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| 2/16/2014 12:00:00 AM

Venezuela en la sin salida

Crónica de una quincena en la que se agudizaron los enfrentamientos entre el gobierno y sus seguidores y una oposición cada vez más desesperada.

Estaba cantado que el 12 de febrero podía acabar teñido de sangre. Ese día, al que un sector de la oposición llamó La Salida, fue la culminación de una serie de protestas que comenzaron hace dos semanas en varias ciudades y dejaron un saldo de tres muertos, más de 60 heridos y decenas de detenidos. Las protestas continúan y la crisis se profundiza, en medio de una dura situación económica que está lejos de superarse.

Esta nueva etapa de inquietud comenzó en un lugar y por unas causas inesperadas. En Isla Margarita, un grupo de manifestantes acudió el domingo 2 de febrero al hotel Venetur a protestar contra el equipo cubano de béisbol Villa Clara, que se encontraba allí para jugar en la Serie del Caribe. La protesta, una de varias escenificadas por pequeños grupos, no pasó a mayores, pero el gobierno dijo que los jugadores habían sido agredidos y detuvo a siete personas, entre ellos dos del partido Voluntad Popular, comandado por el exalcalde de Chacao Leopoldo López. Las autoridades señalaron a este, con la diputada María Corina Machado, de promover “acciones desestabilizadoras” para derrocar a Nicolás Maduro.

El martes siguiente, en San Cristóbal, estado Táchira, algunos estudiantes protestaron contra la violencia y la inseguridad, porque dentro de la universidad habían intentado violar a una alumna. Los estudiantes de Mérida también salieron a las calles, ya no solo contra la inseguridad, sino por la crisis económica. La escasez de alimentos y medicinas alcanzó el mes pasado el punto más alto en años, según cifras del gobierno.

Las protestas se tornaron violentas en Táchira el jueves, cuando un grupo atacó con piedras la residencia del gobernador José Gregorio Vielma Mora, mientras se encontraba reunido con la canciller colombiana María Ángela Holguín para activar un plan binacional ante el contrabando que, según el gobierno venezolano, es la causa de gran parte del desabastecimiento.

Esa noche fueron capturados tres estudiantes y trasladados a una cárcel en otro estado, lo que encendió las alarmas de los demás jóvenes. Ese fin de semana, ya no solo protestaban los muchachos sino los padres de familia, que vestidos de luto recorrieron San Cristóbal para exigir que liberaran a sus hijos. Mientras tanto, López y Machado convocaron con más fuerza a una nueva manifestación para el 12 de febrero, Día de la Juventud.

El lunes 10, López denunció que intentó viajar hasta San Cristóbal para reunirse con las familias de los muchachos detenidos, pero lo sacaron del avión de la aerolínea estatal Conviasa. Un video grabado con celulares muestra el forcejeo. La empresa dijo que había cancelado el vuelo por fallas técnicas.

Esa noche, durante el estreno de su programa de televisión, el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, explicó que el ego de López no cabía en el avión y que, por su afán de protagonismo, habían tenido que cancelar el vuelo. De pronto apareció el presidente Nicolás Maduro de ‘sorpresa’ y amenazó con utilizar la fuerza contra las marchas que se estaban preparando. Los teleespectadores tuvieron que presenciar, con asombro, cómo el show de Diosdado, Con el mazo dando, terminó convertido en un pulso entre él y Maduro, lo que puso en evidencia las tensiones que persisten entre ambos, a pesar del discurso de unión que presentan. Los rumores de que se estaba gestando un golpe de Estado crecieron desde esa misma noche.

El martes 11 una protesta pacífica convocada por periodistas y trabajadores de la prensa, según Cabello uno de los grupos adversarios del gobierno, marchó por Caracas para exigir las divisas para comprar papel, pues los diarios no tendrán con qué imprimir en un par de semanas. El Impulso de Barquisimeto, el más antiguo del país, advirtió que morirá el 10 de marzo. Otros, como El Nacional, que como los demás ha venido recortando secciones, calculan que dejarán de circular en mayo. “Sería un único caso en el mundo”, dijo su director, Miguel Henrique Otero.

