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| 10/27/1986 12:00:00 AM

"VAMOS A MATAR A PINOCHET"

La revista Cambio 16 revela crónica exclusiva con los autores del atentado al Presidente chileno

"VAMOS A MATAR A PINOCHET" "VAMOS A MATAR A PINOCHET"
El 14 de diciembre de 1983, un grupo de jóvenes se reunieron en un arrabal de Santiago de Chile para dar forma a una idea largamente amasada: crear un "Ejército guerrillero" para acabar con el tirano Augusto Pinochet, que en esas fechas, acababa de cumplir una década en el poder.

Dos años y medio después, en una estrecha carretera conocida como el Cajón del Maipo, a escasos kilómetros de Santiago, veinticinco combatientes de ese "ejército", bautizado como Frente Patriótico Manuel Rodríguez, tendían una emboscada al dictador Augusto Pinochet, que, en una caravana de cinco coches, fuertemente protegido por su custodia personal, se dirigía de regreso a la capital. Una lluvia de metralla, granadas y proyectiles de bazuca cayó sobre ellos. Cinco guardaespaldas murieron. El coche de Pinochet, un blindado de tres toneladas, cuyo costo se estima en unos 40 millones de pesos recibió más de veinte impactos, pero fue capaz de resistir y proteger a sus dos principales ocupantes: el dictador y su nieto de pocos años.

Varios coches camuflados como vehículos de la custodia del dictador, provistos de sirenas y luces en el techo, se apostaron durante largos minutos esperando, en un recodo de la carretera, a la comitiva de Pinochet, que ese día regresaba a Santiago después de haber pasado el fin de semana en uno de los bunkers del dictador en El Melocotón. Los vehículos que acechaban y los veinticinco hombres del Frente dieron un último repaso a su armamento, aguardando inquietos la llegada de la caravana presidencial. Sus servicios de información, infiltrados en las Fuerzas Armadas y hasta en el entourage del dictador, les habían comunicado que, de acuerdo con los planes previstos, Pinochet y dos docenas de guardaespaldas tendrían que pasar por allí a las 6:30 de la tarde.

La noche empezaba a oscurecer el cielo invernal chileno. Cinco minutos después de la hora prevista, los guerrilleros avistaron las luces de los faros. Uno de sus coches, con un trailer de remolque, se adelantó para cruzarse en la carretera y obligar a la comitiva a detenerse.

Antes de que los guardaespaldas pudieran reaccionar se descargó sobre ellos una lluvia de plomo y explosiones de granadas. El pánico cundió entre la custodia, que tardó algunos minutos en responder tímidamente el fuego. Uno de los coches que iba encabezando la caravana del dictador se incendió completamente y quedó atravesado sobre el asfalto, impidiendo la huida de los restantes en dirección a Santiago. El vehículo blindado que transportaba a Pinochet y que ocupaba la mitad posterior de la comitiva, aguantó los impactos de bala mientras el capitán general, acurrucado en el coche con su nieto, esperaba el fin del tiroteo.

Su chofer consiguió volver a poner en marcha el vehículo cuando el infierno de metralla llevaba ya diez minutos ininterrumpidos de duración: dio la vuelta sobre sí mismo y puso el coche a toda velocidad en dirección al bunker de El Melocotón, una sólida y faraonica construcción de acero y cemento que mandó levantar Pinochet y que le costó al erario público cerca de catorce millones de dólares (unos 2.800 millones de pesos). El tirano había conseguido, una vez más, conservar la vida.

Tras la fuga del dictador, "nuestras unidades--narra un portavoz del Frente Patriótico Manuel Rodríguez--emprendieron la retirada en dirección contraria, hacia Las Vizcahas. La escolta de Pinochet había dado la voz de alarma por radio, de modo que nuestros vehículos tenían forzosamente que encontrarse con las fuerzas que venían en auxilio del tirano. Pero, gracias al condicionamiento de nuestros vehículos, que simulaban ser parte de la escolta presidencial, los militares y carabineros nos abrieron paso inmediatamente, con lo que logramos sortear todos los cercos policiales. Inclusive, nos saludaron militarmente--sonríe. Todos los hombres que participaron en la operación regresaron sanos y salvos ".

