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| 6/20/2011 12:00:00 AM

Venezuela: tensa espera de familiares de presos

En Venezuela, decenas de familiares esperan cerca de la cárcel donde 22 presos murieron en enfrentamientos el domingo. Las autoridades aún no controlan por completo el lugar.

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BBC
Angustia, desesperación y rabia. Los familiares de los presos de la cárcel El Rodeo, dominados por esos sentimientos, sólo reclaman una cosa: información.

En este centro penitenciario ubicado en la localidad de Guatire, 50 kilómetros al este de Caracas, 22 presos murieron en un enfrentamiento entre bandas rivales el domingo pasado.

Contenido relacionadoEl descontrol del sistema carcelario de VenezuelaEn fotos: la angustiosa espera de los familiaresMasiva movilización para controlar cárceles venezolanasHace una semana que muchos de estos familiares se encuentran en las afueras del penal. Pero no han podido entrar.

La incertidumbre se intensificó el viernes cuando unos 5.000 agentes de seguridad intentaron retomar el control del establecimiento.

Lo han conseguido, aseguran las autoridades, en un 75%. Pero más de 1.000 reos todavía se resisten.

En la espera

Apostados a un kilómetro de la entrada a El Rodeo, un complejo de dos anexos con capacidad para 1.300 presos pero en los que había 4.800, los familiares aguardan.

Una veintena de efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y una tanqueta impiden acercarse más allá de este punto.

Si adentro reina el caos, afuera abundan los rumores.

Este domingo eran unas 500 las personas que se encontraban en la vía que da acceso a la prisión.

La mayoría son mujeres: madres, esposas o novias de presos.

Algunas llevan días aquí, durmiendo como se pueda y donde se pueda. Pero no se quieren ir hasta saber qué está pasando dentro.

Yuselis Páez no se ha movido del lugar desde el jueves. Su esposo, Héctor Pacheco, cumplió el sábado un año en prisión.

"El viernes me llamó a las cuatro de la mañana y me dijo que se iban a meter 'los verdes' (por la Guardia Nacional) y que ellos se iban a entregar", asegura.

Pero desde entonces no sabe nada. "No sé si está vivo o muerto. Y encima cuando vamos a preguntar algo nos lanzan gas lacrimógeno".

"A veces es 'sólo' agua a presión lo que nos tiran", agrega.

Páez todavía tiene restos de pasta dental en la cara. Como muchas de las mujeres que llevan días aquí, la usan para minimizar los efectos del gas, que ha lanzado la Guardia Nacional para dispersar a la multitud.

Otras llevan pañuelos para cubrirse.

Traslado de presos

El esposo de Páez se encontraba en El Rodeo I, pero no sabe si es uno de los 2.500 presos que comenzaron a ser trasladados a cuatro centros penitenciarios durante la madrugada.

En la mañana continuaban saliendo presos en decenas de ómnibus, muchos de ellos del llamado Metrobus, un sistema de transporte público de Caracas.

Obligados a permanecer con la mirada en el piso y vistiendo camisetas rojas, se dirigían a cuatro centros penitenciarios de forma temporal, asegura el gobierno.

Las autoridades dicen que volverán en dos semanas. Los familiares desconfían.

Desde lo alto de un cerro se puede observar El Rodeo I ennegrecido producto de las llamas ocasionadas por un desperfecto eléctrico, aseguraron las autoridades.

"Se quemó todo. Ahí no puede vivir nadie", dice la gente que llegó a esta zona.

Ese sector del centro penitenciario fue tomado el viernes y tras una requisa se hallaron decenas de armas de diverso calibre, granadas y droga.

Cuando el viernes las autoridades intentaron retomar el control del centro se desató un enfrentamiento en el que murieron -según información oficial- dos agentes de seguridad y un preso.

"Esto parecía la guerra de Vietnam, la Segunda Guerra Mundial", afirmó el comandante general de la GNB, Luis Motta Domínguez.

Señales de vida

Afuera los familiares hablan de decenas de muertos. Pero la información llega en cuentagotas.

Dicen que adentro ya no tienen comida ni agua. Cortaron la electricidad. Y por eso los presos con teléfonos celulares los prenden pocas veces al día. Mandan un mensaje. Una señal de vida. Y lo apagan.

Todos buscan lo mismo: algo de información certera. Ya algunos ni siquiera esperan que su familiar esté vivo. Con resignación, se conforman con saber lo peor.

Moisés Hernández tiene a su hijo de 22 años -de igual nombre- en el Rodeo II, el sector en el que todavía un millar de presos se resisten.

"Si está en la morgue, con dolor en el alma, me voy a buscarlo para enterrarlo. Y si está herido, me voy a un hospital a cuidarlo", asegura.

"Ningún organismo del Estado da la cara. No nos informan. Ellos dan información de los Guardias Nacionales heridos nada más".

"Iba a salir el viernes"Yulimar Rojas espera fuera de El Rodeo por novedades sobre su marido, José Trujillo, quien está en el anexo II.

Trujillo lleva dos años y medio preso y ella lo ha visto cada domingo, miércoles y viernes, los días de visita.

El domingo pasado vino a verlo. No pudo. Y ya no se fue.

Lo último que supo de él fue un mensaje de texto que recibió a las cuatro de la tarde del sábado: "Estoy bien".

Rojas sufre por su marido, a quien el juez ya le había dado la libertad luego de que le redujeran su condena por recibir un beneficio por estudiar dentro de la cárcel.

"Iba a salir el viernes. Estaba contando los minutos. Ahora quién sabe cuándo saldrá".
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