Esa marcha transcurrió pacíficamente y muchos periodistas criticaron que los políticos como López, Machado y el alcalde de Caracas, Antonio Ledezma, participaran. El excandidato Henrique Capriles dijo por Twitter que se solidarizaba, pero no fue. Capriles ha expresado sus diferencias con La Salida, porque considera que la calle no es la estrategia para cambiar al gobierno. Pero anunció que acompañaría a los estudiantes en el Día de la Juventud.

La protesta convertida en trifulca

El 12 de febrero miles de jóvenes se volcaron a las calles. En Caracas marcharon hasta la Fiscalía General cantando el himno nacional y gritando consignas. “Y no nos da la gana, una dictadura igualita a la cubana” y “ Y va a caer, y va a caer, este gobierno va a caer”.

El objetivo era exigir que liberaran a los tres estudiantes detenidos en Táchira. Gaby Arellano, líder de la Universidad de los Andes, se paró sobre una camioneta, junto a López, y anunció que la cadena que habían puesto alrededor del edificio simbolizaba la clausura de la entidad, porque sus funcionarios le habían dado la espalda al pueblo y le pidió a la gente que saliera pacíficamente del lugar.

Una hora después, sin embargo, cientos de jóvenes permanecían allí. Algunos pintaban de colores una de las paredes laterales, pero otros con bandanas, capuchas, palos y piedras, querían bronca con la Guardia Nacional, ubicada a una cuadra para evitar el paso hacia el oeste, donde se concentraba otra marcha de la juventud revolucionaria, convocada por Maduro, pero con menos participantes.

Lo que empezó como una protesta pacífica de miles terminó en vandalismo de unos pocos contra la Fiscalía y choques contra la Guardia, que arremetió contra ellos. En otras ciudades también hubo buscapleitos. La oposición afirma que grupos impulsados por el gobierno se infiltraron, pero pareció un hecho que entre los opositores también hay violentos.

En medio del caos, tres personas murieron a bala. Dos de ellas estudiantes y la otra, integrante de uno de los colectivos chavistas del 23 de Enero conocido como Juancho, a quien Maduro reconoció como “gran líder social”. Un video de RCN lo mostró hace unos años como Juancho, o el comandante Murachí del Movimiento Revolucionario de Liberación Carapaica. Juancho estuvo preso luego por poner un explosivo ante la sede de Fedecámaras en febrero de 2008. Tenía chapa de la Policía de Caracas.

Los colectivos anunciaron que vengarían las muertes. El ministro del Interior, Miguel Rodríguez Torres, dijo que había más de 30 detenidos y que tenían videos para capturar más. Las ONG como Provea calculan que los detenidos son más de 90.

Guerra comunicacional

El miércoles en la noche, a pesar de que la angustia se extendía por el país, la televisión transmitía novelas o programas de cocina. Maduro sacó del aire al canal NTN24, que solo se ve por DirecTV, como “medida preventiva porque pretendía alimentar el caos”. Maduro amenazó también a la Agence France Press. En el canal del Estado mostraban imágenes de carros de la Policía en llamas y destrozos contra los edificios públicos.

Finalmente, apareció Maduro en la cadena nacional que transmitió la celebración del Día de la Juventud. Grupos de jóvenes obreros, indígenas, deportistas y artistas marchaban al ritmo el himno nacional, mientras que por Twitter circulaban videos de aficionados y fotos impresionantes de jóvenes heridos.

Una vez terminaron de desfilar los jóvenes, empezó la parada militar, que incluyó un montaje teatral con actores en uniformes de caballería del siglo XIX. Y luego desfilaron los tanques y cada una de las fuerzas a paso de ganso, a la misma hora en que Machado y López daban una rueda de prensa transmitida via internet. “No dejaremos de protestar hasta cambiar este régimen”, sentenció Machado.

