Martes, 24 de enero de 2017

| 1993/09/27 00:00

A veces llegan cartas

Curioso incidente entre el presidente Ramiro de León Carpio y el Congreso demuestra la debilidad conceptual de su democracia.

A veces llegan cartas

CUANDO RAMIRO LEON Carpio asumió el poder en Guatemala, su bandera fue la lucha contra la corrupción. Pero la semana pasada el presidente interino, en un acto que tuvo tanto de lírico como de ingenuo, dirigió una carta a los miembros del Congreso en donde les solicitaba que dimitieran a su curul porque ese era un órgano "corrupto".
Los congresistas, ni cortos ni perezosos, le respondieron con otra carta en la que le dijeron que si el Congreso es corrupto, el primero en renunciar debia ser el propio De León Carpio, porque su nombramiento, hecho por el mismo Congreso, sería por la misma razón espúreo.
Se trata de una situación insólita, porque De León resultó nombrado a la cabeza del Ejecutivo precisamente cuando su antecesor, Jorge Serrano Elías, intentó cerrar el Congreso con el mismo pretexto.
El incidente puso de presente los riesgos de que asuman el poder moralistas sin experiencia política, y evidenció la debilidad de una democracia como la guatemalteca, en la que el único capaz de convertirse en presidente sin provocar resistencia popular o política es alguien con tan poco criterio como ese ex Procurador de Derechos Humanos.

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