Para el Frente no era la primera vez que intentaban eliminar a Pinochet.
En octubre del año pasado habían preparado una emboscada similar pero en el ultimo momento el jefe de la escolta presidencial optó por una carretera distinta a aquella en la que estaban esperándolos. "La tercera será la vencida", sentencia el portavoz del Frente.

El Frente Patriótico no persigue el cambio revolucionario.

Sus objetivos son más inmediatos y de inspiración más liberal que marxista. Dice Patricio Manns, portavoz del FPMR en el exterior (con el que concertamos una cita en un hotel de Amsterdam a las pocas horas del atentado): "Nos proponemos tres objetivos fundamentales que están en nuestros estatutos: primero, y con absoluta prioridad, el derrocamiento de la dictadura de Augusto Pinochet; después, la rápida eliminación de la Constitución fascista del tirano y su sustitución por una Constitución democrática redactada con la anuencia del pueblo de Chile, y, por último, establecer un gobierno provisional capaz de echar a andar el país, de avanzar hacia la transición democrática y la recuperación de las libertades públicas, que asegure, en el más breve plazo posible, elecciones libres, secretas, directas, a nivel nacional y sin exclusiones de ninguna fuerza política representativa del país".

Sin embargo, no se definen como una fuerza política, sino lisa y llanamente como "un ejército rigurosamente clandestino", decidido a responder con la violencia "al terrorismo de Estado", a la "violencia de la dictadura". Una respuesta que tiende a ser cada vez más enérgica y de mayor envergadura. "En la medida que el régimen hace óídos sordos a las propuestas democráticas de apertura de la oposición civil, a las sugerencias de gobiernos amigos y enemigos, al clamor de todo el mundo que lo presiona a abrirse hacia una transición democrática, el Frente ha ido previniendo a la dictadura de que cada vez sus acciones van a ser más duras", señala Manns.
Hasta ahora, creen los guerrilleros Pinochet ha hecho oídos sordos. "Ha seguido asesinando, segando vidas de gente indefensa que sale a la calle: ha quemado vivos a chicos, ha degollado a profesionales por ser marxistas, de pensar de forma distinta: personas todas que eran pacíficas y estaban desarmadas", recuerda el portavoz del Frente.

"En la medida que el tiempo pasa que no se llega a soluciones políticas civiles y pacíficas, no queda otro recurso que el empleo de la violencia".

Antes del atentado del domingo 7, Pinochet "créía que éramos un grupo minúsculo, inofensivo --añade Manns. Ahora el tirano está empezando a temblar".

El Frente Patriótico no busca el magnicidio por el magnicidio al modo de los anarquistas del siglo pasado.
Han llegado a intentarlo no sólo para demostrar "la capacidad de realizar acciones de gran envergadura y la calidad de nuestros combatientes", sino también porque "en estos momentos hay un consenso nacional e internacional de que Pinochet es el gran obstáculo para llegar a una solución negociada con las Fuerzas Armadas, para obligarlas a replegarse a sus cuarteles y establecer nuevos parámetros de relaciones entre la sociedad civil y ellas".

Para el Frente es Pinochet quien "las obliga a perrnanecer donde están ". "Nosotros sabemos que hay disensiones profundas en el seno de las Fuerzas Armadas: militares en activo forman parte del Frente y tenemos información de primera mano sobre lo que ocurre en los cuarteles. Pero también sabemos que hay temor, pues no se sabe lo que va a ocurrir con ellas si desaparece Pinochet y la dictadura.
Esto las hace cohesionarse en torno a la figura patética de este tirano. Pero las cosas van a cambiar. Sabemos que ahora mismo hay una discusión larvada en el seno de las Fuerzas Armadas, y ésta va a eclosionar tarde o temprano".