Maduro sostuvo frente a las tropas que en Venezuela se estaba desarrollando un golpe de Estado orquestado por la ultraderecha y anunció que iba tras los autores intelectuales. Además de López y Machado, el gobierno señaló al exembajador en Colombia Fernando Gerbasi y al vicealmirante Mario Iván Carratú. El jueves pidió que se entregaran y dijo que había órdenes de captura, pero al cierre de esta edición no se había hecho ningún arresto.

Aunque Maduro dijo que en Venezuela se necesitaba permiso para marchar, los estudiantes volvieron a salir en varias ciudades. “La única herramienta que nos queda es la calle”, le dijo a SEMANA Rafael González, estudiante de Contaduría. A su lado, Lexandra Loaiza se quejaba de que el presidente no puede prohibir la protesta, porque es un derecho en la Constitución. A través de un megáfono les recordaban a 300 estudiantes en Chacao que la protesta era pacífica. Se preparaban para formar con sus cuerpos un anillo humano, porque por Twitter circulaban mensajes de que se acercaba la Guardia Nacional.

Los dueños de la historia

Maduro dijo que lo sucedido el 12F había sido “un aborto de la historia”. Su gobierno está empeñado en continuar una revolución que fusiona el legado de Chávez con el de Bolívar, mezclado con un modelo económico socialista que parece dispuesto a aplicar aunque la mitad del país no esté de acuerdo. Su obstinación por cumplir esa misión ‘histórica’ lo ha llevado a tomar medidas que le están saliendo costosas.

El descontento social ha crecido por la inflación, la devaluación, las colas y los recorridos que hay que hacer en los supermercados, en medio de un ambiente violento y peligroso, aunque el gobierno y la oposición se hayan comprometido a trabajar en conjunto en planes de seguridad locales por cuadrantes. Ante la incapacidad del gobierno de ofrecer soluciones a los problemas diarios, el terreno sigue fértil para las protestas, pero también es posible que el espíritu que hoy ronda en las calles amaine en las próximas semanas.

Si al contrario se intensifica, cabe preguntarse qué resultados pueden esperarse de la presión en la calle. Es poco probable que Maduro renuncie y mucho menos que la comunidad internacional intervenga. Escalar la confrontación para obligar a dialogar tampoco se ve en el horizonte. La falta de respuesta a este interrogante hoy divide a sectores de la oposición, aunque la Mesa de la Unidad afirme que no hay un fraccionamiento, y enmarca la actual coyuntura como “diferencias” respetables.

En estas manifestaciones han participado sobre todo jóvenes, universitarios, mayoritariamente de clase media. Ellos han encontrado en voceros como Leopoldo López y María Corina Machado una actitud más combativa, que no está dispuesta a aguantar a que Maduro termine su periodo. “Estos ataques nos dan la razón, seguiremos en la calle”, denunció Machado y López añadió: “Nosotros estamos del lado correcto de la historia”.

Pero otros opositores no están dispuestos a inmolarse por lo que consideran una opción poco estratégica y se sienten más identificados con la postura de largo plazo de Henrique Capriles. “Valiente no es el que agarra más piedras, sino el que con la fuerza de sus ideas y su pensamiento hace que otro piense diferente”, dijo después de los hechos del 12F y habló de la necesidad de hacer más trabajo político en los barrios populares para convertirse en mayoría. Sectores opositores calificaron de cobarde su decisión de evitar confrontaciones y pedirles a sus simpatizantes que se guardaran en sus casas a ‘cacerolear’ tras las denuncias de presunto fraude electoral el pasado 15 de abril. “Fíjense que el tiempo me está dando la razón. A este gobierno no le importa la vida de ustedes, ayer quedó demostrado”, dijo el jueves.

La otra pregunta que se hacen hoy los venezolanos es si las Fuerzas Militares respaldan monolíticamente al gobierno, que cada vez les entrega más poder, o si en algún momento podría haber una fractura interna. Porque así el alto mando tenga privilegios, los soldados no son inmunes a la penurias económicas y a la violencia que también padecen el resto de los venezolanos. Uno de los manifestantes en Caracas portaba una pancarta que sembraba un dilema que ha sido constante a lo largo de la historia: “Maldito sea el soldado que apunta su arma contra su pueblo”.

