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| 9/7/2012 12:00:00 AM

Venezuela: más allá de la tragedia de Amuay

¿Qué es lo que hay detras detrás del accidente en la segunda refinería de petróleo más grande del mundo?

La reciente explosión de la refinería Amuay en Caracas no es una tragedia aislada. Desde que subió al poder Hugo Chávez, la falta de mantenimiento e improvisación se han convertido en el denominador común en la infraestructura venezolana. Los accidentes en el sector petrolero son el pan de cada día.
 
En 2011 se reportaron 222 accidentes en las refinerías de Amuay y Cardón -que forman parte del sistema de Paraguaná compuesto por las mencionadas, y Bajo Grande-, de los cuales cien incidentes fueron incendios. Solamente en nueve de ellos, es decir 4 por ciento del total, ha habido investigaciones de fondo y se han corregido las fallas. En 2012 ha habido 19 accidentes en el sistema petrolero entre explosiones, derrames y fallas en las operaciones de refinerías, pozos y unidades de almacenamiento, sin contar la tragedia de Amuay.

También ha habido derrames de petróleo. En general, los oleductos deben ser revisados cada tres meses por medio de ojos eléctricos que se envían por el interior del tubo, para chequear si hay corrosión o rupturas. El mantenimiento no se hecho en la mayoría de los casos. En febrero de este año se rompió un tubo en el Complejo Operacional Jusepín, estado de Monagas, en el que se derramaron 80.000 barriles de crudo en el río Guarapiche.
 
Normalmente, cuando esto ocurre, la sección del tubo se cierra automáticamente por medio de unas válvulas, pero el sistema no funcionó en esta ocasión. Se trató entonces de cerrar las válvulas en forma manual pero no fue posible. Finalmente, después de intentarlo varias veces, se logró parar la producción del pozo, no sin antes haber causado una catástrofe ecológica gigantesca.

En agosto se repitió el desastre, esta vez en Curazao, donde hubo un derrame en la refinería Isla, ubicada en dicho lugar. Sobre el hecho no se dio mayor información. Solo se dijo que el accidente "fue oportunamente atendido por los equipos técnicos de la industria en conjunto con las autoridades" de Curazao.
 
Afirmó PDVSA en su página web que "las actividades en respuesta a dicho evento se encuentran en este momento cercanas a culminar con la completa limpieza del área afectada por el derrame de crudo", aunque no se precisó la cantidad de petróleo derramado ni el tamaño de la zona afectada. Otras fuentes, sin embargo, denuncian que PDVSA comenzó la limpieza una semana después de ocurrido el derrame, y que dejó una mancha de petróleo en la reserva natural de Jan Kok, al sur de la isla, donde flamencos rosas, lagartos, la flora y la fauna de la reserva fueron cubiertos por el petróleo, y se filtraron grandes cantidades de petróleo hacia aguas abiertas.

A PDVSA se le han endilgado un sinnúmero de actividades que no solo están minando su capacidad económica, sino que también están incidiendo en el día a día de la empresa. A la petrolera le ha correspondido manejar la importación, compra y distribución de alimentos de la Productora y Distribuidora Venezolana de Alimentos PDVAL, que es la entidad que con suma ineficiencia distribuye la comida en el país, creando una sobrecarga tal sobre la cadena de insumos de PDVSA, que hoy en día la importación de piezas y repuestos toma 60 semanas, y en el caso de insumos nacionales la tardanza es de 30 semanas. Con esta ineficiencia ha sido imposible darle el mantenimiento adecuado a toda la infraestructura petrolera.

A esto se suma la corrupción como fue el caso del alquiler de la plataforma petrolera en altamar Abam Pearl. En 2008 se firmó un contrato de arrendamiento con una compañía india pero basada en Singapur para operar una plataforma marina semisumergible. En realidad hay una cadena de compañías que figuran en la transacción, al punto que no se sabe quien es el dueño del negocio.
 
Después del tortuoso proceso de contratación, al mes de haber comenzado operaciones, la plataforma se hundió. Resulta que era una estructura de segunda mano con una vida útil de veinte años. Al momento de arrendarla, la plataforma tenía precisamente veinte años de uso, o sea que no es de extrañar el accidente. A pesar de que el arriendo que pagaba el intermediario por el uso de la plataforma era de 358.000 dólares al día, PDVSA estaba pagando un alquiler de 721.000 dólares diarios, un sobrecosto inexplicable.

Los problemas de PDVSA no son solamente de infraestructura. En 2010 el fondo de pensiones de la empresa perdió 475 millones de dólares, al ser invertidos en fondos de dudoso manejo, gerenciados por Francisco Illaramendi, quien hoy enfrenta una posible condena de hasta 70 años de prisión en Estados Unidos.
 
El esquema del negocio era comprar bonos estatales al cambio del bolívar oficial y venderlo en medios internacionales a la tasa de cambio paralela. El negocio se fue enredando hasta convertirse en una gigantesca pirámide. Cuando se destapó el negociado, la empresa había perdido la millonaria suma.

Pero los accidentes no se limitan al sector petrolero. Se estima que el 90 por ciento de la infraestructura de puentes y carreteras está afectada por falta de mantenimiento. El último incidente ocurrió el 15 de agosto cuando el puente Cúpira, que comunica la región central y oriental del país, se derrumbó al paso de una tractomula de 96 toneladas, cuando el límite de carga en las carreteras venezolanas es de 48 toneladas. El puente, de más de 40 años de construido, requería un mantenimiento a los pilones, que nunca se hizo. Los trayectos entre las dos regiones están tomando 16 horas mas. En 2009 el mantenimiento de las vías pasó de ser regional a competencia nacional. El Colegio de Ingenieros estima que el 80% de los 3.000 puentes que hay en el país pueden correr la misma suerte.

Otro caso es el de Cavim, Compañía Anónima Venezolana de Industrias Militares. En enero de 2011 explotaron accidentalmente tres depósitos de municiones situados en medio de un populoso barrio de Maracay, causando innumerables daños y una persona muerta. Entre el material que se perdió había 100.000 balas de fabricación rusa cuyo calibre, curiosamente, coincide con el utilizado por la guerrilla colombiana.

En los últimos cuatro años ha habido seis accidentes de la aerolínea del gobierno bolivariano Conviasa, dos de ellos con víctimas fatales. Las causas se atribuyen a falta de mantenimiento. En el último accidente, ocurrido el 13 de septiembre de 2010, el piloto no quería volar el avión porque sabía que tenía problemas mecánicos. No obstante efectuó el vuelo. El avión se precipitó a tierra, dando como resultado la muerte de 17 personas, entre ellos el piloto y el copiloto.

Todo esto sin contar con los malos manejos en las industrias básicas como consecuencia de la nacionalización. Ya no se consigue cemento después de que Cemex y otras compañías estaban exportando. La producción de Siderúrgica del Orinoco, Sidor, ha caído de 4.000 toneladas de acero a 1.200 toneladas y la compañía presenta una pérdida de 2.000 millones de dólares, después de haber sido un modelo de eficiencia. Hay neveras vacías en los establecimientos de comercio, y lo peor, Venezuela, el segundo país petrolero del mundo después de Arabia Saudita, está importando gasolina.
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