Pero no creen que puedan aguardar mucho. "No vamos a esperar a que el tirano viva treinta o cuarenta años más. Esto es una cosa impensable en el Chile de hoy, donde más del cuarenta por ciento de la población se está muriendo de hambre, la educación, la salud pública están por el suelo. Y mientras estos hechos dramáticos ocurren, una pequeña banda de carajos uniformados se están llevando el patrimonio nacional a cuentas secretas en el exterior. Informaciones dignas de créditos indican que más de ocho mil millones de dólares están en los bancos depositados por estos delincuentes" subraya Manns.

Frente a esta reaiidad, no hay otra salida para el Frente. "Si Pinochet no se va, será necesario liquidarlo: no podemos esperar".

Hasta el día del atentado, el nombre del FPMR era escasamente conocido fuera de las fronteras chilenas. Pero a partir del frustrado intento de tiranicidio saltó a las primeras páginas de los periódicos de todo el mundo. Sin embargo, el Frente no había permanecido inactivo durante estos dos años largos de espera hasta realizar la primera tentativa de hacer realidad el principal objetivo que se habían trazado de acabar con la dictadura de Pinochet, si era necesario, liquidando físicamente al anciano dictador.

Pero hasta ese momento la actividad de guerrilla urbana del Frente se había limitado a la voladura de torres de electricidad, colocación de bombas, actuación violenta en manifestaciones contra el régimen y un par de sonados secuestros de dos militares chilenos que fueron devueltos intactos y con vida pocos días después.

Según la dictadura chilena, el FPMR no es más que un grupúsculo que actúa como brazo armado del Partido Comunista de Chile, dedicado a promover la guerra revolucionaria y a instaurar una dictadura del proletariado si el régimen del capitán general Augusto Pinochet no estuviese allí para impedirlo. Recibe armas de la Unión Soviética, y está compuesto por medio centenar de fanáticos.

Pero el Frente Patriótico Manuel Rodríguez dista bastante de esta imagen que pretende dar la dictadura.
Tomó su nombre de un héroe chileno de la guerra de la independencia que hostigó, en guerra de guerrillas, a las fuerzas coloniales españolas. Fueron ellas mismas las que dieron fama a un joven abogado y hacendado que al frente de sus huasos (pastores de ganado y jinetes) aparecían, golpeaban y desaparecían fantasmalmente. Manuel Rodríguez, que también fue espía del general José de San Martín mientras preparaba su expedición libertadora a Chile en la localidad argentina de Mendoza, acabó siendo uno de los primeros presidentes de Chile, tras la independencia.

La tradición insurgente de Chile, un raro país suramericano cuya historia había sido antes de Pinochet un modelo de estabilidad democrática, tiene que remontarse hasta Manuel Rodríguez (1818) para encontrar un antecedente nacional de guerrillas.

Pero esta nueva guerrilla chilena parece tener escasa similitud con los grupos que proliferaron en los países vecinos a fines de la década de los sesenta y comienzos de los años setenta.
Aquella eclosión guerrillera estaba inspirada en la teorías "foquistas" del francés Regis Debray y del argentino-cubano Ernesto "Che" Guevara, y buscaba como objetivo la revolución marxista-leninista o una transformación revolucionaria que combinara el nacionalismo populista con el socialismo marxista. Para los "foquistas", la revolución cubana de 1959 marcaba el ejemplo de que, creando focos guerrilleros de resistencia al establishment capitalista, el pueblo se levantaría en armas para acabar con el sistema. La fulminante derrota de la aventura "foquista" del "Che" Guevara dio la primera pauta de que la teoría no parecía corresponderse con la realidad. Los focos guerrilleros contribuían eficazmente, más bien, a justificar atroces dictaduras militares de derecha que acababan con el foco y perpetraban horrorosas matanzas de ciudadanos, como ocurrió en Brasil, Argentina, Uruguay y, con otros matices, Perú.
Cambio 16 --

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