“Me torturaron con electricidad”

Ivonne Echenagucia y Jackson Escalona están refugiados en Colombia. Cuentan de la intimidación que pueden sufrir quienes manifiestan contra el gobierno.

Luego de las elecciones del 14 de abril, que terminaron con Nicolás Maduro proclamado vencedor por un estrecho margen, miles de simpatizantes de Henrique Capriles salieron a exigir el reconteo de votos. Las manifestaciones derivaron en actos violentos y las autoridades arrestaron a más de 70 personas. Entre estas estaban la chef Ivonne Echenagucia y el empresario Jackson Escalona, que denunciaron haber sido torturados por la Guardia Nacional en Barquisimeto, la capital del estado Lara.

SEMANA: ¿Por qué salieron a marchar tras las elecciones de abril?

JACKSON ESCALONA:
Para mí el triunfo de Maduro fue una burla, una estafa. Al otro día me sentía como un león enjaulado en mi casa.

IVONNE ECHENAGUCIA: Yo quería que recontaran, sentía que habían robado mi voto.

SEMANA: ¿Ustedes eran militantes de un partido político?

J. E.:
No soy militante, era la primera vez que participaba como voluntario de Capriles para las elecciones. Estuve trabajando en la parroquia más populosa de Barquisimeto, mayoritariamente chavista.

I. E.: Nunca. Sin embargo cuando la Guardia me captura, saben que soy lesbiana y bisnieta de Jóvito Villalba (fallecido político de la IV República, exiliado en varias ocasiones). Nunca pensé escuchar ese nombre, que es mi cuarto apellido, en la voz de un general. Me separaron del grupo por eso y me dijeron: “Le vamos a sacar la mierda”.

SEMANA: ¿Qué les hicieron?

J. E.:
Me golpearon violentamente, además de la tortura psicológica, me decían que me iban a enviar a la cárcel de Uribana.

I. E.:
Me torturaron durante tres días con electricidad, me golpearon con una botella de agua congelada, me dieron cachetadas y golpes hasta que me rompieron la cabeza. Todo el tiempo estuve esposada y no me pasaban las medicinas para la diabetes.

SEMANA: ¿Por qué deciden salir?

I. E.:
Yo fui amenazada de muerte dos veces. Al salir de un evento de Funpaz, la fundación que creamos, dos hombres en una moto me advirtieron que no podía estar en manifestaciones, me apuntaron con un arma y me dijeron que la próxima vez sería a la cabeza. La segunda fue un día al salir de la Fiscalía. Además los de la Guardia me seguían, iban al centro comercial donde trabajaba. El 16 de septiembre salimos. Teníamos prohibido salir del país, pero una persona nos advirtió que si no nos íbamos, nos iban a meter presos.

J. E.:
A mí  me ordenaron bajarme del bus una noche que iba de Caracas a Barquisimeto luego de reunirme con medios y líderes políticos. La Guardia me advirtió que no tenía permiso para viajar. El 16 cruzamos por la frontera, si salíamos por aeropuerto nos agarraban. Caer en Venezuela es estar bajo el control de la Guardia, y todas nuestras denuncias son contra ellos.

SEMANA: ¿Por qué deciden contar que están ahora como refugiados en Colombia?

J. E.:
Queremos que se haga público, ante el panorama que vive Venezuela. Vemos las protestas y la respuesta como lo que vivimos. Lo que se les viene a los que se atrevan a protestar es una violación a los derechos humanos. Tememos lo que les pueda suceder a nuestros familiares. Por eso decidimos romper el silencio. Y desde aquí seguimos apoyando la protesta pacífica.

SEMANA: ¿Cuál es el estatus de ustedes en Colombia?

J. E.:
Acudimos a Acnur, esperamos la respuesta de la Cancillería sobre nuestra solicitud de asilo.

I. E.: Estamos en un refugio, nos han tratado muy bien, nos cuidan muchísimo. Pero nuestra vida se ha convertido en una eterna espera.
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