder desde su organización en 1929, cuando el Estado se convirtio en la práctica en un sistema de partido único.
Ese orden de cosas, desgastado por 60 años en el poder, creyó escuchar las campanas de su propio entierro en 1988, cuando el candidato oficialista Carlos Salinas de Gortari salió elegido por un margen insólitamente estrecho sobre Cuauhtémoc Cárdenas, fundador del Partido de la Revolución Democrática, en medio de estridentes denuncias sobre fraude generalizado.
Salinas resultó ser un presidente diferente a sus antecesores. Un economista educado en la Universidad de Harvard, el nuevo presidente se lanzó a una modernización que se comparó con la de Mijail Gorbachov en la URSS. Ese hecho, unido a la estrechez de su victoria, convenció a los analistas de que, aparte de revitalizar su economía, Salinas tendría la misión de preparar a los mexicanos para la eventualidad de una derrota del PRI en las siguientes elecciones presidenciales.
Salinas se enfrentó a la corrupción y se dedicó a revitalizar una economía estancada basada en el proteccionismo y la dirección estatal. Pero en materia política, otro es el cantar. En 1989 el PRI reconoció una derrota por primera vez en 60 años, en las elecciones del estado de Baja California, a manos del candidato del conservador Partido Acción Nacional (PAN). Muchos creyeron que sería un mito histórico, y que el sistema político sería el siguiente blanco de la Salinastroika. Pero las quejas contra los fraudes electorales continuaron, así como las violaciones a los derechos humanos. A pesar de las buenas intenciones de Salinas, y de cambios cosméticos como la nueva relación con la Iglesia Católica (los religiosos pudieron votar por primera vez), muchos señalaron que su sola voluntad no sería suficiente para desenquistar a un sistema sólo superado en permanencia por el soviético.
Así las cosas, se señala que no es una mera coincidencia que las únicas dos derrotas reconocidas por el PRI lo hayan sido frente al PAN. Este es un partido conservador dirigido por el viejo lider Luis H. Alvarez, que en la práctica no tiene diferencias ideológicas reales con el PRI de hoy en día. En cambio el PRD es la creación de un disidente de su seno, Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del legendario general Lázaro Cárdenas, reverenciado en el país por haber revitalizado en 1934 los procesos sociales de la revolución, reforma agraria incluida. Cárdenas dirige una organización calificada de populista, cuyo programa se traduce en retomar los postulados revolucionarios que el PRI "no ha cumplido en 13 gobiernos".
En México se especula con un supuesto pacto entre Salinas y Barrio, y se dice que el gobierno no podía admitir una derrota en el bastión del PRD en Michoacán, porque sería la antesala de una derrota presidencial en 1994. Esa tesis probaría que Salinas está dispuesto a mostrar su recién estrenada capacidad de derrota, pero siempre que sea con alguien que no ponga en peligro la continuidad de su proyecto económico. Porque con Cuauhtémoc Cárdenas en el gobierno, el neoliberalismo y la unión comercial con Estados Unidos se irían por la borda.
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